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Faro de Vigo

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Irene Bascoy

Una sucesión ¿previsible?

Santalices, Rueda, Calvo, Porro y Puy, en un acto en el Parlamento el pasado viernes. Xoán Álvarez

En el verano de 2005, Manuel Fraga reunía a los que habían sido sus dos vicepresidentes en la Xunta, Alberto Núñez Feijóo y Xosé Manuel Barreiro, para proponerles una candidatura de integración para resolver su sucesión, liderada por el lucense. Pensaba Fraga que el exconselleiro de Medio Ambiente podía ser el hombre de consenso que atrajese el apoyo del PP de Ourense, y de los fieles de Xosé Cuiña, cuando este último viera que sus posibilidades de éxito eran mínimas. Fraga quería evitar una crisis en el PPdeG, tras la traumática pérdida del poder autonómico en junio de ese mismo año. Feijóo rechazó amablemente la propuesta y decidió ir a por todas. El 15 de enero de 2006 era proclamado presidente del PP gallego, tras haberse batido con Barreiro, Cuiña y el exconselleiro de Pesca Enrique López Veiga.

Los dos últimos no pasaron el corte de la primera vuelta, y Feijóo y Barreiro presentaron finalmente una lista de integración, eso sí liderada por el político de Os Peares. Feijóo defendía entonces: “El proceso de sucesión abrirá una nueva etapa en el partido que debe empezar sin trampas, con transparencia y con la votación en libertad de los compromisarios”.

El todavía presidente de la Xunta se atrevió a ‘desobedecer’ los deseos del fundador de AP y PP. Se rebeló contra el dedazo que planteó el político de Vilalba. ¿Puede repetirse la escena en Galicia, ahora que Feijóo debe resolver su sucesión en la Xunta y en el PPdeG? “Se hará lo que diga el presidente”, es la frase más escuchada entre los dirigentes del PP gallego, cuando se les pregunta por quién será el nuevo titular del Ejecutivo autonómico y quién tomará las riendas del PPdeG. “Es su decisión, y la aceptaremos, nos guste más o menos”, remarcan cargos populares, pero cuando se insiste afloran otros mensajes, no menos relevantes. Más de uno intentará condicionar el proceso, bien para colocarse él o su candidato, para intentar vetar otros aspirantes o para resituarse y reforzar su poder orgánico y ejecutivo en la nueva etapa que se abre en la Xunta y en el PPdeG. Hay movimientos discretos, tanteos de alianzas entre sectores, preguntas sobre diputados más o menos afines a potenciales candidatos… “¿Cuántos diputados de tu provincia votarían a fulanito como presidente?”, se ha preguntado estos días, quizás en un puro ejercicio de política-ficción, quizás reuniendo información para saber hasta dónde se puede estirar la cuerda.

El PP vive en Galicia una calma tensa mientras la oposición clama por un presidente “ausente” de gira por España. Como sucede en cualquier empresa, pronto habrá jefe nuevo, primará a su equipo y su gente y hay quien ya ve peligrar su puesto. Los conselleiros, con la excepción de los vicepresidentes, no son diputados autonómicos por decisión de Feijóo, que no es partidario de acumular cargos. Si el que llega no cuenta con ellos, no tienen plan B ‘político’. “¿Los mantendrán en la Xunta, no?”, se preguntan algunos.

Feijóo, tras anunciar que se iba a Madrid, prometió “estabilidad en Galicia” y ser “previsible”, pero lo cierto es que su relevo no está nada claro a estas alturas. Es cualquier cosa menos predecible. Es llamativo que tras 16 años al frente del PP gallego y trece años en la Xunta no haya un sucesor claro para su figura. ¡Cosas del hiperliderazgo! Además parece que la operación relevo se demora. El PPdeG ya pospone la elección de su nuevo presidente, que debía ser a comienzos de abril, hasta tener atada Feijóo su sucesión en la Xunta. Los populares dan por hecho que solo habrá un nombre para los dos puestos. Los candidatos que más suenan son Alfonso Rueda, Pedro Puy, Francisco Conde o Diego Calvo, sin desdeñar el protagonismo que pueda desempeñar José Manuel Baltar.

Alfonso Rueda.

Es el candidato que por currículum y posición puede tener más opciones para suceder a Feijóo. ¿Por qué? Porque es el vicepresidente primero y ha sido el número dos del Gobierno gallego desde 2012. Además ha estado con Feijóo desde el principio. Fue quien orquestó la campaña que permitió al político de Os Peares recuperar San Caetano para el PP gallego tras solo cuatro años de travesía por la oposición. Controla la Xunta, pues lleva desde 2009 en ella, y antes ya fue alto cargo con Fraga. También sabe como funciona el PPdeG. Rueda, que es secretario de ayuntamiento, fue secretario xeral de la organización conservadora y ahora es el presidente del partido en la provincia de Pontevedra.

“Lo lógico es que tu número dos en la Xunta sea tu relevo, cualquier otra decisión sería sorprendente, y Feijóo siempre dice que es previsible”, analizan en el PPdeG, pero si es el sucesor natural, ¿por qué hay otros nombres en liza y no se resuelve ya el sudoku? Porque “no convence a todos” y así se lo habrían transmitido al propio Feijóo, cuentan fuentes populares. Otros ambicionan el puesto y ya le ven acompañando a Feijóo en su aventura en la Corte.

