Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Al COVID le gustan cada vez más jóvenes

Álvaro Domínguez, de 43 años, si tuvo COVID, su madre, de 64, no Pablo Hernández Gamarra

El perfil del paciente de COVID en España ha cambiado desde que estalló la pandemia, hace algo más de un año. A medida que las personas mayores son vacunadas, el SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, ponen el foco en un blanco cada vez más joven.

La edad media de los contagiados se desploma con la vacunación: de 62 en la primera ola a 39 años, ahora

Según datos del Ministerio de Sanidad, si en la primera ola la media de edad de las personas que se contagiaban de coronavirus era de 62, hoy es de 39. También la media de los pacientes que requieren ser hospitalizados ha bajado, aunque el descenso no es tan significativo: 68 a 61 años; al igual que los enfermos que son ingresados en UCI, de 63 a 61, y los fallecidos, de 81 a 78.

César López Solla es uno de los gallegos que han pasado el COVID en esta cuarta ola. Tiene 44 años y estuvo 18 días con síntomas. Aún hoy no ha recuperado de todo el gusto y aún se fatiga cuando realiza una tarea que requiera esfuerzo. Asegura que nunca pensó pudiera contagiarse, porque siempre ha sido muy celoso con las medidas de seguridad. Aun así, el SARS-CoV-2 le atacó y, como un castillo de dominó, a su mujer y a su hijo, de once años.

Tras pasar la enfermedad, se ha vuelto más cauto. “Le tengo más respeto aún que antes. Más por los demás que por mí. Tengo miedo de ser asintomático y contagiárselo a los demás. Antes a lo mejor iba a tomar un café con un amigo y me sentaba en la mesa y me quitaba la mascarilla y cuando pedía otro seguía sin ella puesta. Ahora no. Ahora me la pongo enseguida”, afirma este vigués, que segura que no hay que bajar nunca la guardia.

“Le tengo más respeto aún que antes. No por mí, sino por contagiar a los demás”

César López Solla - 44 años

decoration

César López Solla posa delante de la caravana donde se aisló Pablo Hernández

Recuerda perfectamente el día que se contagió: el 8 de abril. Fue en el trabajo. César trabaja en mantenimiento en una cadena de perfumerías y ese día trabajaba con personal de una empresa externa en O Burgo. “Su jefe, que no había ido a trabajar ese día, llamó para avisar de que había dado positivo en la PCR. Enseguida se confinó a los empleados, pero yo estuve con ellos toda la mañana y aunque trabajamos con mascarilla compartimos herramientas y había desayunado con ellos”, recuerda.

  • Jóvenes de 15 a 25 años y adultos entre 45 y 60 impulsan la escalada de casos de Covid en Vigo

    El sector concentra la mitad de los trabajadores por cuenta propia perdidos | El colectivo pide aplazar la devolución de ayudas IC

El 11 de abril comenzó con síntomas y a partir de ahí, se alternaron los días en que se encontraba bien, aunque con febrícula, con otros en los que la fiebre subía de repente a 38 grados, no tenía apenas fuerzas y le dolía todo el cuerpo.

Me encontraba como si me hubiese pasado un camión por encima”

decoration

César López Solla Pablo Hernández Gamarra

A los cinco días, dejó de oler y de saborear las comidas. “El olfato lo he recuperado ya, pero el gusto no del todo. Ahora empiezo a diferenciar lo amargo, lo dulce y lo salado”, afirma.

El 21 de abril tuvo que ir a urgencias porque llevaba varios días con problemas respiratorios y veía que cada vez iban a más. Aunque finalmente no requirió hospitalización, todavía hoy se cansa con cualquier pequeño esfuerzo que haga.

César vive en una finca y para no transmitir el virus a su mujer y a su hijo, se aisló en la caravana. Solo iba a casa cuando necesitaba ir al baño. “Avisaba y ellos se metían en la habitación y después desinfectaba con lejía todo y aún mi pareja volvía a desinfectar también. Y, aun así, lo cogieron”, afirma. Sin embargo, ninguno tuvo los mismos síntomas que él. Su mujer tuvo dolor de cabeza y al niño estuvo asintomático, excepto un día, en que tuvo un leve dolor de cabeza.

Son cuatro en casa y solo Judith, de 19 años, no se contagió, algo que le sorprende al propio Álvaro Domínguez Antelo, de 44 años. “En un piso, cumplir el protocolo de aislamiento es bastante complicado, por no decir que imposible. Al final, te cruzas en el pasillo”, afirma.

“En un piso, cumplir el aislamiento es complicado; al final te cruzas en el pasillo”

Álvaro Domínguez Antelo - De 43 años

decoration

Álvaro Domínguez de 43 años, y su madre, de 64 años que nose contagió Pablo Hernández Gamarra

El primero en contagiarse fue el adolescente, unos días después de Reyes. Álvaro cree que debió de ser en una salida con sus amigos. “Lo detectamos porque tenía malestar general y le dolían las piernas como cuando tiene los estiramientos por crecimiento. Lo llevamos a urgencias, le hicieron la prueba y dio positivo”, explica.

A los pocos días, su mujer y él también dieron positivo, y esa misma semana Álvaro empezó a encontrarse muy mal. “Era como si me faltara la fuerza vital. Quería levantarme y no podía. Recorría 5 metros y era como haber hecho una hora de deporte. No me apetecía comer nada, solo beber, bebí muchísimo”, afirma.

Lo que hizo esta familia de Arcade para evitar que también la joven se contagiara fue pedir un cambio de residencia al Sergas, aprovechando que Judith había ido a hacer los exámenes del primer cuatrimestre del curso universitario al campus de Ourense y en la PCR que le realizaron allí dio de nuevo negativo. Ya no volvió a casa; se quedó en casa de sus abuelos, en Vigo. Mientras, su suegra les hacía la compra y se la dejaba en ascensor, donde ellos la recogían. Estuvieron en cuarentena hasta el 15 de febrero, algo más de un mes.

Esta rebaja de edad no es tan significativa ya en los enfermos ingresados

Como muchos otros pacientes, Álvaro perdió el olfato y el gusto, hasta tan punto de no saber si había echado sal a los guisos. Estos dos sentidos los ha recuperado ya, aunque hasta hace un mes y medio no era capaz de oler. De lo que no se ha recuperado aún es de la fatiga. “Vivo en un primero y siempre subo andando, algo que ahora me provoca una fatiga tremenda”, dice.

Álvaro afirma que hay que tenerle respeto al virus, aunque añade que no entiende bien por qué otras personas que son más laxas con las medidas de seguridad no se contagian y otras que son estrictas sí. “Tampoco entiendo por qué no te hacen una PCR antes de darte el alta. Mi mujer tiene que hacerse PCR en su trabajo y dio positivo con carga viral. A mí me iban a dar el alta sin más, pero porque mi mujer dio positivo me la hicieron y yo también di”, comenta.

Compartir el artículo

stats