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Presumir de competencias digitales avanzadas, solo para unos pocos

Imagen de una 'party' informática Bernabé / Javier Lalín

Pese a que Galicia dio un salto mayor al estatal en uso adelantado de las TIC tras el COV, un informe de la Xunta avala impulsar estas habilidades en autónomos y mayores de 55

Saber cómo enviar un correo electrónico, comprar algún producto o servicio en internet, cómo editar un vídeo y cómo buscar una duda no bastan para convertir a un internauta en un conocedor “avanzado” de las TIC. Quien conozca cómo ejecutar esas cuatro acciones, pero solo esas, se quedaría en la categoría de usuario “básico”. La Xunta ha medido, a partir de microdatos de encuestas del INE, las tendencias y necesidades de digitalización de la población gallega, teniendo en cuenta que la capacitación en este capítulo se considera “prioritaria” para la comunidad. De su análisis concluye que solo una tercera parte (un 35,3%) de los ciudadanos de 16 a 74 años tienen competencias avanzadas, lo que supone que son capaces de utilizar la red para acometer varias acciones en cada una de las cuatro dimensiones que sirven para medir la habilidad digital: informarse, comunicarse, resolver problemas (tipo uso de banca electrónica o compra en línea) y manejarse con el software más allá de limitarse a conocer cómo funciona un procesador de textos.

En concreto, y pese a que el COVID ha contribuido a impulsar en un año un salto de un 21,7% en el porcentaje de gallegos con competencias digitales avanzadas –muy por encima del 13,9% estatal–, dos tercios de la población de la comunidad se quedarían aún por debajo de ese listón. Ese inmenso grupo estaría formado por un 12,6% que ni siquiera se considera evaluable porque no usa internet (el doble que la media estatal), por otro 2% que se conecta a internet, pero ignora lo más esencial (una situación más común entre mayores de 55 años y personas con un nivel de estudios hasta primaria); otro 33,4% que tiene competencias mínimas y un 16,8% que puede hacer algo más, pero no tanto como para superar la etiqueta de “básico”. Desde la Xunta recuerdan que la pandemia puso de manifiesto que se trata de habilidades “vitales”.

Las mayores carencias, es decir, los ciudadanos con habilidades digitales bajas, se concentran, según el informe del Observatorio da Sociedade da Información e a Modernización de Galicia, en autónomos, población a partir de 55 años, inactivos (parados, labores del hogar, pensionistas...), quienes cuentan con un nivel de estudios inferior a Bachillerato o en rentas inferiores a 900 euros.

A partir del diagnóstico, la Xunta fía una mejora a tres factores: que quienes no utilizan aún internet se decidan a dar el paso, a un aumento del nivel educativo que “sigue una tendencia paralela al aumento del nivel de digitalización” y a impulsar estas habilidades en autónomos y mayores de 55 años. El Ejecutivo gallego, con todo, advierte siempre que hay que leer los datos de la comunidad teniendo en cuenta el envejecimiento y dispersión.

Algo de cierto hay en el mito de nativos digitales: el perfil que domina en las competencias avanzadas lo constituyen los jóvenes, estudiantes o con formación universitaria. Otros rasgos sociodemográficos asociados son vivir en concellos de más de 20.000 habitantes o contar con ingresos mensuales de más de 3.000 euros. Además, aunque en información y comunicación las mujeres superan “ligeramente” a los varones, en resolución de problemas y software hay una brecha digital de género.

Puntos fuertes: buscar datos y videollamadas, y débiles: apañarse con el software

Informarse y comunicar son dos puntos fuertes de los gallegos. El 72,5% de los ciudadanos saca nota en tareas como buscar información –sobre todo de bienes y servicios y salud– y para un 64,8% la comunicación no tiene secretos. El Osimga recuerda que este último indicador es el que más creció –casi un 18%– con respecto al dato preCOVID y especula con que el incremento esté ligado al mayor uso de videollamadas, por ejemplo, en pandemia.

Más bajo (54%) es el porcentaje de quienes se manejan muy bien en resolución de problemas, que incluye entre otros indicadores el apañarse con la banca electrónica o las compras online. En donde más flojos estarían los gallegos es en el uso de software, donde solo un 40,4% de la población puede presumir de algo más que usar procesadores de texto.

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