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El parón de Stellantis arrastra a todo el auto gallego: 25.000 empleos en suspenso

Imagen de fondo: Aparcamientos vacíos en Balaídos, en el primer día de parón indefinido de la planta de Stellantis por la escasez de chips

Imagen de fondo: Aparcamientos vacíos en Balaídos, en el primer día de parón indefinido de la planta de Stellantis por la escasez de chips Marta G. Brea / FDV

Los sindicatos anticipan una ampliación de los ERTE que están en marcha dada la duración de la crisis de los semiconductores, que la industria alarga hasta el primer semestre de 2022

Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC) es el mayor proveedor mundial de semiconductores, un componente que está presente en la práctica totalidad de los dispositivos electrónicos: ordenadores, móviles, consolas, tablets, vehículos... Los ojos de la economía global están puestos desde hace meses en sus instalaciones, en Hsinchu; en el último año sus acciones –también cotiza en el Nasdaq, además de en la del país asiático– se han doblado. Este viernes, la compañía aseguró estar haciendo un esfuerzo “sin precedentes” para incrementar la producción de estos chips, en hasta un 60%. “Existe una demanda extremadamente alta debido a la aceleración de la transformación digital”, apuntó. Lo cierto es que sus esfuerzos son insuficientes para abastecer al mercado, máxime teniendo en cuenta que el coche eléctrico utiliza el triple de este tipo de dispositivos a bordo que un modelo de combustión. La factoría de Vigo de Stellantis (antes, Grupo PSA) ha tenido que paralizar la actividad, como avanzó este jueves FARO en su edición digital, y no la reanudará hasta, al menos, el 28 de mayo (para el sistema 1; el 2 no retomaría producción hasta el 30, según informó la dirección del centro al comité de empresa). Un parón que arrastra a toda la cadena de proveedoras, que tienen en marcha medidas de ajuste de empleo (expedientes de regulación temporal o ERTE, principalmente) para adaptarse a la demanda. En suma, el impacto roza los 25.000 puestos de trabajo directos en Galicia.

Gestamp ha sido la última proveedora en pactar un ERTE hasta final de año

“Esto, de proveedores directos”, matiza el responsable de Industria de UGT-Vigo, Rubén Pérez, ya que el efecto multiplicador se dejará notar también en la logística. “Todas las que son proveedoras directas paran, y el resto tendrán paradas parciales”, cuya magnitud dependerá del resto de factorías, complementa su homólogo en CC OO-Vigo, Celso Carnero. “En aquellas proveedoras que son multicliente se notará algo menos, pero en las plantas que trabajan en sincro, como las de asientos, será el mismo”, abunda el primero. La dirección de Balaídos se vio obligada a notificar a su red de proveedores que paraba desde el jueves a la noche toda su producción –las dos líneas, que ensamblan más de 2.300 coches al día– “hasta nuevo aviso”. “No podemos dar una fecha”. La pasada semana fue Gestamp Vigo –especializada en piezas de acero o procesos de estampación en frío– la última en pactar un ERTE ante el impacto de la crisis global de microchips. Acordó un expediente de 60 días laborales hasta final de año. De hecho, fuentes sindicales apuntan que este tipo de procedimientos tendrán que ampliarse, “especialmente en las proveedoras que solo firmaron” reducciones o suspensiones de actividad hasta el 30 de junio.

La factoría de Stellantis de Vigo ha estado prácticamente los diez últimos días sin una jornada en la que haya podido trabajar con normalidad en los tres turnos. El director de la planta, Ignacio Bueno, se había reunido con los representantes del comité de empresa el miércoles para trasladar las últimas novedades sobre una crisis que, como reconoció, no mejorará a lo largo de las próximas semanas. ¿Hasta cuándo? Es complicado saberlo. El presidente del gigante IBM, Jim Whitehurst, ha sido de los directivos más pesimistas (de los que se han pronunciado). “Pueden pasar dos años sin que tengamos capacidad suficiente para aliviar esta escasez”. Para el presidente de la patronal francesa de proveedores de automoción FIEV (siglas de Federation of Vehicle Equipment Industries), Claude Cham, la normalidad no llegará hasta el primer trimestre de 2022.

Este escenario de impasse, consecutivo al cerrojazo del año pasado como consecuencia del COVID, se produce después de que el sector de automoción hubiese logrado cerrar 2020 con récord de facturación (10.450 millones de euros) y empleo, con 24.980 trabajadores directos, tras una diversificación más profunda de clientes y mercados.

Aparcamientos vacíos en Balaídos, en el primer día de parón indefinido de la planta de Stellantis por la escasez de chips Marta G. Brea

Un esfuerzo por repatriar la producción de los semiconductores... desde Galicia a Washington

El colapso global por la escasez de semiconductores ha forzado a las administraciones a dar un paso al frente para que este problema de suministro no cause más estragos al COVID. A las negociaciones de Bruselas por conformar una alianza de empresas europeas de chips –con ASML, las también holandesas STM y NXP y la alemana Infineon–, también en Galicia se han dado pasos. Zona Franca ya presentó un proyecto para la primera fábrica del sur de Europa con un laboratorio de investigación asociado, a través de los fondos de recuperación Next Generation, y ayer la Xunta también defendió la oportunidad de las ayudas europeas para forjar una iniciativa de calado.

“Stellantis sabe que intentaremos desarrollar todo lo que necesite. Esperamos que esta crisis se pueda contraer en el tiempo y que la compañía pueda trabajar en cifras de récord”, incidió el vicepresidente segundo y conselleiro de Economía, Francisco Conde. Para el secretario general de la patronal metalúrgica Asime, Enrique Mallón, el caos actual “es la última llamada de atención a todas las administraciones públicas, y también las empresas, para intentar apostar por esa fabricación nacional o europea de determinadas materias primas y componentes”. La cámara legislativa de Estados Unidos ha propuesto también una partida de 25.000 millones de dólares para “fortalecer” la producción nacional de semiconductores. “Hemos visto lo vulnerables que somos”, lamentó esta semana el senador John Cornyn.

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