La participación de Gabri Veiga constituye el gran misterio. El porriñés, igual que otros compañeros, ha convivido durante la semana con el primer equipo. Ayer dobló entrenamiento: por la mañana con los mayores y por la tarde, el último de preparación del derbi. La decisión, aunque se adoptaba por la noche, no se comunicará oficialmente hasta hoy a las 16.30 horas, cuando Giráldez entregue la convocatoria.

El relevo de Onésimo por Giráldez ha recompuesto flujos. El pucelano exigía trabajar con sus titulares igual que Coudet exigía disponer de los canteranos interesantes aunque luego no los alinease. A Veiga le influyó además el empantanamiento de su renovación. Esos obstáculos han desaparecido. Giráldez, hombre de club, disciplinado, acepta emplear a jugadores que en ocasiones no se han ejercitado con él en toda la semana. Carlos Domínguez, Fran López, Coke o Miguel Rodríguez se han sentado en el banquillo con Coudet para jugar al día siguiente con el filial. En Ceuta no pudieron algunos por imposibilidad de desplazarse a tiempo desde Valencia. Solo la intendencia los frena.

Giráldez admite que la convocatoria de los compartidos “es consensuada por todas las partes del club”. Matiza: “No entrará por decreto cualquier jugador que haya entrenado en el primer equipo. Veremos cómo está la gente”. Y aunque solo ayer los tuvo a todos, recuerda: “Han estado otros días con nosotros. No vamos a cambiar el plan del partido por un jugador. La idea de lo que queremos hacer la tenemos clara todos. Han estado en dinámicas de vestuario, de vídeos, de charlas… Han estado otras semanas y yo los conozco mucho. Mientras vengan en estado físico y mental bueno, será positivo”.

Veiga supone un caso específico porque su peso en el primer equipo ha sido superior, al punto de aspirar a la titularidad. Con el filial solo participó en el debut liguero ante la Sanse. Ha protagonizado la previa del derbi sin siquiera saberse si lo disputará; por su jerarquía diferencial y por el recuerdo de su engallamiento con jugadores del Deportivo, como Mackay, en la tangana del último duelo en Balaídos. “Es una persona muy tranquila. Ha madurado mucho y muy rápido en los últimos años”, valora Giráldez. “Parte del proceso es adaptarse a este tipo de situaciones; a escuchar hablar mucho de ti, a veces bien y a veces mal. Hay que afrontarlo con estabilidad emocional. En ese aspecto él es un ejemplo. Ayer estuvimos con él. Está tranquilo y preparado, tanto si juega como si no. Está dando pasos muy firmes de cara a ser profesional. No tiene que desviarse de ese camino”.