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La alteración de la regla y otros efectos de la vacuna anti-COVID que están en estudio

Las reacciones alérgicas o la miocarditis son algunas de las posibles consecuencias de los pinchazos que se están investigando | La OMS remarca la seguridad de los antídotos disponibles

Inyección de tercera dosis de la vacuna contra el COVID, la semana pasada en Pontevedra

Aunque las autoridades sanitarias, encabezadas por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS, siglas en inglés), se han mostrado reticentes a aceptarlo, cada vez se acumulan más evidencias de que la vacuna contra el COVID tiene efectos directos en el ciclo menstrual. La ginecóloga y profesora de la Universidade de Santiago (USC) Ana Cristina González Cea es una de las que está tratando de demostrar que los antígenos están detrás de los desórdenes menstruales que están sufriendo un elevado porcentaje de mujeres, que algunos estudios sitúan en el 70 por ciento. Su hipótesis es que el propio SARS-CoV-2, para aquellas que lo han pasado, y el antídoto creado para combatirlo provocan alteraciones en algún receptor hormonal.

No es el único efecto secundario de las vacunas contra el coronavirus que está bajo la lupa de los investigadores. Estos antídotos se controlan en todo momento y los investigadores buscan detectar y responder a los eventos adversos poco frecuentes. Pero para una inmensa mayoría de los millones de personas que han recibido los pinchazos de los distintos fabricantes, las consecuencias negativas han sido de carácter leve y han desaparecido en unas horas: fiebre, cansancio, dolor de cabeza, dolor muscular, escalofríos, diarrea y dolor o enrojecimiento en el lugar de la inyección. Reposo y algún medicamento común para el dolor es suficiente para combatir estas molestias.

Sin embargo, la propia OMS explica que es posible que se produzcan efectos secundarios más graves o duraderos a las vacunas contra el COVID-19, aunque son muy raros. Si alguien experimenta dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, pérdida del habla o de la movilidad después de la vacuna, la organización pide que se ponga en contacto con su médico inmediatamente.

Reacción alérgica

En casos muy excepcionales, algunas personas pueden experimentar una reacción alérgica después de ser vacunadas contra el COVID. Una reacción alérgica grave –como la anafilaxia– es un efecto secundario muy infrecuente de cualquier vacuna. Por ello, a las personas con un historial de alergias se le recomienda hablar con el médico antes de recibir las inyecciones. Los minutos que se recomienda esperar en el centro de vacunación tras ser pinchado están motivados, en parte, por esta cuestión, ya que si se produce una reacción alérgica puede ser atendida con prontitud.

Miocarditis y pericarditis

Se han notificado casos muy infrecuentes de miocarditis (inflamación del músculo cardiaco) y de pericarditis (inflamación de la membrana que rodea el corazón) tras administrarse la segunda dosis de las vacunas de ARN mensajero contra el COVID-19 (Pfizer y Moderna). La miocarditis y la pericarditis pueden ser causadas por numerosos factores, como infecciones, virus, medicamentos o factores ambientales. Los datos de que se dispone actualmente indican que también podría existir una relación entre estos síntomas y las vacunas de ARNm, y se están realizando investigaciones para comprender mejor esta relación, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Los casos se han notificado principalmente entre hombres jóvenes de 12 a 29 años (40,6 casos de miocarditis por cada millón de segundas dosis), en comparación con las mujeres del mismo grupo de edad (4,2 casos por cada millón de segundas dosis). Los síntomas de la miocarditis y la pericarditis suelen ser leves. Un tratamiento rápido con medicación y reposo puede evitar que el corazón se vea dañado a largo plazo y que el paciente fallezca.

Mezcla de vacunas

La OMS recomienda que se ponga la segunda o tercera dosis con la misma vacuna que se inoculó para la primera. Por el momento no hay muchos datos disponibles sobre la mezcla de diferentes vacunas.

En situaciones en las que no se dispone de una segunda dosis de AstraZeneca, el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico (SAGE) de la OMS ha declarado que puede utilizarse una segunda dosis de Pfizer o Moderna. Según algunas pruebas, las personas que reciben una dosis de AstraZeneca seguida de una dosis de Pfizer o Moderna tienen una mayor probabilidad de sufrir efectos secundarios leves.

Las personas mayores de 60 años que hayan recibido dos dosis de Sinovac y Sinopharm también pueden recibir una tercera dosis con el fin de reforzar su inmunidad, una vez que se haya alcanzado un alto nivel de cobertura de los grupos prioritarios. El SAGE ha comunicado que se puede utilizar Pfizer o AstraZeneca para la tercera dosis si la vacuna original no está disponible.

Se están realizando más ensayos para conocer mejor las dosis mixtas, que servirán de base para cualquier cambio futuro en las recomendaciones de la OMS. 

