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Una vuelta a Galicia a través de sus puentes

Estas construcciones funcionales forman parte del patrimonio cultural y paisajístico del territorio y hablan de su historia. Proponemos una ruta por una quincena de ellos seleccionados en colaboración con Rafael Astor y Carlos Nárdiz, autores de “La vuelta a Galicia en 40 puentes y medio”

El puente de Rande forma parte del paisaje de la Ría de Vigo

El puente de Rande forma parte del paisaje de la Ría de Vigo Marta G. Brea

Galicia lleva los puentes en su ADN. Estas construcciones funcionales forman parte del paisaje de ríos, rías, localidades y montes, hablando de la historia del territorio en el que se integran. Desde los romanos y medievales de piedra en los que los maestros canteros dejaron la huella de su mano artesana hasta los más modernos atirantados pasando por los viaductos metálicos de distintas alturas que salvan valles, los puentes conforman un patrimonio presente en los topónimos de nueve municipios y 900 lugares gallegos.

“No son solo obras de fábrica sino también elementos del patrimonio cultural, etnográfico y arquitectónico; caracterizan paisajes y son referentes de lugares. No podíamos concebir la ría de Vigo sin Rande ni el Ulla sin el viaducto del ferrocarril de los años 40 o del actual para la alta velocidad”, comenta Carlos Nárdiz, ingeniero de caminos y coautor del libro “La vuelta a Galicia a través de 40 puentes y medio”, reeditado el pasado diciembre por el Colegio de Ingenieros de Caminos de Galicia con el patrocinio de Audasa y el objetivo de distribuir 3.000 ejemplares en colegios e institutos gallegos.

Desde los romanos medievales de piedra hasta los modernos de hormigón pasando por los metálicos y viaductos, forman parte del ADN gallego

“Pretendíamos que el conductor pusiese el freno a su coche y se detuviese a admirar los puentes, a bajarse y mojarse en los ríos, llevando a sus hijos, pareja o familia”, recuerda el coautor del libro y también ingeniero de caminos ya retirado Rafael Astor, quien confiesa que “de joven tenía miedo a ser ingeniero de caminos porque se hacían muchas heridas en el paisaje, pero a veces se mejora la naturaleza, se le hace cirugía estética. Recuerdo cuando llevé a un catedrático de Santander a ver el de Bibei y me dijo que era un arco del triunfo; y Rande no es menos hermoso”.

El puente romano sobre el río Bibei, entre Pobra de Trives y Quiroga, destaca por su magnitud y la perfección de su construcción.

“En el libro seleccionamos los 41 más singulares, incluyendo como más moderno el de Rande"

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Editado por primera vez en 1988, el libro de estos dos ingenieros se divide en tres partes. La primera es un cómic con dibujos de Francisco Jaraba protagonizado por un monje medieval que emprende un viaje en el tiempo a Galicia atraído por la singularidad de sus puentes. La segunda parte es una serie de fichas y fotos de cada una de las construcciones (“Le llamamos “La vuelta a Galicia en 40 puentes y medio” porque en ese momento el de O Burgo se hallaba cortado a la mitad”, dicen sus autores), mientras que la tercera parte es un glosario de términos relacionados con la ingeniería de puentes. Como novedad, en la reedición del libro se ha incluido un código QR en el que se sitúan las coordenadas de cada uno de los 41 puentes y permite acceder a sus fichas.

En Galicia hay más de doscientos puentes. “En el libro seleccionamos los 41 más singulares, incluyendo como más moderno el de Rande. En la reedición no modificamos nada para preservar el cómic original, aunque desde 1988 se hicieron más puentes y se restauraron bastantes de los que incluimos en la obra”, comentan Astor y Nárdiz.

El de A Toxa, diseñado en 1909 es el primero de hormigón armado construido en Galicia.

Siguiendo el orden del viaje de Fray Capucho en el cómic, que entra en Galicia por Pedafrita realizando una de ruta circular para salir prácticamente por el mismo lugar, nos detenemos en este reportaje en una quincena de puentes de diferentes épocas, tipología y características.

Tras entrar en Galicia por Becerreá y ver Ponte Gatín, coronado por un miliario y rodeado por una leyenda que le otorga su construcción al mismo demonio, nos detenemos en el siguiente puente sobre el río Navia, que da nombre a la localidad lucense en que se ubica, Navia de Suarna, de un solo arco ojival de un 21 metros de luz y 13 metros de altura. Asombra por su fuerte pendiente, de un 16% de desnivel que se curva en los extremos y da origen al llamado “lomo de burro”. A pocos metros de esta construcción, datada en el siglo XIV pero con una bóveda anterior, del siglo XII, se encuentra un castillo.

