Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

En Lambretta hasta el fin del mundo

Reiriz con la moto que le ha acompañado en el trayecto entre Vilagarcía y A Coruña.  | // FDV

Reiriz con la moto que le ha acompañado en el trayecto entre Vilagarcía y A Coruña. | // FDV

La afición por las motos también ofrece matices. No todo es velocidad, cilindrada o neumáticos. En ocasiones va todo mucho más allá y el ejemplo de Eduardo Reiriz es uno de ellos.

Fan declarado de todo lo que supone la cultura mod, aquella que tuvo su esplendor en los años 60, la Lambretta se ha convertido para él en una parte de su forma de vida. Socio desde hace muchos años del Club Lambretta España no dudo en sumarse a una iniciativa que serviría de homenaje a la única fábrica de este tipo de motocicletas que existió en el país y que estuvo ubicada en Eibar hasta su desaparición a comienzos de los años 80.

El fin del estado de alarma ha sido la puerta abierta a la posibilidad de celebrar el 30º aniversario del club nacional que cuenta con cerca de 350 socios. Como el propio Eduardo Reiriz señala, “cada dos años siempre hacemos una reunión a nivel nacional, pero como todavía no podemos juntarnos surgió la posibilidad de realizar una vuelta a España por tramos para terminar en Eibar y la verdad es que no lo dudé”.

Tengo tres Lambretta. Una de 1958, otra de 1964 y la de 1967 que es la que única que puede soportar un viaje entre Vilagarcía y A Coruña

Eduardo Reiriz - Participante en la vuelta a España en Lambretta

decoration

A modo de antorcha olímpica, la dinámica del reto pasa porque cada uno de los socios que participe pueda realizar un tramo portando en su carenado el logotipo elaborado para la ocasión y que avanzará a modo de relevos después de cada uno de los tramos establecidos. Al vilagarciano le tocó la pasada semana completar la distancia que separa su casa de A Coruña. En concreto la tercera etapa de un recorrido que había empezado dos días antes en A Guarda y que finalizará, allá por el mes de septiembre en Eibar.

El vilagarciano posando con su moto delante de la isla de Cortegada.

El encanto de la aventura se ve potenciado por las peculiares características de una moto que dista mucho de estar capacitada para largos viajes en carretera. Concretamente, Eduardo Reiriz reconoce que “tengo tres Lambretta. Una de 1958, otra de 1964 y la de 1967 que es la que única que puede soportar un viaje entre Vilagarcía y A Coruña”.

No puede ocultar que la devoción que siente por el cuidado de sus motos le ha obligado a buscar el punto de equilibrio entre la capacitación mecánica sin ir en perjuicio de la estética. “Tengo las tres motos muy preparadas, pero la que elegí está más capacitada para viajes más largos. Lleva un motor antiguo, pero tiene cosas actuales como el encendido electrónico. El sistema de encendido es por rotor. No es el antiguo de guillotina. Está modificado para tener unas mínimas garantías”, afirma.

Una parada en el trayecto en el que portó el logotipo de la causa.

Con una velocidad máxima de 110 kilómetros por hora, el vilagarciano reconoce que “lo mejor es tener una media de 80 kilómetros a la hora. Es más apropiado a las características de una moto de ruedas pequeñas y que necesita mucho espacio para poder frenar”.

Muy feliz de haber participado en una iniciativa que dará una importante visibilidad a un símbolo de un movimiento muy determinado, Reiriz es un habitual en concentraciones a nivel continental conocidas como “Euro Lambretta” y que ya le ha llevado a recorrer países como Inglaterra, Alemania, Francia o Italia.

Como él mismo no duda en reconocer su gusto por este tipo de motocicleta retro “más que una afición, es mi modo de vida. Lo de la moto va unido a mi gusto por los discos de los 60 y toda la cultura mod o el Pop Art con Andy Warhol a la cabeza. Me siento muy identificado con todo ese movimiento y es una gozada compartirlo con gente de muchos sitios”.

Compartir el artículo

stats