Una de las hipótesis que los investigadores de la UDEV de Ourense manejaron para sospechar de los agentes gemelos Roy y Bernardo D. L. como autores del asesinato de su compañero Celso B. A. –para ocultar presuntamente su implicación en la creación de unos anónimos y en un robo de pistolas– es que, conociendo las instalaciones de la comisaría, aprovecharon supuestamente un ángulo muerto de las cámaras, tras estacionar en el garaje policial, para salir uno de ellos del maletero del vehículo e introducirse en un pasadizo.

Ese túnel permitiría llegar cerca de la galería de tiro para, desde ahí, en un ascensor que tampoco está controlado por cámaras, subir al despacho de la quinta planta donde el agente fue localizado muerto de un disparo el 9 de abril de 2016. Fue un tiro con una de las seis armas robadas en el búnker de la comisaría en agosto de 2014 (tres aparecieron en el despacho).

En el pasadizo se encontraron 14 huellas. Un informe de la sección de Inspecciones Oculares de la Unidad Central de Coordinación Operativa, que depende de la Comisaría General de Policía Científica, comparó impresiones palmares de los dos investigados con una muestra que tenía siete puntos característicos. El resultado del dictamen, que firman dos policías, es negativo: no hay correspondencia ni con Roy ni con Bernardo.

Comisaría de la Policía Nacional en Ourense. // F. CASANOVA

Cinco años y medio después de la apertura de la causa, y con la unión acordada en marzo por la Audiencia Provincial del procedimiento sobre el robo de armas que había instruido su compañero Leonardo Álvarez, la magistrada Eva Armesto ha recabado numerosos informes de distintas unidades. Sigue a la espera de respuesta tras solicitar a Estados Unidos, por comisión rogatoria, información sobre aplicaciones móviles de los hermanos, quienes fueron detenidos en enero de 2018 y declararon como investigados en julio de 2019. Defienden su inocencia.

Hasta el momento, la Fiscalía no aprecia pruebas que descarten el suicidio, con varios informes que se inclinan por este enfoque. “Si en vez de hipótesis hubiera pruebas, se nos hubiera dado traslado para la acusación. A juicio se va con pruebas, no con hipótesis”, subrayó la fiscal Pilar Manso el pasado marzo, en la vista en la Audiencia para debatir sobre la acumulación –finalmente acordada por el tribunal– de las dos principales causas sobre la Policía ourensana.

Se están repitiendo pruebas por activa y por pasiva. No hay elementos que avalen la hipótesis. La Fiscalía vela por el principio de legalidad, observando los elementos positivos y negativos, velando por los derechos de todas las partes. Si existen indicios, acusa y si no, no”, añadió Pilar Manso en aquella sesión.

En la pistola, ADN desconocido

En los procesos de la comisaría subyace la división y disparidad entre la Policía Judicial local y la Unidad de Asuntos Internos. Los primeros creen que el agente fue asesinado por los gemelos, mientras que los segundos atribuyen la autoría de los anónimos y el robo de armas a Celso (su ADN estaba en la llave del búnker). Creen que se suicidó.

En el arma hay ADN que no es del fallecido ni tampoco de los gemelos. En un principio, se apuntó a la existencia de perfil genético de familiares, por el hecho de haber tenido los hermanos la pistola en su poder en algún momento –según esta hipótesis–, pero un instituto forense aclaró que era estadísticamente mucho más probable que corresponda a cualquier persona antes que a ellos.

Interior del edificio judicial de Ourense. // I. OSORIO

Bajo el cadáver se encontraba un sobre con pólvora guardada y ADN de los hermanos. La jueza citó este hallazgo para llamarlos a declarar en 2019. Se sospechaba que hubieran quemado pólvora para simular residuos de disparo del fallecido.

La defensa alegó que hacer eso no genera las partículas químicas que identifican una detonación de un arma de fuego y ellos adujeron que, como especialistas y competidores en campeonatos de tiro, realizaban recargas de munición y guardaban pólvora por esa razón, además de que el despacho de Celso también lo usaba Bernardo, su jefe en prensa.

¿Un suicidio o un asesinato?

Un informe de balística identificó un ángulo descendente del disparo mortal y una distancia de entre 6 y 10 centímetros, que otro dictamen de ciencias forenses situaría después entre los 4 y 6. Con esa primera referencia, la magistrada Eva Armesto encargó a la Comisaría General de Policía Científica una recreación en tres dimensiones sobre tres posibles modos en los que pudo ocurrir la muerte bajo investigación de Celso, tomando como referencia un suicidio o un asesinato.

En la hipótesis relativa al crimen se cree que el cuerpo –no tenía golpes pese a la proximidad entre la mesa de Celso y un armario y otro escritorio– pudo ser amparado durante la caída y tras el disparo para que quedara en el suelo boca abajo. La jueza solicitó recrear cómo tendría que intervenir el asesino si estaba a la espalda o a su lado.

Los peritos de la Policía han aportado un vídeo con infografía. En enero de 2018, especialistas del departamento de Escena del Crimen, del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, concluyeron como “muy probable” que Celso estaba sentado y el cuerpo se deslizó de la silla, desplazándola, hasta el momento en el que el cadáver terminó en el suelo.