Pedro Puy.

Es el portavoz parlamentario del PPdeG, responsabilidad que desarrolla desde 2009 y que le permite conocer lo que se cuece en la Xunta. Su labor es la defensa de la gestión del Gabinete de Feijóo y para hacerlo necesita saber qué pasa. Era profesor titular en el Área de Economía Aplicada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago, cuando decidió dar el salto a la política. Fue director xeral de Relacións Institucionais de la Consellería de Presidencia en el último Gobierno de Manuel Fraga.

Su cuasi nula experiencia en gestión gubernamental es el principal pero que le ponen a Puy, el resto son alabanzas: “la cabeza mejor amueblada del PP”, un político moderado, de centro, que “cae bien” a todos… Puy sería el “candidato de consenso”, el que podría suscitar el apoyo unánime de todos, una vez que más de uno viera fracasadas sus ambiciones.

No tiene enemigos en el PPdeG. Su perfil discreto y su carácter afable explican esta circunstancia, así como su aparente falta de ambición. Rechazó ser conselleiro cuando Feijóo se lo propuso, y se ha centrado en sus labores parlamentarias, haciendo poca vida de partido. Así que no ha despertado recelos entre potenciales competidores. 

Pero Puy, que nació en Santiago, vive en Pontevedra, está casado con una viguesa y es sobrino de Manuel Fraga, ¿quiere? Siempre dice que no cuando se le pregunta. Siempre se ha descartado como candidato a la sucesión, pero también algunos lo consideran “el tapado” de Feijóo.

¿Podría negarse Puy si su jefe se lo propone, alegando que está en riesgo la unidad del partido y el futuro de Galicia, en plena recuperación postpandémica? ¿Querrá negarse? En el PP hay voces que apuntan a que en una situación crítica no podrá rechazar la oferta.

Diego Calvo.

El PP provincial de A Coruña cree llegado el momento de que el candidato a la Xunta sea de su provincia, y su propuesta sería Diego Calvo, su presidente y también vicepresidente primero del Parlamento de Galicia. Fue delegado de la Xunta en la provincia y presidente de la Diputación de A Coruña entre 2011 y 2015.

Sus valedores serían José Manuel Romay Beccaría, el padrino político de Feijóo, y Carlos Negreira, amigo del líder del PP gallego. Los dos con gran ascendencia sobre Feijóo.

Calvo, licenciado en Ciencias Económicas, tiene el hándicap de ser un candidato “muy local”, conocido en A Coruña, pero “¿fuera de ella?, se preguntan con muchas dudas dirigentes populares, que entienden los movimientos del PP coruñés más como una estrategia para tener derecho de veto y reforzar su posición de poder en esta nueva fase.

Francisco Conde.

El vicepresidente segundo de la Xunta tendría opciones por ser vicepresidente, pero en el PPdeG pocos le ven en estas lides. “No es político, es gestor”, explican fuentes populares, que no terminan de imaginar a Conde en un debate electoral o en un mitin, arengando a las masas. Era profesor de Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad CEU San Pablo cuando su amigo Feijóo le llamó para que se viniera a Galicia para ser su asesor en materia económica. De ahí pasó a ser conselleiro de Economía e Industria y desde 2020 también vicepresidente.

José Manuel Baltar.

Los tres potenciales candidatos citados hasta ahora pueden optar a la sucesión de Feijóo al frente del Gobierno gallego porque los tres son diputados, y el relevo para San Caetano tiene que tener escaño en O Hórreo. Baltar no lo tiene, pero tiene aspiraciones. Y ha dado la cara. En una entrevista, ha defendido que el PP de Ourense debe “jugar un papel esencial” en la nueva etapa y no se descarta para liderar el PPdeG. La presidencia del PP nacional y gallego no son compatibles, y Feijóo debe renunciar al segundo cargo. Cuando al presidente de la Diputación de Ourense y del partido en la provincia se le pregunta si está dispuesto a tomar las riendas del partido en Galicia, contesta: “No me gusta la política ficción, sí tenerlo todo perfectamente planificado con anticipación. Si hay que plantear algo, será tras el dos de abril” (fecha del congreso del PP de Sevilla).

Los estatutos del PPdeG marcan que el presidente del partido también es el candidato a la presidencia de la Xunta. Una elección, que entonces son dos. Baltar se postularía no solo para liderar el PP, también querría ser el cabeza de cartel en 2024 y, en consecuencia, que el presidente que releve ahora a Feijóo sea un candidato de transición. ¿Quién? Se le pregunta por Rueda, y no lo rechaza, pero inmediatamente pone encima de la mesa el nombre de Puy, al que califica de “solvente”.

En contra de su candidatura, juega su alianza con Gonzalo Pérez Jácome, al que hizo alcalde de Ourense, pese a ser, según Feijóo, “letal” para la ciudad. Lo necesitaba para blindar la mayoría en la Diputación. Ourense está paralizada y el PPdeG tiene su cuota de responsabilidad. En el partido, algunos no olvidan tampoco su pasado cuando en la época de Fraga, lideró un movimiento de cinco diputados rebeldes que amagó con constituirse en grupo propio dentro del Parlamento gallego como respuesta a la defenestración de Xosé Cuiña. 

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