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Crónica Política

La suerte

La suerte

La suerte

A estas alturas, y dicho desde el respeto más absoluto para las partes, la cuestión de si el presidente Feijóo se presentará a una quinta legislatura se parece ya a lo de qué fue primero, si el huevo o la gallina. Los media preguntan y su señoría responde de tal modo que podría ser cualquiera de las dos. Es decir, la misma táctica que cuando surgió la ocasión de trasladarse a la política estatal desde la jefatura del PP, hipótesis que los resultados madrileños del 4-M y las encuestas que marcan un alza notable del PP del señor Casado han enfriado mucho, más aún que su renuncia a moverse de Galicia cuando casi todo el partido se lo planteó.

Es verdad que la experiencia demuestra que en política no todo lo que parece “muerto” lo está, pero también que en el oficio la resurrección es casi un milagro. En todo caso hay, siempre desde una opinión personal, algo que apenas se discute, y es la capacidad de don Alberto Núñez para hacer con éxito lo que se proponga: de hecho, ya lo hizo igualando un récord tan difícil como el del presidente Fraga y pocos dudan de que superarlo no sería una aventura imposible. Aunque sí un empeño más difícil que en las últimas citas –en la primera su victoria sorprendió–, porque su oposición está ahora más visible y con otra imagen.

(Su referente es la nacionalista señora Pontón, que realiza ya una precampaña –es cierto que no por mucho madrugar amanece más temprano, pero quizá también que a quien madruga Dios le ayuda– inteligente recorriendo el país y explicando a su audiencia los planes del BNG, pero sin mucha referencia al soberanismo aunque sin renunciar a sus tesis. Y eso puede auparla porque las encuestas más recientes, que dan al PSOE pérdidas importantes en unas generales si fuesen ahora, beneficiarían al Bloque: en Galicia no les queda a la izquierda disconforme con lo que hace Moncloa otra salida que permanecer en casa o apoyar al BNG).

Ese es probablemente el panorama que contempla el PPdeG –incluso más que el propio presidente– ya a día de hoy, y que no se resolverá dejando pasar el tiempo. Primero, porque cuanto más cerca estén las elecciones autonómicas, más urgente será despejar la incógnita de su presidenciable. Segundo, ya que, si no se hace así, crecerán los nervios y la sensación de orfandad entre sus bases sin el señor Feijóo: es el precio del liderazgo único. Y lo que es peor: crece la impresión de que la duda que el presidente aparenta en sus declaraciones responda a que no encuentra entre los suyos alguien que pueda afrontar el reto de sustituirle y mantener el listón como está.

Hay un plazo relativamente corto en el que podría zanjarse la cuestión a tiempo: el congreso del PPdeG, que algunos fijan para el otoño-invierno; relativamente cerca de las municipales, a las que llegar sin que la ecuación se despeje sería un riesgo difícil de asumir. Cierto que en peores se ha visto don Alberto como para desconfiar de su suerte, pero sin olvidar que el exceso de confianza causa tantas “víctimas” como la falta de fortuna. En todo caso, existe una corriente de opinión que “ve” al actual presidente en una quinta legislatura, y cree en que debería aprovecharla para aumentar desde aquí la influencia que a Galicia corresponde por ser lo que es: una nacionalidad histórica como Cataluña o Euskadi. Resulta una tarea de enorme dificultad, que necesita a un hombre en San Caetano al que le quepa el Estado en la cabeza. Muchos dicen que ya lo tiene: ahora hay que dejarlo claro de una vez.

¿O no...?

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