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El bum de la comida a domicilio incentiva la búsqueda de pequeños bajos en la periferia

Un local comercial en alquiler en la calle Sanjurjo Badía. | // RICARDO GROBAS

La hostelería viguesa ha visto un filón en la entrega de comida a domicilio y se ha lanzado a aprovecharlo. La tendencia, que se consolidó durante la pandemia, se ha afianzado como una vía de ingresos adicional para muchos negocios. Por ello, en la ciudad olívica aflora un ansia por dar con pequeños locales en los que ofrecer servicios de reparto de comida o para llevar. Y las zonas del Calvario, Pizarro o Teis son especialmente apetecibles por su rango de precios, comenta Estefanía Loureiro, CEO del Grupo Galo.

Se buscan locales comerciales pequeños, bajos, y con licencia de restauración, pero no necesariamente en las zonas céntricas de las ciudades. Los barrios periféricos, no tan alejados, pero un poco más baratos se antojan como la pista de aterrizaje perfecta para concretar la oferta del delivery, expone Loureiro. “Les interesa menos la ubicación y más el precio. Sin embargo, pueden aprovechar esta localización si tienen servicio de take away”, reflexiona acerca de las posibilidades de negocio.

“Con el COVID, muchos establecimientos vieron que la entrega a domicilio era una solución a la poca carga de trabajo que tenían”, explica César Ballesteros, presidente de la Federación de Hostelería de Pontevedra (Feprohos). En esta vía de negocio, muchos vieron la posibilidad de diversificar su oferta sin los grandes costes de amortización que implica la apertura de otro gran local. Pero el reparto de comida a domicilio como tal no es que sea algo nuevo en la ciudad y, si no, que se lo digan a las pizzerías. Lo que sí es más novedoso es la democratización de las cocinas que se entregan puerta a puerta, recuerda Rubén Pérez, de la Asociación Zona Náutico.

Así es que los hosteleros sacan provecho de una tendencia que llegó a Vigo de la mano de empresas de delivery como Glovo, Uber Eats o Just Eat. A los negocios de restauración les interesa estar presentes en estas plataformas ya que, más allá de efectuar la entrega, se articulan un altavoz que da visibilidad a su negocio. “Es difícil que el cliente vaya a tu propia plataforma de venta, pero las empresas de delivery tienen una fuerza de venta muy alta”, detalla Ballesteros. También tienen desventajas, como las altas comisiones que cobran a los negocios que quieren utilizar su servicio. “Las condiciones contemplan una comisión del 30% del ticket del cliente”, detalla Pérez. “O eres muy grande o casi se hace necesario vender más caro en el delivery que en tu propio restaurante”.

El modelo de reparto será, según concluye Ballesteros, mixto. Algunos trabajarán con transporte propio. Otros se apoyarán en los riders con los que cuentan estas compañías. Vigo suma unos 120 repartidores de comida a domicilio que trabajan para las plataformas, aunque la cifra oscila al alza al contabilizar los refuerzos de fin de semana, desde que la operativa contempla la conexión libre.

La propuesta para estos locales dista, no obstante, de las cocinas fantasma que tanto popularizaron las plataformas de delivery. en las grandes ciudades Se trataría de locales de atención al público, por tanto, el sector se ha volcado en la búsqueda de espacios que rondan los 60 metros cuadrados, que incluyan cocina, un pequeño mostrador para la venta y, tal vez, una pequeña barra. “No está destinado a consumir allí, está enfocado a elaborar y vender. Nada que ver con un establecimiento tradicional”, reflexiona Ballesteros.

En Vigo, en las zonas del Calvario, Pizarro o Teis, el alquiler de un local de 60 metros cuadrados ronda los 300 euros. Los que otean el mercado para alquilar uno de estos locales son nuevos empresarios. “Mayoritariamente son nuevos negocios, apunta el presidente de los hosteleros pontevedreses. El tipo de restauración que proliferará será, por tanto, de cocinas que mejor se adapten al transporte y la entrega a domicilio.

El coronavirus abrió la puerta a experimentar con la entrega a domicilio. Para muchos, sencillamente, no se antojaba una opción rentable. Otros, aún hoy, no encuentran la manera de hacer llegar su producto en condiciones similares a las del restaurante: “¿Cómo envías un lenguado a la plancha?”, cuestiona Ballesteros. Sin embargo, para otros se abrió una puerta a diversificar sin altos costes de inversión. Por ejemplo pone el portavoz de Feprohos el restaurante de Estrella Michelín Maruja Limón, que adaptó su carta a este servicio: “tiene una serie de platos diseñados para enviar a domicilio. Es más, no los puedes degustar en el establecimiento”, matiza Ballesteros. El proceso es similar al que vive el comercio con el ecommerce, expone el paralelismo Pérez. “El pequeño negocio intenta quedarse con parte del pastel”.

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