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De las “andainas” a la lucha contra el cambio climático

El movimiento ecologista organizado en Galicia cumple medio siglo de batallas por conocer, divulgar y proteger el medio ambiente

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Repasamos en imágenes las diversas manifestaciones ecologistas llevadas a cabo en Galicia a lo largo de los años

El 31 de agosto de 1973, 87 días más tarde de la primera celebración del Día Mundial de la Tierra convocada por la ONU y tres años después de que unos veinte millones de estadounidenses salieran a la calle para exigir la creación de una agencia medioambiental en su país, se fundaba en Santiago de Compostela el Grupo Ornitolóxico Galego (GOG) por parte de un grupo de estudiantes de biología de la Universidad de Santiago interesados en conocer, divulgar y proteger la naturaleza. Era el comienzo del ecologismo en Galicia como movimiento organizado, que surgía en los últimos años del tardo franquismo recogiendo el legado de los maestros republicanos que, como Xesús Golmar, reivindicaban “educar a las multitudes en el árbol” y siguiendo algunas luchas como las que se habían dado en oposición al embalse de Castrelo do Miño (año 1966). Ese grupo ornitológico se convirtió en la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN) en 1976, un año después de que se constituyera legalmente en A Coruña la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza (Adega). Ambas entidades, aún en activo, son las pioneras en la defensa del medio ambiente en Galicia. A ellas se le fueron sumando otros colectivos locales que desde 1990 se aglutinan en la Federación Ecoloxista Galega.

Juntos han protagonizado medio siglo de ecologismo en Galicia que se ha materializado en campañas de movilizaciones contra la caza de ballenas, los incendios forestales, los vertidos radiactivos, las mareas negras o la construcción de minicentrales hidroeléctricas y parques eólicos, en iniciativas legislativas populares y en diversas acciones para la divulgación y educación medioambiental.

Carteles de protesta contra la caza de ballenas (1977) y contra la central nuclear de Xove (1980)

Carteles de protesta contra la caza de ballenas (1977) y contra la central nuclear de Xove (1980)

Proyectos tecnócratas

En los tiempos de inicio del ecologismo revoloteaban por Galicia numerosos proyectos que los ministros llamados tecnócratas pretendían para industrializar el noroeste del estado. “Era la Galicia rural pura y dura. Había tercermundismo, energía eléctrica y permisividad con los lodos rojos. La información científica que había era antiquísima o inexistente”, resume Xan Rodríguez Silvar, uno de los fundadores del GOG en 1973 cuando estudiaba el segundo curso de Biología en la Universidad de Santiago y actual delegado de la SGHN en Ferrol, además de miembro del equipo rector del Museo de Historia Natural en la ciudad departamental.

Integrantes del GOG en una de sus expediciones a Os Ancares en 1974. XAN SILVAR

En una sociedad sin conciencia medioambiental, el ecologismo surgió en los círculos académicos, tanto en la mencionada facultad de biología, como en el círculo de profesionales de la abogacía, la economía y la ciencia que en 1974 barajaban la posibilidad de constituir Adega como asociación cultural -lo que la ley franquista permitía en ese momento- con una orientación de defensa de la cultura y el idioma gallega coincidente con el nacionalismo cultural y político, tal y como señala Manuel Soto, catedrático de ingeniería química en la Universidad de A Coruña, presidente de Adega entre 1996 y 2003 y actual vocal de energía de esa entidad ecologista.

Marcha contra la central nuclear de Xove en 1979.

Marcha contra la central nuclear de Xove en 1979. ARCHIVO FARO

En cuanto a problemas medioambientales existentes en la época, a la contaminación provocada por la Celulosa de la ría de Pontevedra se le sumaban otras amenazas como los proyectos para construir media docena de fábricas “papeleras” en Padrón, Ponteceso, O Barco, Negreira, Muxía y Fazouro-Mondoñedo - “todas se paralizaron”, apunta Silvar-, el de crear un superpuerto en Arousa, la apertura de la fábrica de Alúmina Aluminio en San Cibrao, “que consumía la energía equivalente a uno de los cuatro grandes grupos que emanaban carbón en la central térmica de As Pontes”, según señala Silvar, o el de las explotaciones mineras de las Encrobas, en Cerceda.

