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josé maría fonseca moretón | Pres. Terras Gauda

“Lo mejor que hice no fue el vino, que es muy bueno, sino el equipo que tengo”

“Como gallego ejerciente, me satisface ser la única bodega que está en La Rioja”

José María Fonseca Moretón, presidente de Terras Gauda. | // ALBA VILLAR

José María Fonseca trabaja de espaldas a la ventana. Pierde luz, pero así no se dispersa con las hipnóticas vistas a las calles de Vigo y al mar desde su despacho, una especie de refugio donde los productos y los carteles de Terras Gauda conviven con el formato antiguo de botella de Estrella Galicia, muchos libros y recuerdos, como la foto de su “amigo del alma” Carlos Casares. Le pido que elija el mejor sitio donde charlar. “Para estar cómodos hay una cosa que está muy bien, tener muchos años”, dice el presidente de uno de los grandes grupos vitivinícolas de Galicia. Lo único que le preocupa es la descontextualización de sus mensajes “o, lo peor, que no se entienda la ironía” que lleva de serie junto con sus populares pajaritas este “economista más saxofonista desde que aparecieron los tipos de interés negativos”. Aclara, por si acaso: “Es ironía otra vez”. El Círculo de Empresarios de Galicia acaba de concederle la Medalla de Oro. “No estoy seguro de que hayan acertado –suelta, entre risas–. Hay muchísimos empresarios a los que podían dársela, aunque, bueno, tampoco soy tonto para no saber que algunas cosas sí hemos hecho”.

–No es muy habitual encontrar un empresario de su generación formado en Galicia.

–Soy de la primera promoción de la Facultad de Económicas de Santiago. Recorrimos cuatro edificios en cinco años porque estábamos de prestado. En el Burgo de las Naciones las clases se paraban cuando llovía y hacía viento porque retumbaba el aula, por llamarle aula, como si viniera un ejército.

–Y entró en el antiguo INEM.

–Me sentía muy gratificado. A pesar de ser funcionarios, trabajamos mucho y con muchas ganas.

–¿Qué recuerda de esa etapa?

–Por ejemplo, el tema agrario, en el que estuve muy volcado, con los cursos de ganadería, proticultura, tractorista, o de viticultura, fruticultura y enología en el vino. Se impartía una formación ocupacional muy específica y dirigida a todo. Sinceramente, en esto creo que hemos perdido. Hoy se cobran cantidades ingentes con los cursos, pero la formación en aquella España sin mano de obra especializada era de calidad. Estaba completamente enamorado de mi trabajo, que me permitió descubrir las enormes posibilidades del mundo del vino.

–Lo llegó a compatibilizar luego con la primera bodega, ¿no?

–Y con un despacho de asesoría financiera que fundé con un amigo. Después de un par de años con la bodega, pedí la excedencia.

–Lo que hoy llamaríamos pluriempleo.

–Sí, sí, sí.

Fonseca Moretón, durante la entrevista con FARO. Alba Villar

–Su trayectoria recuerda a sus antepasados, comerciantes de Valladolid que vinieron a Ourense.

–Por parte materna, mi familia tenía un almacén importante de coloniales en el Barrio da Ponte de Ourense. Vinieron de un pueblo de Valladolid que se llama Tiedra vendiendo aceite y otras cosas.

–¿Pidió la excedencia por miedo a fracasar con el vino?

–Fue vital para tener las espaldas cubiertas. El proyecto llevaba cierta maduración, incluso sabía a quién recurrir para los temas que no controlaba, pero la plaza me daba tranquilidad ante una aventura que no sabes cómo puede acabar.

–Riesgos del emprendimiento.

–En ese momento no piensas que eres emprendedor. Te das cuenta después, claro, cuando reflexionas sobre lo que hiciste. Yo simplemente quería hacer un vino excelso en la que creía que era la mejor zona, O Rosal, apostando por la mezcla de variedades como factor diferenciador. Algún disgusto me costó eso, ¡eh! Pero el tiempo me dio la razón.

"Simplemente quería hacer un vino excelso en la que creía que era la mejor zona con la mezcla de variedades como factor diferenciador. Algún disgusto me costó, pero el tiempo me dio la razón".

José María Fonseca Moretón - Presidente de Terras Gauda

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–¿El sector de finales de los 80 se parecía en algo a lo que es ahora?

–Nada. Entonces primaba el vino de la casa. Ir con una etiqueta de bodega profesional era todo lo contrario a una garantía en el mercado. La primera lucha fue hacer las cosas bien, con la higiene necesaria, sacar todo el potencial de las variedades... Un camino largo y complicado, sobre todo por la consciencia de que para hacer una viticultura como Dios manda había que tener una dimensión mínima y no un concepto minifundista. Esto lo digo con mucha pena y no solo me refiero a la propiedad de la tierra, sino al minifundio mental, mucho peor. A todos mis amigos, socios y familiares les decía que bebieran mucho vino y tuvieran confianza en mí. El primer vino que sacamos fue un bombazo. Lo hicimos en la nave de un herrero, dividida al medio con unos paneles de plástico.

–¡Coworking!

–¡Sí! Los golpes del herrero de música de fondo le sentaron al vino maravillosamente bien.

