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Certezas e incógnitas de una preocupante variante viral

Se baraja que el virus dominante en Londres es un 70% más contagioso y que no afectará a las vacunas, pero llevará tiempo comprobarlo

Certezas e incógnitas de una preocupante variante viral

Los virus son “nubes de mutantes”: cambian constantemente, aunque unos más que otros. Desde el principio de esta pandemia, los científicos saben que este nuevo coronavirus SARS-CoV-2 sufre menos cambios, por ejemplo, que los virus del sida y de la hepatitis C, para los que no se han podido conseguir vacunas, o el de la gripe estacional. Aun así, los virus cometen “erratas” al replicarse, y al cabo del tiempo y de miles de copias se van imponiendo por selección natural las variantes con mayor probabilidad de perdurar. Así, la mutación D614G apareció en Italia en febrero; no estaba presente cuando el virus emergió por primera vez en Wuhan, pero hoy está en todas partes y parece asociada a un aumento moderado en la transmisibilidad.

¿A qué viene entonces la alarma por esta variante del virus dominante en Londres y el sureste de Inglaterra? Los científicos creen que puede ser un 70% más contagiosa, aunque no hay datos que indiquen que cause una enfermedad más grave o más mortal. Tampoco se cree que pueda ser resistente a las vacunas actuales, aunque esta y otras cuestiones no tienen todavía una respuesta científica rotunda.

¿Qué tiene de excepcional esta variante?

La variante B.1.1.7 –también llamada VUI-202012-01, donde “VUI” significa “variant under investigation, variante bajo investigación”– acumula 23 mutaciones, 14 cambios de aminoácidos y 3 deleciones; y 17 de esas mutaciones se han dado a la vez, algo inédito: los científicos nunca habían visto que un virus adquiriese más de una docena de mutaciones aparentemente a la vez.

¿Por qué es preocupante?

Además de su rápida propagación, que le permite sustituir a otras versiones del virus existentes, ocho de sus mutaciones afectan a la proteína “S” o espícula, la “llave” que usa el virus para entrar en las células y que le dan su forma de corona solar. Es la parte del virus que se utiliza como diana para las vacunas. Pero hay otros cambios importantes. José Manuel Bautista, bioquímico, biólogo molecular y catedrático de la Universidad Complutense, señala que la variante inglesa del SARS-CoV-2 es preocupante porque tres de sus mutaciones le confieren cambios de funcionalidades: la N501Y es clave en la unión al receptor. La deleción 69-70 evade la respuesta inmunológica en algunos pacientes inmunocomprometidos. Y el P681H es adyacente al corte de la furina, lo que le daría una mayor infectividad.

¿Es seguro que esta variante es más contagiosa?

Casi todos los virólogos y genetistas lo manejan como hipótesis plausible: podría ser un 70% más contagiosa o incluso más, según aseguró el viernes el doctor Erik Volz, del Imperial College de Londres. También se ha dicho que aumenta el número reproductivo básico, el ritmo de contagio, en 0.4. Esto explicaría que la variante detectada en septiembre significase un cuarto de los casos de Londres en noviembre y dos tercios a mediados de diciembre. Sin embargo, Ana Fernández-Sesma, microbióloga en la Escuela de Medicina Icahn del hospital Mount Sinai de Nueva York, apunta que no siempre el aumento de contagios en una zona significa que el virus sea más contagioso. El verano pasado se barajó que una variante surgida en España, llamada B.1.117, era más contagiosa, pero luego se comprobó que los datos eran preliminares y sesgados, y que la prevalencia de dicha variante en Reino Unido se debió a que la acarrearon turistas que visitaron nuestro país. “Todavía no hay datos veraces sobre si esta variante es más transmisible”, advierte Fernández-Sesma. Maria Van Kerkhove, directora científica de la OMS, aseguró ayer que hay un incremento de transmisibilidad, aunque no es seguro si esto se debe a la variante en sí o a “una combinación de factores con el comportamiento”.

¿Afectará a las vacunas?