Con el logotipo de un sol en un círculo y el lema “¿Nucleares? Non, gracias”, en el año 1978 la movilización ecologista y social logró paralizar el proyecto para la creación de una central de energía nuclear en Xove.

Estudio y divulgación

Eran también los años de comienzo de la ciencia autodidacta. “Nos tirábamos al monte a buscar información de aves, anfibios, mamíferos y reptiles. En cuanto nos enterábamos de que se convocaba una batida de lobos, íbamos a hablar con los cazadores para que nos dieran en recipientes de formol los cuerpos de las piezas que cazaban para poder estudiar”, recuerda el biólogo Xan Silvar. Al primer viaje que hicieron los pioneros estudiantes de biología y algún periodista al Caurel en 1973, en un autobús urbano de Santiago que habían alquilado, le siguieron otros desplazamientos para hacer censos de la fauna.

Los ecologistas en una batida de lobos en 1975; a la dcha, un cazador.

Los ecologistas en una batida de lobos en 1975; a la dcha, un cazador. A. BERMEJO/ SILVAR

De aquellas “andainas” que los integrantes de la SGHN hicieron, en un principio para investigar y más tarde para divulgar, nacieron los primeros censos de aves acuáticas de Galicia, que llevan 50 años publicándose y sirvieron para la declaración de importancia internacional de los cinco humedales gallegos entre 1989 y 1994, los atlas de los vertebrados de Galicia (1985-1995) y de los anfibios y reptiles (2005-2011) o el programa europeo para la conservación del arao (1991).

El nacimiento de revistas científicas de corte naturalista y ecologista como Braña, de la SGHN (que ahora se edita en digital) o Cerne, de Adega, supuso el comienzo de las tareas de divulgación. Cursos, caminatas, publicaciones de rutas e itinerarios sirvieron de herramientas para concienciar a la sociedad en temas medioambientales. Como también lo es el Museo de Historia Natural de Ferrol, abierto en 1991, que cuenta con más de ocho mil visitas anuales y dispone entre sus piezas expositivas del esqueleto de una ballena de 18 metros y de una colección de tres mil conchas de Filipinas donadas por la familia del marino científico y cartógrafo del siglo XIX Montero Gay.

Caza de Ballenas

Movilización de apoyo al “Raimbow Warrior” de Greenpeace en Ferrol en 1980. SGHN

“Simultaneábamos el activismo con la investigación; por una parte llenábamos libretas de campo y por otra contabilizábamos las ballenas que cogía Massó o hacíamos campañas contra el uso de escopetas de aire comprimido”, relata Silvar. Precisamente los datos que recabaron sobre la captura de cetáceos en Galicia fueron empleados en la lucha internacional contra la caza de ballenas que la SGHN comenzó en 1977, antes de que apareciera Greenpeace con su embarcación “Rainbow Warrior”, y culminó con la moratoria de la captura de este mamífero marino en 1982 y la postura pública de España en contra de la explotación de esa especie. De esos años quedan imágenes de manifestaciones en A Coruña y Ferrol, con ecologistas conduciendo landrovers y Seat 127 sobre los que portaban una ballena de tela rellena de globos, y también de movilizaciones en Inglaterra, a donde los activistas se desplazaron para apoyar a sus colegas con motivo de una reunión celebrada en Bristol el 7 de julio de 1983 y que se saldó con ecologistas gallegos detenidos.

Vertidos radiactivos

Expedición del pesquero “Xurelo” a la Fosa Atlántica en 1981. XOSÉ CASTRO

También a principios de los 80 se producen las protestas contra los vertidos de residuos radiactivos en la Fosa Atlántica, en el punto de continente más próximo a Galicia. “La sociedad gallega se movilizó en conjunto por una cuestión medioambiental, de forma comparable, sino superior, a la que se produjo más tarde con la catástrofe del Prestige”, comenta Manuel Soto, integrante de Adega. A las expediciones ecologistas a la zona de los vertidos protagonizadas por el pesquero “Xurelo” en 1981, al que se le unieron el “Pleamar” y el “Arousa”, en 1982 y 1983, le sucedieron manifestaciones en municipios y viajes de activistas a Holanda e Inglaterra en los que se consiguió la solidaridad de los sindicatos, además de alguna detención según apunta Manuel Soto. En 1983 se consigue la moratoria internacional, pero todavía quedan 142.000 toneladas de vertidos en la fosa.