El presidente de Terras Gauda, en su despacho. Alba Villar

–Terras Gauda está presente en cuatro denominaciones de origen y uno de sus mayores éxitos es el desembarco en La Rioja, epicentro del sector, cuando lo natural era justo lo contrario. ¿Por qué dio ese salto?

–Las economías de escala son absolutamente necesarias, especialmente en el vino. Cuando tienes una cierta dimensión y prestigio, los esfuerzos para mantenerte en los mercados nacional e internacional son muy altos. La forma de aminorar costes y ser competitivo es tratar con vinos que estén en los mismos niveles de calidad, pero no compitan con el tuyo. Por eso no extraña la presencia de muchas bodegas riojanas en Galicia, pero también de Jerez o Cataluña. Vega Sicilia ya está construyendo su bodega en las Rías Baixas. Me satisface hacer el camino inverso como gallego ejerciente. Somos a día de hoy la única que lo hizo y estamos completamente integrados allí.

–A pesar de la pandemia, en 2021 alcanzaron una facturación récord.

–Casi 18 millones de euros, de los que 12,5 corresponden Terras Gauda. En 2020 fueron 13,5, una oscilación tremenda. La influencia de la pandemia y de otras cosas asusta un poco, aunque después de tantos años tengas callo y etilogía sobre el problema.

"La influencia de la pandemia y de otras cosas asusta un poco, aunque después de tantos años tengas callo y etilogía sobre el problema"

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–¿Cómo convive con la incertidumbre en este nuevo escenario?

–Un tanto raro, ¿no? En nuestro sector también tiene que ver con esas bodegas de La Rioja que se asentaron aquí sin viñedos y necesitan producciones altas en un mercado difícil de muchos pequeños viticultores y grandes cooperativas, con necesidades importantes de uva porque sí tienen músculo para comercializarlo. Las alteraciones en el precio llevan a que, incluso, se rompan contratos en las bodegas. Se llegó a pagar la uva a 3 euros y medio el kilo, una barbaridad tremenda.

Entre los proyectos de I+D que desarrollan destaca la robotización. ¿La digitalización será lo que atraiga a los jóvenes al sector?

–No había hecho esa reflexión, honradamente te lo digo, pero sí, sin ninguna duda. Todo lo que tiene que ver con la digitalización como medio, no como fin, solo puede traer cosas positivas para la viticultura y una mejor calidad de vida de las personas. Ojalá sigamos poniendo un rosal en la cabecera de la viña muchos años porque es una preciosidad. Tuvo mucho sentido porque el mildeu entraba antes en el rosal que en la viña, pero hoy, la viticultura de precisión, como pasa con la medicina, te permite frenar un ataque antes de empezar con el análisis de los satélites, las temperaturas o los vientos.

–Y usted, ¿piensa en el retiro?

–Soy un jubilado activo que sigue pagando la Seguridad Social, pero ya no estoy en el día a día. Lo mejor que hice no es el vino, que es muy bueno, sino el equipo humano que tenemos. Han sido mis colaboradores toda la vida y ahí están mis hijos, los dos enamorados del vino y haciéndolo maravillosamente bien. Tiendes a pensar que el mundo sin ti no da vueltas porque eres el más listo, pero no es verdad. Hay que dejar hacer a la gente joven e, incluso, que se puedan estrellar.

"Tiendes a pensar que el mundo sin ti no da vueltas porque eres el más listo, pero no es verdad. Hay que dejar hacer a la gente joven e, incluso, que se puedan estrellar".

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José María Fonseca, con la ría de Vigo de fondo. Alba Villar

“Tomaría una copa con Carlos Casares o Nelson Mandela”


–Galaxia, la Fundación Carlos Casares, la Real Academia de Gastronomía, canta, toca instrumentos, fundó A Roda, sigue actuando con su grupo “Con la venia”... ¿Qué es la cultura para usted?   

–Más allá de la definición pura del conjunto de creencias, vivencias, de las historias que llevan a un pueblo a tener una determinada escala de valores, para mí la cultura es lo que hace que ames lo que tienes alrededor, lo vivas de una manera concreta y con ciertos comportamientos éticos y estéticos. Nos vendría bien a todos volver a valorarla, pero valorarla de verdad, no con etiquetas de culturetas, sino en la sensibilidad a todo porque forma parte de nuestra idiosincrasia. Hasta ahora los psicólogos no han descubierto que se pueda partir de cero para funcionar en esta vida. Así entendida, la cultura forma parte de mí desde siempre y la música es mi gran pasión. 

–Hablando de música. ¿Por qué para actuar con “Con la venia” se quita la pajarita?   

–Si es una ocasión especial, me la pongo. No tiene nada que ver tocar con mis amigos con trabajar. Uso pajarita como otros corbata. 

–Si pudiera elegir a cualquier persona, esté aquí o ya no, ¿con quién tomaría una copa de vino?   

–¡Uf! ¡Qué pregunta, qué pregunta! Son tantas personas... ¡Quién me diera que estuviera todavía el fue mi amigo del alma, Carlos Casares, con el que pasé momentos increíbles porque era un conversador enorme! O mi amigo Julio Borrajo, que tocó el saxofón con nosotros... Y pensando en alguien a otra escala, me hubiera gustado tomarla con Nelson Mandela.

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