El precio de la vivienda impide la emancipación de nueve de cada 10 jóvenes en Vigo

La disminución de la oferta de arrendamiento y la subida de tipos complica aún más el acceso de los menores de 29 años al mercado

Vista general de la ciudad.

Vista general de la ciudad. / Marta G. Brea

Lograr una vivienda en alquiler o venta en la ciudad sin desembolsarse una gran parte del sueldo o los ahorros es una quimera. Y los jóvenes, cuyos sueldos no son todo lo generosos que se desearía, lo saben y sufren. Según la información que manejan la Asociación de Empresas Inmobiliarias de Vigo (Asemi) y la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias (Fegein), más del 90% de los ciudadanos vigueses de menos de 29 años no disponen de recursos suficientes para poder emanciparse, un porcentaje que crece con el paso de los meses: hace aproximadamente un año, se situaba ligeramente por debajo de esos dos dígitos.

La causa principal que cierra las puertas de un nuevo hogar a los jóvenes es el precio tanto de los pisos y casas en arrendamiento como en venta, escenario que se vuelve más oscuro en un momento de marcada inflación. En el primer apartado, las cantidades asustan. Según los datos del portal inmobiliario Idealista, uno de los más empleados para la búsqueda de un techo, el metro cuadrado en alquiler se sitúa, de media, en 9,3 euros –con datos de mayo–, poco menos que en marzo y abril, meses en los que se elevó a 9,5 euros, récord histórico. Otro problema: la oferta se ha reducido considerablemente.

Basta con echar un ojo a las páginas web de ofertas de viviendas en alquiler para cerciorarse de que es sumamente complejo encontrar una opción asequible para los más jóvenes, que se tienen que conformar con compartir espacio con más inquilinos si quieren abandonar el nido. Como publicó FARO recientemente, apenas 70 pisos en arrendamiento cuestan menos de 700 euros al mes en la ciudad y la mayoría de los activos que bajan de esta cantidad solo disponen de una habitación y no superan los 60 metros cuadrados.

El presidente de Fegein y Asemi, Benito Iglesias, destaca que “jamás hubo menos oferta de vivienda en alquiler –sobre todo, debido al trasvase al circuito turístico “por rentabilidad y seguridad jurídica” y la “limitación de los porcentajes de incremento del precio mensual a la hora de renovar contratos y el tope de precios”– y nunca antes se alcanzaron precios tan altos”. “El año 2023 está siendo un ejercicio complejo en materia de vivienda en arrendamiento, con mucha incertidumbre y previsiones preocupantes para las unidades familiares de rentas medias bajas y bajas”, destaca Benito Iglesias.

“Los tipos de interés se mueven ya por encima del 4%, lo que expulsará del mercado al 18% de las familias viguesas que sí podían acceder a una hipoteca el año anterior"

Benito Iglesias

— Presidente de Fegein y Asemi

La situación que se registra en el mercado de compraventa es similar. El precio medio es de los más elevados de los últimos 10 años: 2.085 euros el metro cuadrado. En román paladino: comprar un piso de 100 metros cuadrados cuesta ahora 27.000 euros más que hace solo cuatro años. La ecuación se dificulta todavía más con el incremento de tipos: las hipotecas son más caras y el acceso a la financiación, más difícil debido al endurecimiento de las condiciones por parte de los bancos. “Los tipos de interés se mueven ya por encima del 4%, lo que expulsará del mercado al 18% de las familias viguesas que sí podían acceder a una hipoteca el año anterior. Este problema espoleará aún más la demanda de viviendas en arrendamiento”, advierte el representante de la patronal inmobiliaria.

A estas circunstancias, se suman otras desde el punto de vista sociológico: el desempleo juvenil o la dificultad para integrarse en un trabajo que ofrezca estabilidad, la prolongación de la vida académica –y la consiguiente demora en la incorporación al mercado laboral–, la falta de razones familiares que impulsen a los jóvenes a dejar a su familia –en algunos casos de generaciones anteriores, los contextos familiares autoritarios o rígidos no les permitían hacer la vida que deseaban, a diferencia de lo que ocurre ahora– y la inexistencia de un estímulo para formar una familia con una pareja estable.

En esta coyuntura de falta de vivienda a la venta tanto nueva –a la espera de la aprobación definitiva del nuevo Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM), que trae bajo el brazo unas 50.000 unidades residenciales– como usada o en alquiler choca con la cifra de casas y pisos vacíos en la urbe más poblada de Galicia. Son, según los datos actualizados que manejan Fegein y Asemi, más de 21.700. “Urgimos a las administraciones a desbloquear de una vez por todas la aprobación definitiva del PXOM. La situación actual es inaceptable e injustificable”, lamenta Benito Iglesias antes de reclamar a los organismos públicos medidas “más acertadas” para incorporar al mercado esas propiedades sin uso.

El presidente de Fegein y Asemi hace un llamamiento a agilizar los desarrollos de viviendas de protección oficial para incrementar la accesibilidad de los jóvenes a una vivienda digna. Y es que hay muy poca vivienda protegida en Vigo a pesar de la imperiosa necesidad de encontrar un techo en el que vivir sin dejarse una gran parte del sueldo o los ahorros. Según los datos publicados por el Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana, en la ciudad olívica, tan solo se han registrado 454 compraventas en los últimos 10 años. Suponen poco más del 2% de las 20.029 operaciones inmobiliarias totales, es decir, solo dos de cada 100 de las adquiridas fueron de protección, por lo tanto, más asequibles.

Demanda de protección

Ese 2% es más sangrante, si cabe, si se tiene en cuenta la cifra de demandantes de vivienda protegida, que crece con el paso de los meses. Según los datos del Rexistro Único de Demandantes de Galicia, hay 6.463 personas en Vigo que esperan por una propiedad de este tipo –casi una decena más que hace menos de una semana–, un número 14 veces superior al de viviendas adquiridas en este régimen en los últimos 10 años. Son 579 más que hace nueve meses. La olívica es la urbe gallega con la cantidad más elevada: seis y tres veces más que Pontevedra y A Coruña, respectivamente.