El de Navia de Suarna destaca por sus pronunciadas pendientes

Ya en el Miño y después de pasar Ponte Carracedo, sobre el Neira, y Portomarín, nos encontramos con el puente romano de Lugo, que formaba parte de la vía XIX que unía la ciudad con Bracara Augusta. Construido en sillería y esquisto, al que recientemente se le añadieron unas vigas metálicas, su estética original quedó desnaturalizada por las numerosas modificaciones, si bien conserva parte de su forma original. Sus dimensiones son de 104 metros de longitud y 4 metros de anchura.

El puente romano de Lugo sufrió sucesivas transformaciones.

El periplo del simpático fraile sigue por el viaducto de A Chanca y el puente de A Misericordia en Viveiro hasta llegar al de O Barqueiro, construido a principios del siglo XX para unir las provincias de A Coruña y Lugo (los municipios de Miñón y Vicedo) sobre el río Sor. Formado por tes trechos de hierro forjado, esta construcción dejó sin trabajo al barquero que hasta 1901 cruzaba a los pasajeros a ambas márgenes del río. Declarado Bien de Interés Cultural, se encuentra enclavado entre dos viaductos más modernos: el de la carretera de Ferrol a Vicedo y el de la línea de ferrocarril a Oviedo.

El de O Barqueiro une desde 1901 las provincias de Lugo y Coruña por Vicedo y Mañón.

Al sur de Pontedeume y siguiendo el viejo camino de entrada a la ciudad de A Coruña desde Betanzos, el puente medieval de O Burgo, sobre la ría del mismo nombre, entre los municipios de Culleredo y Cambre, fue reconstruido en 1992 y recuperado para uso peatonal. Cuenta con once arcos de medio punto con duelas de cantería, algunos de ellos del puente original.

Vista del puente medieval de O Burgo, entre Cambre y Culleredo V. Echave

Sobre el río Rosende, entre los municipios de Carballo y Coristanco, el puente de Lubián es uno de los más estrechos de Galicia. Aunque actualmente está alejado de la carretera actual que une A Coruña y Fisterra, esta construcción de piedra fue parte fundamental del Camino Real. Su solidez se vio amenazada por el derrumbamiento de una de sus bóvedas, que luego se reconstruyó.

El de Lubián, entre Coristanco y Carballo, es uno de los más esrechos.

Tras pasar el puente medieval Brandomil que salva el río Xallas y admirar el hermoso paisaje que lo rodea, nos encontramos en el mismo Camino de Santiago a Fisterra con el Ponte Maceira, entre los municipios de Negreira y Ames, sobre el Tambre. De origen medieval y remodelado por Carlos Nárdiz, su entorno, también reordenado, ocupado por un molino, una presa, una iglesia, un pazo y una aldea, le ha llevado a ser calificado como uno de los 100 pueblos más bonitos de España.

La ruta en la provincia coruñesa continúa por Outes y Noia con los puentes Nafonso y Traba, y entra en la de Pontevedra con Ponteledesma. Ya sobre el río Ulla, destaca Pontevea, que une las provincias de Coruña y Pontevedra en los municipios de Teo y A Estrada, una construcción medieval con seis arcos con bóvedas ojivales considerados de transición del románico al gótico. Testigo del enfrentamiento con las tropas napoleónicas y víctima de subidas de la presión de las aguas, se ha merecido estar en el escudo de A Estrada y ser Bien de Interés Cultural.

El medieval Pontevea cruza el Ulla entre a Estrada y Teo

Después de Bermaña en Caldas de Reis, llegamos al puente de A Toxa en O Grove, el primero construido a base de hormigón armado en Galicia. Diseñado en 1909, se encuentra en una zona de primer orden desde el punto de vista turístico y es la vía de entrada a la popular isla termal.

Entre Pontevedra y Soutomaior, Ponte Sampaio lleva su nombre ligado a la batalla que se libró con los franceses en la defensa de Vigo. Hoy sirve para la pacífica pesca de caña, ya que muy cerca está la variante que permite el paso de vehículos. Aguas arriba del río Verdugo se erige Ponte Comboa, relacionado con el castillo de Soutomaior.

Al sur, nos detenemos en Redondela, “un pueblo con techo hacia que todo el mundo mira”, según comenta Rafael Astor, para admirar el Viaducto Madrid, una hermosa construcción metálica de celosía, y su vecino hermano, el que lleva la línea de ferrocarril entre Vigo y Pontevedra.

