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La "maquinación" que enredó el caso Déborah

Déborah Fernández.

Déborah Fernández. FdV

En ocasiones uno no debe fiarse de las apariencias. Esta fue la máxima de partida de los agentes de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de Madrid que en 2009 cogieron las riendas del caso Déborah. Por aquellas fechas, habían transcurrido ya siete años desde que en 2002 el cadáver desnudo de la joven había aparecido al lado de la cuneta de una carretera de O Rosal, en una zona de maleza tupida donde abundaban zarzas, acacias, helechos y matorrales con flores. Y a más de 40 kilómetros de su ciudad natal, Vigo, la misma en la que había desaparecido diez días antes. Aquel nuevo equipo afrontaba el reto de lograr lo que no habían conseguido los anteriores: la resolución de una causa de una complejidad desconcertante. Cierto que casi desde el principio la lupa policial se posó sobre un sospechoso del entorno de la joven, pero por saber, ni siquiera se sabía cómo había fallecido la víctima. Causa de la muerte "indeterminada", rezaba a modo de conclusión el informe de los médicos forenses.

En 2019, FARO tuvo acceso al sumario de un caso que, tras la campaña emprendida por la familia de Déborah, volvió a ser objeto de investigación policial. El último atestado previo a dicha investigación es ese de 2009 y 2010 en el que los agentes decidieron ser "reticentes ante lo aparente". Lo "aparente" era que quien había hecho aquello a Déborah tendría que ser "necesariamente" el varón al que pertenece el ADN del semen hallado en el cuerpo de la joven. Parecía lo lógico y de hecho en eso se centró la Policía Nacional los primeros años. Pero... ¿y si no fuera así? ¿Y si aquello era en realidad una maniobra para despistar? ¿O una "maquinación", como describe literalmente el documento policial?

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Así que aquellos agentes, que bautizaron sus indagaciones como Operación Arcano, realizaron planteamientos "alternativos" para tratar de explicar los hechos. "Las pesquisas no deben limitarse únicamente a la identificación del individuo al que pertenece el perfil de ADN obtenido, pues la desaparición y posterior muerte de Déborah está rodeada de ambigüedades y contradicciones en el modus operandi y al iter criminis, lo que obliga al planteamiento de otras hipótesis probables", explicaban en el atestado.

Y así fue, porque expusieron cuatro tesis distintas de lo que le habría sucedido a Déborah. Y la bautizada como "Hipótesis D" era, a ojos de estos expertos, la más probable. La que cobraba "relevancia" a la vista de los "indicios" existentes. Esa tesis exponía que quien se topó con la viguesa el día de su desaparición era alguien "estrechamente relacionado con ella" , que adoptó "máximas precauciones" para limpiar cualquier vestigio del cuerpo y también a la hora de deshacerse del mismo. Y que, para que no lo relacionaran con aquello, creó un escenario "artificial" en torno al cadáver. Ahí estaba el planteamiento "inédito" de ese equipo de la UDEV. Lo que sugerían era que el semen hallado en el cadáver fue introducido post mortem. "Es posible obtenerlo [el semen de un varón anónimo] en algunos lugares conocidos en todas las ciudades", decían. La retorcida maniobra se habría completado con otras pistas falsas: un preservativo usado, su funda y un pañuelo de papel recogidos al lado del cadáver.

Antes de ahondar en esa hipótesis clave que se consideró -al menos hasta ahora- la más probable, es preciso conocer cuáles eran las otras tres. Todas parten de un mismo escenario inicial, el de la "curva del matadero" de Alcabre en Vigo donde Déborah fue vista aquel 30 de abril de 2002 en que desapareció cuando, a las 20.45 horas, iba hacia su casa tras haber salido a correr por Samil. Solo nueve minutos de caminata a pie la separaban de un domicilio al que nunca llegó. ¿Quién se cruzó con ella?

