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La carísima factura de Emre Mor: 3.200 euros por minuto jugado

Emre Mor, en un amistoso de pretemporada en el Carlos Tartiere

Emre Mor, en un amistoso de pretemporada en el Carlos Tartiere LOF

Si hay un nombre que saca los peores demonios de cualquier aficionado celeste consagrado, ese es el de Emre Mor. El que ha sido el segundo fichaje más caro de la historia del Celta ha convertido su estancia en Vigo en un calvario para sus entrenadores, los directivos y los aficionados. Pocos futbolistas han conseguido agotar y recuperar su crédito en más ocasiones. La gota que ha vuelto a colmar un vaso al que hace ya tiempo que no le cabe más agua fue la noticia de que el internacional turco haya tenido que pasar por el quirófano para operarse de su pubalgia. Una lesión por la que solicitó el permiso del club para tratarse en Dubai durante cuatro semanas y que no han resultado. Los servicios médicos del Celta han operado este jueves con éxito al atacante que estará entre cuatro y cinco semanas se baja. Si se cumplen los pronósticos más optimistas, Emre Mor podría estar disponible para disputar las dos últimas jornadas de una temporada en la que solo ha disputado 623 minutos durante los 13 partidos en los que se ha vestido de corto.

Este curso parecía que iba a suponer la redención de un jugador que nunca ha conseguido ganarse la confianza de todos los técnicos que ha tenido desde su fichaje. Tras una buena pretemporada, Óscar García decidió darle un papel protagonista en los primeros partidos de LaLiga. Jugó las cuatro primeras jornadas como titular y las cuatro siguientes como suplente. Poco a poco su presencia en el equipo se fue diluyendo hasta que en la jornada 9 cayó lesionado. Se perdió cinco partidos y también su sitio en el equipo, porque ya no volvería a tener el mismo papel que al principio. Para colmo de males, recayó de sus problemas en el pubis que le han llevado hasta la situación actual.

ENCUESTA | ¿Por qué Emre Mor ha fracasado en el Celta?

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Emre Mor, que llegó a Vigo en 2017 a cambio de 13 millones de euros (9 fijos más 4 en objetivos no cumplidos), tiene uno de los sueldos más altos de la plantilla. Un estatus salarial que no se corresponde con su rendimiento sobre el terreno de juego. El turco-danés cobra alrededor de 1,3 millones netos al año, lo que supone al Celta un coste bruto aproximado de 2 millones. Así que con una simple cuenta matemática se puede calcular que cada minuto que ha disputado este curso Emre Mor le ha costado al club 3.210 euros, de los cuales 2.086 han ido a parar a la cuenta bancaria del internacional otomano. Un dispendio más que notorio para las cuentas de una entidad que asegura hacer malabarismos para cuadrar los límites salariales. Emre Mor ha tenido 11 participaciones en LaLiga y 2 en Copa esta temporada. Trece partidos a razón de 100.000 euros cada uno (153.000 brutos).

¿El peor fichaje de la historia del Celta?

Desde los despachos de la entidad viguesa se han orquestado muchos aciertos en materia de traspasos, pero también muchos fiascos. Emre Mor es uno de ellos. Quizá no el peor en lo deportivo, pero sí el menos rentable. El Celta pagó al Borussia Dortmund 9 millones por una joven promesa a la que hizo contrato por cinco temporadas. En los cuatro años que lleva en Vigo ha jugado 52 partidos, muchos de ellos como suplente, y ha acumulado 2.031 minutos. Sus problemas de adaptación, de indisciplina y de lesiones le han impedido ser lo que la directiva se esperaba de él.

Su llegada a Vigo causó furor en la afición celeste y parece que alivio en la directiva del Dortmund, ya que Emre Mor había dejado de contar en los planes de Thomas Tuchel por un desencuentro entre ambos. Al Celta no le importaron esos antecedentes y decidieron por apostar por el potencial futbolístico de un jugador llamado a marcar la diferencia. Pero lo que finalmente marcó esas diferencias fue su carácter problemático. Agotó la paciencia de todos los técnicos que tuvo en sus dos primeros años en Vigo: Juan Carlos Unzué, Antonio Mohamed y Miguel Cardoso. Unzué, con el que más jugó, le perdonó en dos ocasiones tras mostrar faltas de compromiso e indisciplina: "El fútbol profesional no concede dos oportunidades", le advirtió el técnico. En su temporada de debut aportó un gol, tres asistencias e innumerables quebraderos de cabeza a Unzué, que terminó destituido.

Luego vinieron Mohamed, Cardoso y Escribá, tres técnicos antagónicos en su estilo pero con los que Emre siguió la misma ruta que siempre iba de la redención a la condena. En esa 2018-2019 Emre Mor comenzó dispuesto a cambiar las cosas. Más centrado en el fútbol y menos en los videojuegos -que le reprochaban algunos-. Se mudó cerca de Iago Aspas y empezó con fuerza, pero Antonio Mohamed se lo quitó de en medio tras la quinta jornada. Cardoso también quiso recuperarlo para la causa, pero tras una titularidad y minutos sueltos en dos partidos volvió a excluirlo de sus planes. Escribá no llegó a poder contar con él por un esguince de tobillo.

Tan malo fue su rendimiento durante los dos primeros que al tercero se le buscó una salida en forma de cesión al Galatasaray. La directiva del Celta creyó que Fatih Terim, el técnico que le llevó a la selección turca, podría reencauzar al díscolo Emre Mor. Tampoco fue así. Empezó siendo importante, hasta titular en los encuentros de Champions, pero a mitad de campaña el club turco deshizo el acuerdo. El atacante finalizó la 2019-2021 con otra cesión en el Olympiakos que ningún aficionado griego recordará.

Por fin, parecía que Emre Mor se había reformado tras su andadura por ligas más exóticas. El pasado verano se presentó en A Madroa dispuesto a ganarse un puesto. Algo había hecho 'clic' en su cerebro gracias a la ayuda de un entrenador personal que le había ayudado tanto física como psicológicamente. Durante la pretemporada parecía otro. Volaba sobre el césped. En un año con poco movimiento en los despachos por culpa de la crisis económica provocada por el COVID había hasta quien se esperanzaba con él: "Emre Mor es el fichaje". Era su última oportunidad y lo sabía. Pero su explosión se quedó, otra vez, en un chispazo. Óscar García, igual que sus antecesores, fue perdiendo la fe en él hasta que en noviembre vinieron las lesiones, su viaje a Dubai y hoy el paso por el quirófano. Otra temporada para el olvido. Solo le queda otra en Vigo.

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