Galicia es la comunidad con la mayor superficie agraria sin explotar: el 35%

Los terrenos desaprovechados rozan las 300.000 hectáreas, según el Gobierno | Falta de relevo generacional, minifundio y pequeño tamaño de las explotaciones son las causas

Un agricultor trabaja en un campo de patatas en una finca de Dozón. / BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Un agricultor trabaja en un campo de patatas en una finca de Dozón. / BERNABÉ/JAVIER LALÍN / Daniel Domínguez

Daniel Domínguez

Daniel Domínguez

Un minifundismo que reparte la tierra gallega entre más de 1,7 millones de propietarios, la dureza de la agricultura y la ganadería, la falta de relevo generacional unida al envejecimiento de los trabajadores del sector primario, el pequeño tamaño de gran parte de este tipo de negocios... Estos problemas “estructurales”, según los expertos, condicionan el futuro del campo en Galicia, una comunidad con casi 300.000 hectáreas de superficie agraria sin aprovechamiento, lo que supone el 35% de los terrenos que identifica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Se trata de la comunidad con mayor porcentaje de suelo agrario desaprovechado, con un porcentaje cinco veces superior a la media estatal del 7,4%, según datos correspondientes a 2020 y que figuran en el diagnóstico de la Estrategia nacional de lucha contra la desertificación, elaborada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

De acuerdo con estas cifras, Galicia presenta 296.095 hectáreas de superficie agraria sin aprovechar, de las que 151.699 corresponden a tierras de cultivo. En este último caso, el porcentaje se eleva al 46,8%. El resto de terrenos se divide entre cultivos permanentes, frutales y viñedos, principalmente.

“El estudio no me parece idóneo académicamente, porque parte de datos relativos a la superficie vinculada a la Política Agraria Común (PAC), lo que no afecta tanto a Galicia, sino a otras comunidades, donde el porcentaje de terrenos sin utilizar es mayor del que figura. Aun así, refleja un problema. Es cierto que hay mucha superficie potencialmente utilizable”, explica Edelmiro López Iglesias, profesor del grupo de Economía Agroalimentaria y Medioambiental, Desarrollo Rural y Economía Social de la Universidad de Santiago y ex alto cargo de Medio Rural en la Xunta bipartita PSdeG-BNG (2005-09).

Más de 1,7 millones de personas se reparten la propiedad del suelo

López participó en la elaboración de un estudio que elevó la superficie agraria desaprovechada a medio millón de hectáreas y apunta como causas de este problema a “la fuera caída de la mano de obra agraria y su envejecimiento”. “A mediados del siglo XX, se dedicaban al campo más de 800.000 personas. Ahora, según la EPA, unas 50.000”, apunta antes de añadir que mucho terreno agrario ya es presa de matorrales debido al abandono y a su mala situación o baja calidad. “El gran problema es conseguir que esos 1,7 millones de propietarios de tierras transfieran terrenos a quien lo necesita para que amplíen la superficie de sus explotaciones. Hasta ahora, no ha funcionado el mercado de venta de tierras ni el alquiler”, lamenta.

65 o más

36.439

48%

TOTAL

Todas las edades

75.451

55 a 64

17.619

23%

45 a 54

12.163

25 a 34

2.444

16%

35 a 44

Menos 25

3%

6.576

209

9%

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Nº de jefes de explotación en Galicia por franja de edad

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Nº de jefes de explotación en Galicia por franja de edad

Una opinión similar aporta Jacobo Feijoo, responsable de Desenvolvemento Rural de Unións Agrarias. “Tenemos un serio problema de relevo generacional y envejecimiento. Por cada gallego que nace, morimos tres y en el campo las cifras son peores. En menos de 10 años se nos va la mitad de agricultores y ganaderos solo por jubilación. Y la tasa de reemplazo es del 10%. Por ejemplo, de las ayudas para incorporación de jóvenes a la PAC en la convocatoria 2021-22, hubo 353 altas, estimándose que en ese período abandonaron sobre 3.500 titulares en activo”, ilustra.

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“Impulsamos las actuaciones necesarias para paliar el minifundismo [...] y revertir el abandono de las tierras productivas”. La Consellería de Medio Rural defiende su estrategia para movilizar terrenos sin usar y combatir la salida del mercado de explotaciones y suelo. En esa línea, enmarca la recuperación de 10.000 hectáreas mediante varias iniciativas contempladas en la Lei de Recuperación da terra agraria, como las aldeas modelo (574 hectáreas en 9.346 parcelas), el plan de pastos (unas 1.200) o las permutas agrarias (400).

El principal instrumento, sin embargo, es el desarrollo de 21 polígonos agroforestales públicos, que permitirán realizar actividad agrícola en más de 8.700 hectáreas con cultivos leñosos y agrícolas y ganadería. Además, Medio Rural ultima la puesta en marcha de las áreas cortalumes, que prevén actividad en estas franjas de discontinuidad.

