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Radares y obras varían el mapa de accidentes de la A-55 pero no resuelven su siniestralidad

Radares y obras varían el mapa de accidentes de la A-55 pero no resuelven su siniestralidad

Radares y obras varían el mapa de accidentes de la A-55 pero no resuelven su siniestralidad

Cambia la forma, pero no el fondo. La malla de radares, la reubicación de la cabina de la curva de Los Molinos y las reformas para corregir algunas de las deficiencias de la A-55 han servido para difuminar “puntos negros” y solucionar, en parte, el grave problema de siniestralidad que se padecía a la altura del kilómetro 12; pero no han permitido corregir aún el problema enquistado en el conjunto del vial.

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No al menos de forma clara y contundente. El informe sobre siniestralidad viaria que acaba de publicar el Ministerio de Transportes con datos de 2019 deja una conclusión clara en la autovía que enlaza Vigo, Porriño, Mos y Tui: sus matices, las sombras, tienen una distribución distinta a la de los últimos años, pero en líneas generales el dibujo es muy similar.

El kilómetro 12 deja de ser el tramo con más incidentes y heridos de la autovía entre Vigo y Tui y pasa el testigo a la curva de la tienda de Maderas Iglesias | En 2019, el vial anotó casi los mismos sucesos con más lesionados

El informe concluye que en 2019 la A-55 dejó 136 accidentes con heridos que dejaron un saldo de 276 lesionados. Los datos son muy similares a los del año anterior, cuando los técnicos de Tráfico registraban 140 sucesos y 259 víctimas. Si se echa la vista a 2017 el dibujo tampoco es muy distinto: 133 siniestros y 242 heridos. Sí ha oscilado algo más el conocido como índice de peligrosidad (IP), una medida que depende de valores como la intensidad del tránsito: en 2019 la del conjunto de la A-55 se situó en 27, ligeramente por debajo de la de 2018 (27,7) o 2017 (29,3). El dato sigue en cualquier caso bastante por encima del que se manejaba hace apenas un lustro, cuando el IP marcaba 21, y se mantiene también en niveles elevados para un vial con el flujo de tráfico de la A-55.

Con el objetivo de atajar la siniestralidad de la autovía, Tráfico ha adoptado a lo largo de los años varias iniciativas. La más contundente pasa por la distribución de radares. En un trecho de apenas diez kilómetros –entre el P.K. 5,6 y 15,9– se reparten media docena de cinemómetros fijos.

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Los propios datos de la DGT dan una idea de su volumen de actividad. Solo los fijados en los kilómetros 9 y 11 sumaron el año pasado –muy marcado por la pandemia– más de 27.300 denuncias, lo que deja una media de 75 por jornada.

En 2017 se reubicó la cabina de Los Molinos, el tramo más conflictivo

Aunque los radares del listado se ubican en cabinas o pórticos fijos, en ocasiones Tráfico opta por recolocarlos. Ocurrió a finales de 2017, por ejemplo, cuando el radar de la curva de Los Molinos se movió varios cientos de metros. Y ha vuelto a pasar hace poco en el acceso a Vigo con la reubicación en su lugar original de una cabina que se había desplazado en 2016.

Otra de las estrategias a la que han recurrido las autoridades es la restricción de velocidad, con tramos limitados a un máximo de 80 o 60 km/h –en condiciones normales, el mínimo al que se puede circular por vías de alta capacidad– y las obras de reforma. En 2015 el por entonces Ministerio de Fomento activó un plan de 5,98 millones de euros para corregir algunas deficiencias de la carretera: incorporaciones, salidas, pasos elevados... Los trabajos acabaron alargándose mucho más tiempo del previsto en un inicio y en julio de 2019 aún obligaban a realizar cortes.

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Aunque la fotografía general de la siniestralidad en 2019 no difiere mucho de la del año anterior, las medidas adoptadas por las autoridades sí se han dejado notar en el asfalto. ¿Cómo? Con una redistribución de los accidentes que se aprecia bien cuando se comparan los anuarios publicados por Transportes. El caso más paradigmático es el del kilómetro 12, la conocida como “curva de Los Molinos”. Su trazado sinuoso y el elevado flujo de tránsito –66.100 vehículos diarios– llegó a convertirlo en el peor “punto negro” de la red estatal. En 2017 sumó 35 accidentes con heridos y un saldo de 66 lesionados, todos de levedad. Su índice de peligrosidad se situaba entonces en 201,4.

Tras el cambio de ubicación del radar –a finales de 2017–, los datos descendieron ya en 2018 y la tendencia a la baja parece haberse consolidado con el paso del tiempo. El último balance de Tráfico refleja que en 2019 se anotaron 10 siniestros con 24 heridos, muy lejos de los resultados de 2018. Su índice de peligrosidad había descendido de hecho hasta quedarse en 41,4, casi cinco veces menos.

El descenso ha sido tan pronunciado que la curva de Los Molinos ya no es, de hecho, el punto más conflictivo de la autovía. Al menos en 2019, el punto kilométrico con más accidentes y heridos fue el siete, enclavado más o menos a la altura de la tienda de Maderas Iglesias, cerca de O Gorxal y el paso de la AP-9. Los técnicos de Transportes identificaron en ese trecho 18 sucesos que provocaron 34 lesionados, todos con heridas leves. Si se atiende al índice de peligrosidad el peor punto se sitúa algo más al sur, en el kilómetro 14. Allí se eleva a 93,4. La explicación de que su indicador sea peor con menos siniestros se debe al volumen de tráfico, inferior allí que en la zona del Gorxal.

La siniestralidad de la A-55 contras con su papel estratégico para la comarca: actúa como el corredor de entrada y salida del intenso tráfico que se mueve entre Vigo, la comarca, Ourense y la meseta; y, al mismo tiempo, es el punto más permeable de toda la frontera entre España y Portugal. En paralelo transcurre la AP-9, una autopista infrautilizada por su elevado peaje.

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