El puente de Rande forma parte del paisaje de la Ría de Vigo Ricardo Grobas

Saliendo a la ría viguesa de nuevo y completando su paisaje se yergue el puente de Rande sobre el estrecho del mismo nombre. A sus lados, bateas para el cultivo del mejillón; y a sus pies, hundidos, galeones tal vez repletos de tesoros. “Sin duda, es un buen enclave para un puente”, dicen los autores del libro en el cómic. “Si tengo que escoger uno ente todos, me quedo con el de Rande”, comenta Astor, quien recuerda cómo durante un congreso internacional en el que estaba ofreciendo una charla a los asistentes desde la isla de San Simón se quedó sin voz al contemplar el puente de Rande en una bella puesta de sol sobre la ría. “Aunque no lo hemos puesto en el libro, tengo que mencionar el puente que une las islas de San Antonio y San Simón, donde estuvo preso mi abuelo, un cantero detenido por ser republicano. Me enternece pasar por él y recordar toda su historia”, añade Astor.

Vista del viejo puente internacional de Tui, que une Galicia y Portugal sobre el Miño

Al sur de la ría, entre los municipios de Nigrán y Baiona, resulta obligada la contemplación del hermoso puente de A Ramallosa, sobre el río Miñor. Volviendo al Miño, un río que más que separar une, nos encontramos con el viejo puente internacional de Tui, que comunica este villa gallega con la portuguesa de Valença. Construido entre 1883 y 1886, es un destacado ejemplo de los puentes metálicos.

Adentrándonos en el interior de la provincia de Pontevedra, la ruta continúa por la Ponte Vella dos Remedios, en Ponteareas, y Ponte Cernadela, sobre el río Tea en Mondariz, muy recomendable para visitar. Ya en Ourense, nos recibe el puente San Clodio, en Leiro, antes de llegar a al puente romano de Ourense, el mayor puente histórico de Galicia (su vano central mide 38 metros). Por él han pasado sucesivamente la vía romana de Brácara a Lucus Augusti y las nacionales 120 y 550. Su perfil alomado y sus bóvedas apuntadas semejan alejarse e imponerse sobre el río. A su lado, la Ponte Nova, una de las construcciones posteriores cuyo cometido es atravesar el río en la ciudad de Ourense.

El romano de Ourense es el mayor puente histórico de Galicia I. Osorio

Los puentes de O Freixo, Vilanova y Baños de Molgas, sobre el Arnoia, Pedriña, que cruza el Limia, y Navea, en Trives, dan paso al Bibei, el puente romano más importante de Galicia. Hay que bajar al fondo del río del mismo nombre para sentir la impresión que produce su magnitud y la perfección de una construcción erigida para la eternidad de los siglos.

Cigarrosa y Ponte Nova de Sobradelo, sobre el Sil, Pontóriga, en Carballeda de Valdeorras, el puente de Sarria, y el del Cruzul, hecho en época de Isabel II e impresionante tanto por su dimensión, color y encaje en el paisaje de la montaña luguesa, completan el periplo de “La vuelta a Galicia en 40 puentes y medio”.

El de Bibei se considera el puente romano más importante de Galicia. Sorprende por su magnitud y la perfección de su construcción, erigida para la perpetuidad de los siglos

Buscando el amparo de la administración publica

La figura de Bien de Interés Cultural permite la conservación de muchos puentes, algunos en estado de abandono

Cuando Carlos Nárdiz y Rafael Astor escribieron su libro sobre los puentes de Galicia en 1988 buscaban llamar la atención de las administraciones públicas sobre la necesidad de preservar el patrimonio que constituyen los puentes, algunos de ellos en estado de abandono. Treinta y tres años después, los autores consideran que si bien ha aumentado la sensibilidad hacia el mantenimiento de estas estructuras, “el número de puentes declarados Bien de Interés Cultural aún es insuficiente, incluyendo algunos presentes en el libro, si bien se han hecho esfuerzos recientes como los caos de Pontemaceira y Pontevea”, comenta Nárdiz.

Este ingeniero de caminos y profesor de urbanismo, ordenación del territorio y paisaje en la Escuela de Ingeniera de Caminos, Canales y Puertos de A Coruña destaca las intervenciones de restauración que se han ejecutado en las tres últimas décadas “no solo en puentes de piedra, sino también en los metálicos, como Redondela, Tui o O Barqueiro, y los de hormigón”. Él mismo ha proyectado puentes y restaurado otros, como O Freixo, Brandomil, Maceiras y el viaducto Madrid de Redondela.

Rafael Astor, quien se especializó en paisajismo y ejecutó una docena de parques como ingeniero municipal de Oleiros, pone como ejemplos dos en estado ruinoso en Betanzos: el cercano al lavadero de As Cascas, de la época de Carlos III, y otro a medio kilometro arriba en el río Mendo, de origen medieval, cubierto de maleza y con algún sillar suelto.

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