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¿Cuánto tardan en dispararse los casos de COVID en Galicia tras los festivos?

Terrazas en el paseo marítimo de Bouzas, donde se registraron notables aglomeraciones.

Terrazas en el paseo marítimo de Bouzas, donde se registraron notables aglomeraciones. Alba Villar

¿Se asoma Galicia a la cuarta ola? Es la mayor preocupación de Sanidade ante la Semana Santa. Un análisis de la evolución de los casos activos muestra que las segunda y tercera ola se produjeron en torno a una semana después de un festivo señalado. Repasamos como ha cursado la expansión del COVID-19 desde el pasado mes de octubre hasta esta Semana Santa.

12 de octubre: el festivo previo a la segunda ola

Tras un mes de julio con los contagios en mínimos, el patógeno inició su contraataque en agosto. Fue un asalto largo, en el que fue ganando terreno por fases, con una escalada en los primeros días de septiembre y un gran repunte tras el puente del Pilar.

Aunque se temía que la vuelta a las clases disparase los contagios entre los estudiantes por encima de los niveles de abril, las medidas de seguridad en el regreso a las aulas se mostraron efectivas. Hubo contagios, sí, pero menos de los que esperaban. En el gráfico de los casos activos del pasado mes de septiembre se aprecia una meseta: el mes empezó con unos 4.000 infectados y terminó con menos de 4.500.

La explosión de contagios se produciría en octubre, casi una semana después del puente del Pilar. El Sergas notificaba aquel lunes un total de 4.474 infectados por el patógeno; dos semanas después, el día 26, eran 6.766 (un 51% más). Los efectos de la mayor movilidad y del aumento de los contactos empezó a notarse seis días después del festivo. Del 17 al 18 los casos activos crecieron en más de un centenar, y a partir de ahí la cifra se disparó hasta los 461 el 28 de octubre.

Esta escalada del COVID-19 llevó a Sanidade a limitar las reuniones a 5 personas en toda la comunidad, así como a reducir al 50% los aforos en comercios, restaurantes y otros espacios públicos. Esta medida no contuvo el ascenso imparable del virus, por lo que los primeros días de noviembre la Xunta decretó el cierre de la hostelería en las siete principales ciudades y otros 53 concellos durante un mes.

El pico de la segunda ola en casos activos se alcanzó el 7 de noviembre, con 10.276; mientras que el de ingresados se registró el día 11, con 611. El día 16 las ucis tocarían su techo con 110 enfermos críticos.

Navidad: el caldo de cultivo de la virulenta tercera ola

Estas medidas tan duras lograrían un desplome sostenido de los infectados durante el resto de noviembre. Una contención que se mantendría durante buena parte del siguiente mes, incluso tras el puente de la Constitución y en los primeros días de la Navidad. Con la intención de reactivar la economía y permitir los encuentros familiares, la Xunta permitió los desplazamientos en todo el territorio gallego en las fechas que rodean a Nochebuena (23, 24 y 25) y Fin de Año (30, 31 y 1).

Los efectos de esta mayor movilidad ya se notaron cinco días después de Nochebuena, con un repunte de más de un centenar de casos activos. Este aumento se solapó en el tiempo con la resaca de Nochevieja: del tres al cuatro de enero los infectados subían en casi 200. Este nuevo repunte hizo que Sanidade acotase al día de Reyes la libertad de desplazamientos. El día 7 los casos subían en 413. Se repetía la pauta: en torno a una semana después del festivo, repunte de casos y arranque de una nueva y más virulenta embestida del COVID.

El 24 de diciembre el Sergas notificó 5.655 casos activos; el día 7 de enero ya eran 6.700. A partir de esa fecha los contagios se dispararon, alcanzando cifras jamás vistas: los contagios diarios superaron el millar en varias jornadas e incluso rozaron los dos mil.

Al término de las fiestas, la Xunta impuso una nueva tanda de medidas más estrictas: cierre de la hostelería a las 18 horas y reuniones de solo cuatro personas. Pero no se mostraron suficientes para frenar el empuje del coronavirus, por lo que a finales de enero, el gobierno gallego redoblaba su ofensiva con las restricciones más duras de España: autoconfinamiento y cierre masivo de las actividades no esenciales.

El pico de la tercera ola llegó el 31 de enero, con 22.608 casos activos. Unos días después, el 8 de febrero la pandemia marcaba su techo de ingresados con 1.317; 254 de ellos en estado crítico.

A las puertas de la Semana Santa, Galicia muestra una situación "mesetaria": 2.403 casos activos y con tendencia a la baja, aunque lenta. Los hospitales notifican este viernes 214 pacientes con el virus, de los que 36 se encuentran en estado crítico. Aunque la presión asistencial ha disminuido, lo cierto es que su progresión es lenta y el riesgo de repunte elevado.

El área que encara la Semana Santa con peor evolución es la de Vigo, que en las dos últimas semanas ha afianzado un crecimiento en los casos activos, con especial foco en Baiona, que se encuentra en nivel alto de restricciones tras elevar notablemente su incidencia acumulada.

Para evitar o, al menos, restar fuerza a una cuarta ola que muchos vislumbran en el horizonte, Sanidade mantendrá para Semana Santa las mismas restricciones que en la actualidad: movilidad permitida entre concellos del mismo nivel, la hostelería abierta hasta las 21 horas, toque de queda a las 22 horas, y la comunidad cerrada perimetralmente salvo para reagrupamiento familiar o motivos laborales.

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