Por otra parte, también prevé la movilización de 14.000 hectáreas de castaños en 2040.

El éxodo hacia los entornos urbanos también aporta su granito de arena a esta coyuntura. “También está desapareciendo la ganadería informal, de esos señores que 3 o 4 vacas, que contribuían al mantenimiento de los caminos y los desbroces. Era una prevención habitual que ahora no hay y que no solo eleva el peligro de incendios, sino que también hace menos atractivos algunos terrenos”, añade Feijoo, quien destaca que pese a esa situación la producción láctea, por ejemplo, no deja de aumentar gracias a la mayor presencia de la tecnología.

Revertir esta situación se antoja complicado y más a tenor de las previsiones, pues científicos de la Comisión Europea creen que Galicia incrementará un 35% el abandono de tierra agrícola en 2030, pues se trata del territorio con mayor riesgo de desatención por la estructura del sector y su orografía. La propia Estrategia nacional contra la desertificación apunta al noroeste como uno de los territorios con los “peores pronósticos”.

Edelmiro López considera fundamental movilizar la tierra, facilitar que llegue a quien quiere dedicarse al campo con mayores facilidades. Para ello, defiende la apuesta de la Xunta por la Lei de Recuperación da terra agraria de 2021, que incorpora la filosofía del Banco de Terras. “Habría que incorporar penalizaciones para la tierra abandonada”, pide.

Feijoo apoya la idea de buscar fórmulas para “facilitar que la tierra que sale de la producción por jubilación quede dentro del sector mediante compraventa o alquiler”, apunta antes de la necesidad de mayores facilidades para los jóvenes y “dignificar el sector primario”. “No solo da de comer, también protege el medio ambiente y el territorio frente a los incendios”, reivindica.

La investigadora de la Misión Biológica de Galicia, Carmen Martínez, sostiene una variedad de olivo gallego en flor

La investigadora de la Misión Biológica de Galicia, Carmen Martínez, sostiene una variedad de olivo gallego en flor / RAFA VÁZQUEZ

Oportunidades futuras: del pasto para ganado a los olivos

La guerra de Ucrania puso en jaque el suministro de cereal del primer proveedor de España y avivó el debate sobre la soberanía alimentaria, algo que en Galicia resulta capital para la rentabilidad de la ganadería. “Tenemos muchas vacas para la superficie que tienen muchas explotaciones y tienen que comprar fuera gran parte de sus piensos, hace que pierdan mucho dinero”, apunta Edelmiro López.

En los pastos, Unións Agrarias percibe una “gran oportunidad”. “Galicia importa tres millones de toneladas de alimentos para el ganado cada año, de lugares como Brasil o Ucrania. Eso le resta mucha competitividad y eleva la huella de carbono. Deberían movilizarse terrenos para pastos”, apunta Jacobo Feijoo, que calcula se podrían recuperar para cultivos en Galicia 173.000 hectáreas actualmente sin uso, de las que 25.000 ya estarían afectadas por la concentración parcelaria.

Esa resulta la vía ortodoxa, pero existen nuevos horizontes futuros para el campo gallego si, paradójicamente, mira al pasado.

En la Misión Biológica de Galicia del Centro Superior de Investigaciones Científicas, el equipo VIOR dirigido por la bióloga Carmen Martínez estudia la recuperación de cultivos para combatir la despoblación rural y encontrar nuevos filones para su desarrollo. Uno de ellos son los olivos.

“Tiene un potencial enorme”, indica antes de apuntar a que se trata de una “agricultura de calidad” que pretende ofrecer rentabilidad a sus productores.

“En Galicia no hay olivos por el cambio climático, estaban aquí hace siglos, pero se abandonaron por razones políticas y administrativas”, apunta antes de destacar que las variedades autóctonas están “en su paraíso” en lugares como la Ribeira Sacra. Su trabajo consiste en probar las calidades de estas variedades y evitar su desaparición.

Su aceite tiene una “gran calidad”, pero al ser una leñosa ofrece un plazo largo para poder plantarla en cantidad. Aun así, los olivos gallegos ofrecen una novedad salida para el futuro del campo.

Las claves

  • Dos millones de hectáreas

    El Gobierno estima que 2,2 millones de hectáreas en España están sin aprovechar, el 7,4% del total. En Galicia, suman 296.095 y alcanzan el 35,4%.

  • Solo se cubre el 10% de bajas

    Unións Agrarias estima que en una década se jubilarán la mitad de ganaderos y agricultores. La tasa de reemplazo de cada retiro alcanza tan solo el 10%.

  • Un terreno muy repartido

    Galicia cuenta con alrededor de 50.000 trabajadores en el campo, pero tiene 1,7 millones de dueños de terrenos, lo que complica su puesta en valor.