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Vilariño de Conso, el concello inmune al COVID

Una familia se asoma por la ventana en Vilariño de Conso. | // FERNANDO CASANOVA

El único positivo en COVID-19 vinculado al centro de salud de Vilariño de Conso es una estudiante universitaria que se contagió en Santiago. Dio positivo allí y allí pasó la cuarentena, por lo que, técnicamente, el virus Sars-Cov-2 no ha pisado suelo en este municipio del Macizo Central ourensano. Han pasado catorce meses, tres olas y un repunte tras la Semana Santa y ni un positivo en estas tierras. ¿El secreto? Un poco de suerte, sí, pero sobre todo muchísima responsabilidad. Aldeas confinadas y las visitas familiares reducidas a la mínima expresión. Un blindaje en toda regla.

Una pintada da la bienvenida al concello de Vilariño de Conso. Fernando Casanova

Vilariño de Conso lleva toda la pandemia conteniendo la respiración. Por edad, uno de cada tres vecinos son especialmente vulnerables al COVID-19 por lo que un brote sería una fatalidad, dice la alcaldesa, Melisa Macía. Este municipio, corazón del Parque Natural O Invernadeiro, es de los más grandes en superficie de la provincia de Ourense, pero muy pequeño en población. Según la última actualización del IGE, constan 524 empadronados, de los que 197 superan los 65 años y solo 26 tienen menos de 15. “Si entra el virus, con la población mayor que tenemos, sería una catástrofe”, reitera la regidora.

"Si entra el virus, con la población mayor que tenemos, sería una catástrofe". Melisa Macía, alcaldesa.

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La contención que ha vivido este concello en los últimos catorce meses pronto empezará a relajarse porque, por edad, cuando el Sergas complete la vacunación ya iniciada del grupo de 50 a 59 años, el 65% de la población de Vilariño será resistente al virus y el municipio estará a las puertas de la inmunidad de grupo. Y si todo sigue como hasta ahora, el concello habrá llegado al final de camino sin haber tenido contacto con el virus.

“Lo hemos llevado muy bien y justo la semana pasada salta el caso de una persona que está fuera, que no ha estado aquí, y aunque nosotros seguimos en nuestro oasis, da un poco de rabia”, dice la alcaldesa. Porque en el balance diario que ofrece la Consellería de Sanidade figura que Vilariño de Conso tiene actualmente una incidencia acumulada a 14 días entre 150 y 250 casos por cien mil habitantes. Pero la realidad es otra porque, de puertas adentro, no ha tenido ningún caso de COVID.

¿Cómo lo han conseguido?

La alcaldesa lo tiene claro. Por un lado la responsabilidad que han demostrado todos los vecinos, y por otro, la prudencia extrema de los mayores y sus familias. “La población mayor lo entendió muy bien desde el principio. Les explicamos qué era el coronavirus y qué podía pasar si se contagiaban”, cuenta Melisa Macía. Tras el confinamiento inicial y una vez caído el estado de alarma, las aldeas mantuvieron el aislamiento de forma voluntaria.

"Muchos no salieron en todo el año y lo hicieron por primera vez para vacunarse”

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“En Vilariño hay una gran dispersión poblacional y se lo llevamos todo para que los mayores no se moviesen de allí. Si tenían que acudir al centro de salud, era el personal sanitario el que iba allí, el pan, la fruta... Muchos no salieron en todo el año y lo hicieron por primera vez para vacunarse”, relata la alcaldesa. “Y te lo dicen con entusiasmo ‘¡cuánto tiempo hacía que no salíamos del pueblo!’ Al no moverse es más difícil que entre el virus”, apunta.

Melisa Macía, alcaldesa de Vilariño de Conso. Iñaki Osorio

Los jóvenes también han cumplido su parte y son tan responsables como los mayores de que Vilariño de Conso se mantenga inmune al virus: “Es lo que más temía porque la gente joven está cansada y tienen una edad complicada, pero lo entendieron muy bien y fueron responsables. Aquí los botellones y todo eso que se ve en las noticas es impensable”, destaca la alcaldesa.

Verano, Navidad y Entroido

Vilariño esquivó el virus durante el verano pese a que se ocuparon muchas de las viviendas de segunda residencia, superó la Navidad a costa de que muchas familias optaron por no venir para no poner en riesgo a sus mayores e incluso el Entroido, una fiesta de gran arraigo en la montaña ourensana, dio la espalda la COVID. “Celebramos la Festa do Cabrito a domicilio y la verdad es que yo temblaba porque en el Entroido aflora ese sentimiento y no lo controlas, pero la verdad es que la gente se portó chapó. Tengo que decir que estoy muy orgullosa de todos los vecinos, jóvenes y mayores”, apunta Macía.

Vecinos de Vilariño de Conso. Fernando Casanova

Atención psicosocial

Pero tras este logro que ha evitado que ni un solo vecino contrajese la enfermedad hay catorce meses de aislamiento y soledad en las aldeas. “Desde el Concello trabajamos en esto, pusimos en marcha un servicio psicosocial y la psicóloga los visita de forma periódica, mantuvimos el servicio de acompañamiento que ya tenían, entonces los más mayores no lo notaron tanto”, explica la alcaldesa. También el centro de salud, apunta, “ha hecho hincapié en esto a través del programa Salubrízate, para que no se sientan solos”.

Alumos del CEIP de Vilariño, en una salida este curso. | // FDV

Parte de los menores están escolarizados en el CEIP de Viana do Bolo, el municipio vecino que sí ha tenido momentos de alta incidencia del virus, pero a pesar de que la principal comunicación de Vilariño es con este concello, no hubo transmisión. El cole de Vilariño, con solo cinco alumnos, ya era un grupo burbuja antes de la pandemia, por lo que el protocolo sanitario ha sido de fácil aplicación.

El responsable del centro, Félix Pérez, destaca el cumplimiento estricto de las medidas de protección. “Incidimos sobre todo en la higiene y la desinfección; se lavan las manos más de cinco veces al día”, apunta.

"No solo te sientes garante de la salud de tus alumnos, sino de la de sus familias”. Félix Pérez, responsable del CEIP de Vilariño.

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El docente confiesa que inició el curso “con muchísimo miedo y una sensación de responsabilidad muy grande porque no solo te sientes garante de la salud de tus alumnos, sino de la de sus familias”, afirma. Explica que la propia geografía de Vilariño, enclavado en la montaña, convierte a este municipio en una “burbuja en sí mismo”. La movilidad de su población, por su elevada media de edad, es muy reducida. Aquí la mayor parte de las compras son de proximidad, destaca.

Responsabilidad, prudencia y también suerte. El cóctel perfecto para dejar al COVID-19 a cero.

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