Incendios forestales

Repulsa por incendios forestales en Pontevedra en 2017 Gustavo Santos

La lucha contra los incendios forestales ha protagonizado desde principios de los 80 hasta la actualidad gran parte de las luchas ecologistas en Galicia. Uno de los grandes logros en este ámbito fue la primera iniciativa legislativa popular que llegó al Parlamento de Galicia en 1989 para la mejora y conservación del patrimonio forestal gallego. Desde 1995 se produce en el territorio gallego un incendio por cada 2 km2, según datos de la SGHN, frente a la tasa de uno por cada 25 km2 de la media española. Además de los fuegos “mediáticos” -los de la franja litoral y los cercanos a núcleos de población- , los ecologistas señalan como “ignorados” los que se producen en sierras y las quemas agrícolas o las supuestamente controladas.

Residuos

Protesta en O Irixo en 2012 contra una incineradora Brais Lorenzo

Desde mediados de los años 80 se le prestó especial atención al tema del tratamiento de los residuos, que se tradujo en la oposición a la construcción de una nueva planta incineradora para el sur de Galicia y la apuesta por proyectos alternativos de reciclaje, reutilización y reducción de residuos. “Se consiguió reducir a la mitad la capacidad incineradora de Sogama pero no evitar la incineración”, comenta Manuel Soto, quien comenta como alternativa de éxito la que se lleva a cabo en el Barbanza y el programa de Adega sobre compostaje doméstico y comunitario puesto en marcha en 2002 que sirvió de experiencia previa al Plan Revitaliza que la Deputación de Pontevedra lleva a cabo en la actualidad en numerosos municipios de la provincia.

Ríos y mareas negras

La paralización de los proyectos de minicentrales eléctricas en los cauces del Ulla y otros ríos a finales de los 90 y principios del siglo actual, que desembocó en una iniciativa legislativa popular en 2004 aprobada en 2006 como Lei de Protección dos Ríos, cuenta entre los logros de las luchas ecologistas. “Se consiguió parar centenares de proyectos de minicentrales que se estaban tramitando y aprobando por la administración”, comenta Soto.

Manifestación en Vigo como repulsa a la catástrofe provocada por el petrolero Prestige en las costas gallegas en 2002. ARCHIVO FARO

Ya en este siglo, la catástrofe del petrolero “Prestige” en 2002, posterior a otras como las del Polycommander, Casón, Mar Egeo, sirvió para movilizar a toda la sociedad en contra del tráfico de mercancías peligrosas por mar y sirvió de referente de repulsa a nivel internacional. De ese accidente y la marea negra que provocó nació el lema que dio nombre a una plataforma social: “Nunca máis”. Sin embargo, Soto considera que no podemos asegurar que no volverá a suceder algo semejante y aclara “que el 80% del petróleo que llega al mar procede de otras fuentes que no son accidentes de barcos”.

Cambio climático

La lucha contra el cambio climático es la principal preocupación actual de los ecologistas. “Es una moneda de dos caras, ya que por un lado estamos de acuerdo en reducir las emisiones de CO2 ligadas al uso de energía, pero la alternativa de las renovables, en el caso de Galicia a los parques eólicos, tiene un impacto enorme sobre el territorio y la biodiversidad”, explica Soto, quien aboga por un cambio de modelo de consumo -localización frente a globalización-, reorganización global del transporte de mercancías y pasajeros, desplazamientos en las ciudades y eficiencia energética de edificaciones, entre otras cuestiones.

Manifestación en Santiago con motivo del último día del medio ambiente en junio de 2021. Xoán Álvarez

“En los inicios del ecologismo, el componente reivindicativo era más fuerte que el pedagógico; ahora hay uno adicional, el de la gestión, la participación en proyectos que surgen -como fue el tema del compostaje o la erradicación de especies invasoras como el eucalipto- que necesitan que alguien de un primer paso demostrativo para luego trasladarlo a otros agentes económicos y sociales. Ese papel demostrativo tiene ahora mayor peso y es necesario para avanzar en el tema del consumo y producción ecológica”, comenta Soto.

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