Coágulos

Se han descrito casos muy raros, pero graves, de coágulos sanguíneos acompañados de recuentos plaquetarios bajos (lo que se conoce como síndrome de trombosis con trombocitopenia, o STT) que se producen entre 3 y 30 días después de la administración de vacunas contra la COVID-19 de vectores adenovíricos no replicantes (como son las de AstraZeneca y Janssen).

Los datos obtenidos hasta el 15 de julio de 2021 sobre la vacuna de AstraZeneca indican que, por cada millón de personas vacunadas, entre cuatro y seis personas presentan estos síntomas (esta cifra varía según la edad, el sexo y la ubicación geográfica). Los adultos más jóvenes parecen expuestos a un riesgo mayor que los de más edad. Hay más investigaciones en marcha para entender mejor el cómo y el porqué de estas distintas consecuencias en función de las personas.

Por lo que respecta a la vacuna de Janssen, hasta el 7 de mayo de 2021 la Administración de Alimentos y Medicamentos y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos habían examinado 28 informes que daban cuenta de casos de STT sobre un total de más de ocho millones de personas vacunadas. Es posible que exista un vínculo de causalidad entre la vacuna y estos síntomas, pero se necesitan más datos.

El STT es muy infrecuente. Sin embargo, la formación de coágulos sanguíneos es un problema común, que obedece a muchos factores. No todos los coágulos que se produzcan tras la administración de una vacuna de AstraZeneca o de Janssen se deberán al STT. El riesgo de trombo debido a la propia COVID-19 es mucho mayor que el riesgo ligado a cualquiera de estas dos vacunas.

Síndrome de Guillain-Barré

Se han notificado casos muy infrecuentes de síndrome de Guillain-Barré en los 42 días siguientes a la vacunación con las vacunas de AstraZeneca y Janssen (vacunas de vectores adenovíricos). El síndrome de Guillain-Barré es una enfermedad rara en la que el sistema inmunitario de una persona ataca los nervios, lo que causa debilidad muscular, hormigueo y/o pérdida de sensibilidad en los brazos o piernas. La mayoría de las personas afectadas se recuperan completamente. Aunque estos casos se produjeron después de la vacunación, aún no es posible saber si estaban relacionados con las vacunas o fueron causados por ellas o si se debieron a una coincidencia.

A 27 de junio, se habían notificado a la Agencia Europea de Medicamentos 227 casos de síndrome de Guillain-Barré en la Unión Europea tras la vacunación con la vacuna de AstraZeneca. Hasta el 20 de junio de 2021 se habían administrado en la Unión Europea unos 51,4 millones de dosis de Vaxzevria (la marca de AstraZeneca producida en Europa). En cuanto a la vacuna de Janssen, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de los Estados Unidos de América informó de que, al 30 de junio, se habían notificado 100 casos de síndrome de Guillain-Barré a través del Sistema de Notificación de Eventos Adversos Posvacunales de los Estados Unidos de América (EE.UU.), y que el número aproximado de dosis de la vacuna de Janssen administradas era de 12,2 millones. Fuera de la Unión Europea y de los EE.UU., también se han notificado casos de síndrome de Guillain-Barré; sin embargo, es necesario seguir investigando para determinar si la tasa ha aumentado con respecto a los niveles habituales.

El síndrome de Guillain-Barré tiene muchas causas, como infecciones bacterianas o víricas, la cirugía o la administración de vacunas. También puede ser causado por la COVID-19. En 2011, se estimó que la incidencia del síndrome de Guillain-Barré en Europa y América del Norte era de 0,8 a 1,9 casos por cada 100 000 personas. Puede afectar a personas de todas las edades, pero es más frecuente en adultos y en varones. La mayoría de las personas se recuperan por completo del síndrome de Guillain-Barré, incluso de las formas más graves de la enfermedad; sin embargo, es potencialmente letal y algunas personas afectadas pueden necesitar cuidados intensivos.

Nocebo

Los fundamentos biológicos, psicológicos y genéticos exactos del por qué ocurren -efecto placebo/nocebo- no se conocen bien, aunque hay teorías que apuntan a las expectativas como causa principal y otras sostienen que factores no conscientes integrados en la relación médico-paciente bajan automáticamente el volumen de los síntomas.

Para constatar su papel en las vacunas de la covid-19, el equipo del centro BIDMC, asociado a la Escuela de Medicina de Harvard (EE.UU.), realizó un metaanálisis de 12 ensayos clínicos.

El objetivo, comparar las tasas de acontecimientos adversos notificados por los participantes que recibieron las vacunas con las tasas de aquellos que obtuvieron una inyección de placebo -sin ninguna vacuna-. Los resultados se publican en JAMA Network Open. Los 12 ensayos incluyeron informes de efectos adversos de 22.578 receptores de placebo y 22.802 receptores de la vacuna.

Aunque los científicos descubrieron que un número significativamente mayor de participantes que recibieron la vacuna informó de acontecimientos adversos, casi un tercio de los participantes que obtuvieron el placebo también señalaron al menos uno, siendo el dolor de cabeza y la fatiga los más comunes.

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