17 de febrero de 2019
17.02.2019

Una despedida con enfado en Balaídos

El celtismo protesta con silbidos a los de Cardoso un día en que también se escucharon cánticos contra Mouriño

17.02.2019 | 03:11
Mouriño acude a saludar a Rafael Louzán, tras pasar por delante de Caballero. // Ricardo Grobas

El Celta se jugaba más de tres puntos ante el Levante. No afrontaba una situación tan comprometida como frente al Sevilla, pero el descenso sigue a un mal paso, a un punto. Sin embargo, el celtismo se tomó el partido de ayer con calma, incluso retrasando hasta el límite la entrada a un estadio de sol y sombra. Los 15.400 asistentes se quedaban cortos frente a los más de diecisiete mil que disfrutaron del triunfo frente a los andaluces. Ayer no hubo quedada ni bengalas para recibir el autobús de los futbolistas que compiten en "LaLiga de la VAR Güenza", como recogía una pancarta colgada en el balcón de Marcador.

Llamativo resultó el gran aplauso con el que Balaídos recibió a Iago Aspas cuando el moañés se dirigía hacia el banquillo. También la cariñosa despedida a Morales al ser sustituido. El madrileño fue verdugo (con dos goles), pero se le reconocía su talento. No era irónica la respuesta al delantero rival, como sí lo fue en cambio la reacción del público a la primera tarjeta amarilla al Levante, en el minuto 80 a Doukoure. Esos aplausos significaban hastío, rabia e impotencia contra el colectivo arbitral.

El celtismo no olvida el cabreo por el arbitraje en Getafe y ayer volvió a indignarse con la rigurosa expulsión de Boudebouz y con que Jaime Latre intentase compensar a los locales con un penalti que pareció un excesivo castigo por la disputa del balón entre Rober Pier y Boufal. Hubo mayor fricción en la discusión entre el argelino y Brais Méndez por lanzar la pena máxima que en la jugada que maquillaba un resultado que provocó un cántico unánime durante unos segundos con poca lógica: "Mouriño, dimisión". Quizás se pedía al presidente que prescindiese de Cardoso o que algún ser supremo le apartase de la dirección del club en el que posee mayoría de acciones.

En el palco, el presidente céltico y el alcalde de Vigo escenificaban otra de las imágenes incomprensibles que se repite en cada partido del Celta en Balaídos: Mouriño y Caballero no se dirigen la palabra, ni siquiera realizan el saludo protocolario exigido en cualquier acto institucional. Allí representan al club y a la ciudad. Eso no importa.

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