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Faro de Vigo

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“Ojalá cerremos las puertas de esta residencia pronto”

Por el centro integrado de mayores infectados con COVID Boullosa Pardo de Vera de Vigo han pasado 82 personas en los dos últimos meses

Parte del equipo de la residencia Boullosa Pardo de Vera.

Lo mejor que se les puede desear a los profesionales que conforman el equipo que atiende a los mayores de la residencia Bodia Boullosa Pardo de Vera de Vigo es que se queden solos. Y es que este no se trata de un geriátrico cualquiera. En él solo hay personas con diagnóstico confirmado de COVID-19. Es uno de los dos centros –el otro es Cegadi, en Santiago– que la Consellería de Política Social ha habilitado en esta segunda ola de la pandemia para ofrecer a internos de centros sociosanitarios que necesiten una atención médica mayor, pero no tanto como para ingresar en el hospital. Por estas instalaciones, que abrieron sus puertas el 29 de octubre, han pasado 82 contagiados. Ahora tienen poco más de la mitad de sus plazas ocupadas, con 18 infectados. La situación está mejorando. “Ojalá la cerremos pronto”, coincide su gerente, el médico Manuel Pazos Seco.

La Xunta fue pionera en la apertura de estas “residencias integradas”, que tienen como objetivo retirar a infectados de los geriátricos en cuanto se conoce el positivo y cuando el foco es pequeño para evitar la expansión del brote. ¿Y funciona? El doctor Pazos Seco asegura que sí: “Es como lo intentas paralizar, que si hay contagios, que sean los mínimos”. “Hace una gran labor porque ayudas a los centros pequeños, que no tienen un apoyo sanitario importante, porque tampoco están obligados”, resalta.

Este doctor, junto a su equipo, ya trabajó también en una de las dos residencias integradas que se activaron en la primera ola. Fue en la de Porta do Camiño, en Santiago – la otra fue Baños de Molga, en Ourense–, donde precisamente ayer comenzó la vacunación frente al COVID-19 en Galicia. “Ahora tenemos bastante más experiencia y algo más de conocimientos, aunque nos queda mucho que saber”, expone. A su favor juega lo que han aprendido en tratamientos y la disposición de unos protocolos de trabajo claros. Además, algo fundamental es que ahora disponen de mayor acceso a pruebas de diagnóstico.

No es demasiado conocido que, desde hace dos meses, en el número 24 de la calle Sagunto está esta residencia de mayores con COVID. La Xunta no quería que le sucediera como con el centro de tiempo libre de Patos, que no era adecuado para personas con discapacidad. Así que buscó unas instalaciones con todos los servicios necesarios para atender a los pacientes del sur de Galicia. Encontró este, de iniciativa privada y recién reformado, que por culpa de la pandemia no se había llegado a estrenar.

Desde entonces, por ella han pasado 82 personas contagiadas procedentes de ocho centros sociosanitarios. Todos de la provincia de Pontevedra: A Palmera, Monte Tecla, Cesantes, Bo día Nigrán, Balvanera, DomusVi Ribadumia, CRAPD Vigo I y Vigo II. Fallecieron tres. Dos en el propio centro y otra en el hospital –se remiten allí cuando necesitan respirador o son refractarios al tratamiento–.

En casos en los que se observa un empeoramiento, se permite a la familia despedirse. El resto, se comunica todos los días con sus parientes por videoconferencia.

La media de estancia está entre 13 y 14 días. En la semana del 14 de diciembre –la peor, hasta ahora– estuvieron “justos” y cubrieron sus 33 plazas. En la actualidad, cruzan los dedos porque hace días que no se da ningún foco importante y tienen 18 camas ocupadas, tras dar de alta a 8 en la última semana para que pudieran celebrar las fiestas en su residencia habitual. En las instalaciones de Bodia también hicieron “algo especial” por Nochebuena y Navidad, con un menú festivo, música navideña y animación por parte de los trabajadores. El equipo lo conforman 27 técnicos de cuidados auxiliares, cuatro enfermeras, dos geriatras y un administrativo, además del gerente, en dos turnos separados.

Como son todos positivos, no tienen por qué estar en sus habitaciones y comparten el tiempo en una sala, con actividades, cuando se sienten bien y no necesitan estar encamados. “No tienen que tener una clínica excesiva necesariamente”, explica el doctor y añade que, desde el primer día de diagnóstico se les da tratamiento escalonado. “Están bien aquí, se sienten protegidos”, percibe Manuel Pazo Seco.

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