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Una joya que cumple 60 años

El local que abrió Luis Antonio González Mato en 1961 para por ser uno de los más veteranos del casco urbano y se considera una referencia en el sector a nivel comarcal

Luis González Sobrado posa junto a un cuadro que recuerda la apertura. A la izquierda, en su primera ubicación en Loriga. | // FOTO:BERNABÉ/JAVIER LALÍN/CEDIDA

El 18 de noviembre de 1961, en plena recuperación económica de la Guerra Civil y la postguerra, Luis Antonio González Mato abría una relojería, primero en la rúa Cacharela y después en la calle Loriga. Hoy, 60 años después, su hijo Luis está al frente de un negocio que pasa por ser uno de los de más longevos de la capital dezana, así como una tienda de referencia en toda la comarca.

Antiguo local, también en la calle Loriga.

Luis González recuerda que su padre nada tenía que ver con el mundo de la joyería. Fue un emprendedor, puesto que pasado el tiempo también puso en marcha, ya en la década de los años 80, una ganadería selecta, en su Leira Grande de Gonsobrado, en Goiás. Tiempo después vendría la carnicería Gosotega-Deza (en 1997) para dar salida a esa producción de unos 80 terneros.

Pero volvamos a la joyería. Su hijo Luis recuerda que comenzó a funcionar, como decíamos, en la Avenida de Bos Aires, “donde estaría poco tiempo, unos ocho meses”, explica. Después se trasladaría a la calle Joaquín Loriga, que ya comenzaba a perfilarse como vertebradora de la actividad comercial del casco urbano de Lalín. En esta calle, cuando inició actividad la relojería, ya estaban en marcha otros locales como la tienda de tejidos de Manuel García, la chocolatería de Manuel González o cueros Balado. Había, también, el despacho de un procurador. Con el tiempo, este primer local en el número 27 pasaría a estar ocupado por negocios muy distintos, como el de la lencería y corsetería Ninfas.

En este primer local comenzaría funcionando como Relojería Mato. Con el tiempo, el local (y también el toldo) incorporó otros productos, como joyas y platería. Del mismo modo, la tienda pasó a nombrarse ‘Joyería, platería, relojería Luis A. González Mato’. Su hijo Luis recuerda que “era un local cuadrado, y nos mudamos porque estábamos de alquiler. Explica que en esos primeros años de recuperación económica, no tenían tanto tirón las joyas. Lógico si pensamos en que, tras las dos contiendas bélicas, los clientes preferían invertir primero en otras cuestiones “como unos buenos muebles para la casa, una cristalería o una vajilla”. No en vano, quién de nosotros no recuerda aquella vajilla en casa que ni siquiera llegó a desembalarse por aquello de que solo podía emplearse en una ocasión especial. Con el paso del tiempo y las mejorías económicas, “ahora el consumo está más diversificado, y las joyas se entiende como un complemento”. Luis apunta que sí se mantiene la demanda de jotas para regalar en ocasiones como bautizos, bodas o aniversarios. Los relojes han variado más, con la llegada del reloj inteligente.

Luis Antonio González falleció en febrero del año pasado. Vio el esplendor de su negocio y cómo, también, padeció éste numerosos atracos entre 2010 y 2012. No dudó a la hora de reclamar más seguridad ciudadana.

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