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Los fondos europeos para la reactivación económica llenan de esperanzas a gobernantes y potenciales beneficiarios. Los primeros, por apuntalar su gestión en tiempos gaseosos, según reciente acuñación de Iván Redondo, el jefe de gabinete monclovita; los segundos, por mejorar las cuentas de resultados y relanzarse en nuevas actividades estratégicas.

Aunque la experiencia de tantos planes anteriores nos aconseja el camino de la prudencia, cuando no del escepticismo, las voluntades parecen ahora alineadas para sembrar España con 70.000 millones en subvenciones y otros tantos en préstamos hasta 2027.

Expertos como Antón Costas o la muy citada Mariana Mazzucato no solo celebran este voluntarismo económico europeo, arrepiados como están por la anterior receta de austeridad, sino que vienen a señalar las oportunidades que esta generosa derrama propiciaría en nuestras estructuras productivas y aún en las administrativas. En las primeras va de suyo que, aún por aplastamiento o inundación, tal caudal de dinero inyectado removerá los cimientos de muchas de nuestras empresas además de atraer a los fondos de inversión que rastrean el globo en busca de oportunidades. El efecto multiplicador de esta inversión pública y privada tendrá indudables efectos favorables sobre nuestro PIB, la productividad y ojalá que también sobre el empleo.

El efecto multiplicador de esta inversión pública y privada tendrá indudables efectos favorables sobre nuestro PIB, la productividad y ojalá que también sobre el empleo

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La oportunidad de redefinir el papel de lo público después de años de ataques ideológicos y recortes, es el gran tema de la economista italo-norteamericana Mariana Mazzucato (1968) y ha hecho de sus investigaciones una sugerente llamada a la adormecida, “perezosa” dice ella, conciencia socialdemócrata. “Todo el discurso de la izquierda se centra en la redistribución, pero no existe una narrativa progresista que explique bien de dónde surge la riqueza”, reflexiona la profesora de Economía en Londres. La llamada a un “Estado fuerte, pero reinventado” aguza el oído de políticos y pensadores de lo público, deseosos de encontrar la clave de bóveda que, limitando la subvención improductiva y la tradicional extracción de rentas públicas, redefina un nuevo papel del Estado, más activo e interviniente y más allá de su mero papel regulador.

Zona Franca, ayuntamiento de Vigo y Diputación -convendría que también la Xunta-, están dando pasos en la definición de proyectos susceptibles de hacerse realidad entre nosotros, en el área metropolitana viguesa. Importa el sesgo innovador que incorporen, así como su viabilidad en el tiempo, pero es fundamental preservar el equilibrado reparto geográfico de las inversiones. Para lograrlo es imprescindible la cooperación institucional. ¿Aprovecharemos la oportunidad?

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