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Gran Vigo

La baza oculta de Hiperxel

El estrecho vínculo forjado entre dependientas y clientas durante años impidió que la crisis de la cadena se hiciese aún más grande

Consuelo, Coral y Dionisia en un Hiperxel de Vigo. Jorge Garnelo

Coral agarra de la mano a Consuelo mientras abraza con su izquierda a Dionisia. Lo hacen bajo el cartel de Hiperxel que cuelga en la calle Salamanca. Pegado al establecimiento, vecino del Hospital Ribera Povisa, un puesto de la ONCE reparte suerte en pequeñas dosis. No estaría de más comprar uno de esos boletos. No todos los días una empresa logra reestructurar una deuda de 13 millones.

El buque insignia de los congelados gallegos parece haber sobrevivido al peor de sus naufragios, que se ha tornado tan lento como angustiante para su plantilla. Compuesta fundamentalmente por mujeres incansables, lejos de saltar del barco han remado a contracorriente, mostrando la mejor de sus caras ante un insostenible temporal: tres meses sin cobrar y sin recibir nuevo producto, intentando no perder a su clientela.

Pero poco saben compradoras de toda la vida como Consuelo o Dionisia del profundo pasivo de Xeldist y Cíes. De los números negativos que dejó Juan José Villamizar, de los aproximadamente 300 acreedores que tiene la compañía o de los 2,8 millones que el fondo a cargo ahora de levantar esta evitable debacle –el finlandés Certior Credit Opportunities Fund– ha desplegado tras la esperada luz verde al plan de viabilidad.

Ellas hablan de la merluza o el bacalao que estos meses han echado en falta y, como no podía ser de otra manera, de lo mal que lo han pasado todas las dependientas. Porque ellas han estado ahí, acudiendo prácticamente a diario, aún cuando las neveras yacían desiertas de frío. A veces haciendo de confidentes, otras comprando, pese a no necesitar nada. Cada una a su manera, pero ayudando.

Son “clientas fieles”. Así las definen las trabajadoras que fueron consultadas ayer por FARO. Esa es, a sus ojos, la baza oculta de Hiperxel: su as en la manga. Y es que “es difícil cuantificar” cuán grande (todavía más) sería el agujero de Hiperxel si estas señoras no hubiesen estado ahí durante todo este proceso... Desde que en abril comenzaron a escasear ciertos artículos, un fenómeno que fue in crescendo hasta explotar cuando ya quedaba poco más que guisantes y empanados varios.

“Vienes a comprar con una idea y no compras lo que necesitas, tienes que adaptarte a lo que tienen”, afirma Dionisia, que junto a su hermana Pilar se hacía con una caja de bueyes y langostinos para festejar la Navidad. Aún no ha llegado el mendo que tanto les gusta, pero no importa. Ya han quedado con Coral en que, cuando lo haga, les avisará para ir a recogerlo. Según Consuelo, que como las anteriores lleva yendo al establecimiento de Salamanca desde que abrió sus puertas, todo lo ocurrido da “mucha pena”. “La cara que le veo muchas veces me parece que ya lo dice todo”, refleja tajantemente.

Todavía no “al 100%”

La mercancía de Casalnova, que continúa enviando marisco a un ritmo de 40 toneladas por jornada, ya se siente en las tiendas, aunque su imagen todavía diste bastante de la que lucía a comienzos de año. Gambón, almeja o vieira son algunos de los productos disponibles que vuelven a acompañar a las trabajadoras, que por su parte reconocen que aún no están funcionando “al 100%”.

“No es lo que era Hiperxel, pero vamos a ser un poquito optimistas y a ver qué pasa”, dice una, resaltando –como apuntan las previsiones– que esperan más marisco. Asegura que están siendo positivas, pues este lunes al fin cobraron dos nóminas de las tres que le adeudaba la empresa y para la semana que viene la restante.

La caja también va cogiendo forma. Las decenas de euros que hacían hasta hace poco, algunos días incluso nada, ahora son cientos. Fe de ello da otra dependienta. “Es un alivio”, señala, destacando el “importante apoyo” que ha supuesto la clientela: “La gente nos da la enhorabuena. Y no por ellas, porque están pudiendo volver a comprar lo que querían, por nosotras”.

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