Es muy probable que no, según los investigadores, menos rotundos que los ministros de Sanidad de España y Alemania –ninguno de ellos científico–, que ya lo han descartado. “Unas pocas mutaciones no deberían afectar a la vacuna, pero hay que comprobarlo”, dice Iñaki Comas, del Instituto de Biomedicina de Valencia (CSIC). Podría ocurrir que el virus cambie hasta el punto de que las vacunas no sean tan eficaces. Comas apunta que, llegado ese caso, habría que modificar las vacunas, algo que se hace con la de la gripe constantemente. “Hay experiencia en actualizar vacunas. Por ejemplo, la de la gripe, y las de ARN mensajero [la de Pfizer-BioNTech y Moderna] son ‘fáciles’ [de modificar]”, señala el científico, que recuerda que “comprobar el efecto de las mutaciones lleva tiempo y no todo se puede responder”. José Manuel Bautista, por su parte, señala que “los anticuerpos neutralizantes de las vacunas no solamente reconocen la zona ‘69-70’, sino también otras regiones de la espícula que lo neutralizarían”. La Agencia Europea del Medicamento (EMA) aseguró ayer que “no hay evidencia de que la vacuna no vaya a servir contra la nueva variante” del virus. Daniel Prieto Alhambra, investigador de la Universidad de Oxford, apunta que harán falta más vacunaciones para alcanzar la inmunidad de rebaño.

  • Mutación

    El término se usa para describir un cambio de un nucleótido en el genoma del ARN del virus, un subconjunto del cual da como resultado un cambio en un aminoácido (a veces denominado sustitución o reemplazo). Una mutación puede referirse a un evento de deleción (eliminación) o inserción en el genoma del virus.

  • Variante viral

    Se refiere a un virus característico, que puede tener una combinación de diferentes mutaciones y aparecer de forma independiente. No es sinónimo de “cepa”.

  • Linaje

    Los linajes se asignan combinando datos genéticos y epidemiológicos.

¿Esta variante causa enfermedad más grave o más mortal?

No hay ningún dato que apunte a ello. “No causa una enfermedad más grave, según la información preliminar, aunque hay estudios sobre pacientes hospitalizados con esta variante para compararlos con otros”, explicó ayer Maria Van Kerkhove, directora científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿Cómo surgió esta variante?

Se cree que ha podido surgir durante la larga infección de un solo paciente, probablemente inmunodeprimido, que permitió al SARS-CoV-2 atravesar un largo periodo de rápida evolución, con múltiples variantes del virus “compitiendo” a la vez.

¿Hay otras variantes preocupantes?

Sí, una hallada en Sudáfrica, la 501Y.V2, es tanto o más preocupante que la inglesa. Comparte con ella la mutación N501Y en la proteína espícula. Los datos preliminares apuntan a una mayor transmisibilidad, mayor carga viral, menor sensibilidad a algunos anticuerpos y posiblemente un curso de la enfermedad más grave en adultos jóvenes, ha destacado el epidemiólogo de Harvard (EE UU) Eric Feigl-Ding.

¿Se está actuando de manera adecuada?

El epidemiólogo Daniel López Acuña señaló ayer que esta nueva variante “requiere un abordaje más contundente por parte de la Unión Europea y de la OMS” que “debe ir más allá de la cancelación de vuelos”. Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, recomienda revisar cómo estas mutaciones pueden afectar a los sistemas de diagnóstico por PCR, y si esta variante se relaciona con un mayor número de reinfecciones. Añade que es muy probable que esta variante ya esté presente en muchos países y que “no debería cundir el pánico: el virus ya es lo suficientemente contagioso y peligroso como para extremar las medidas de precaución”.

  • La imagen más detallada de la proteína “S”

    Esta imagen, obtenida por microscopía electrónica y tratada informáticamente, muestra la estructura de la proteína “S” –spike, espícula–, de un coronavirus que provoca síntomas de resfriado, “pariente” del que provoca el COVID-19. Las partes de colores azul, verde y naranja muestran proteínas, y en amarillo aparecen moléculas de azúcar. Ocho de las 17 mutaciones de la variante “inglesa” son de esta glicoproteína de espícula, la “llave” que usa el coronavirus para entrar en nuestras células. / K. Zhang et al.

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