La "Hipótesis A" expone que la joven, que en aquellas fechas estaba a pocos días de cumplir 22 años, fue abordada en esa zona de playas "por dos individuos desconocidos" que "bajo intimidación" la introdujeron en un vehículo. Habría sido agredida sexualmente y la víctima acabó falleciendo, "bien por causas naturales o bien por una acción criminal mediante una asfixia por sofocación" (las dos posibles explicaciones a la muerte que aportaron en su día los forenses). Los captores mantuvieron el cadáver oculto "seis o siete días" y finalmente decidieron deshacerse de la fallecida, dejándola desnuda y despojada de sus efectos personales.

El rapto, descartado

Esta tesis fue descartada. "La situación que se plantea parece no contar con argumentos sólidos que puedan sostenerla, mientras que sí se aprecian evidencias de todo lo contrario", esgrimieron los investigadores. ¿Por qué? Porque una "acción intimidatoria" para raptar a Déborah en esa carretera de Alcabre tendría que haber sido vista por alguien en aquel transitado vial. Porque la chica, aunque "miedosa", tenía "temperamento", así que no se entiende que no hubiese opuesto "una mínima resistencia". Y es que no se halló ni una sola lesión de defensa (de hecho, el cuerpo no presentaba ningún signo de violencia ). Además, ¿Si fue abordada y violada, como es que los forenses no vieron lesiones típicas de una agresión sexual? Y a todo ello se une que en una acción criminal de estas características, la máxima de todo homicida es deshacerse cuanto antes del cadáver. ¿Por qué tardar casi una semana en abandonarlo, y además dejándolo prácticamente a la vista sabiendo que antes o después sería hallado?

Descartada esta teoría, las denominadas como B y C son muy similares. La hipótesis B ahonda en que en esa "curva del matadero" Déborah se habría topado con un hombre "solo conocido por ella" con el que tendría una relación secreta y con el que se subió a un coche. De nuevo se plantea que la chica, en un momento dado, murió por causas naturales u homicidas y que, en las mismas circunstancias que en la primera tesis, fue abandonada una semana después en O Rosal.

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"Este supuesto puede considerarse posible, si bien a la vista de lo investigado, que Déborah pudiera tener una relación con un individuo, y que ésta fuera ignorada por todas las personas de su entorno más próximo, no parece lo más probable", concluyen los policías. Y ello por sus circunstancias personales en aquella época y por estimarse difícil que, de existir esa persona, nadie, alguna amiga o algún familiar, lo supiese. Además, no apareció rastro en el teléfono móvil de la fallecida -cuyas llamadas entrantes y salientes fueron analizadas- de que se comunicara con alguien desconocido para el resto de sus allegados.

Tras hacerse un análisis de la también improbable hipótesis C, en la que se apunta como protagonista a un varón con el que Déborah también tendría una relación secreta si bien en este caso el hombre sí sería conocido por su entorno, los agentes pasan a la que ven clave y en la que, de hecho, profundizaron en las pesquisas que hicieron esos 2009 y 2010 tras los que, por falta de avances, la jueza decidió archivar provisionalmente la causa.

La tesis clave

Y esa hipótesis D apunta a alguien "estrechamente relacionado" con ella, con el que la joven va a su domicilio. La muerte de nuevo podría haber sido natural u homicida y en este caso no hay relaciones sexuales. Déborah, cuando falleció, estaba vestida, como indican las marcas que su ropa interior y la malla de deporte que llevaba dejaron en su piel. Y así estuvo, con ropa, "al menos entre 12 y 17 horas" post morten.

Para los investigadores, la explicación a que la persona que estaba con ella la desnudara ya muerta es que temiese que en la ropa quedasen vestigios biológicos que lo incriminase. El cadáver estuvo oculto días en un lugar cerrado con temperatura más baja de la ambiental, quizá un arcón frigorífico. Y finalmente quien hizo aquello acabó "depositando" a Déborah en O Rosal, un lugar lo suficientemente lejano de Vigo. En ese traslado no se descarta que le ayudasen terceras personas. La intención, en todo caso, habría sido que el cuerpo fuese antes o después descubierto. No se entiende de otra manera que fuese dejado a solo un metro de la cuneta.

Un total de 21 fibras de varios colores aparecieron en el cabello de la joven. Algo que apunta a que en el traslado la taparon con una especie de manta o alfombra. Un cordón verde de seda hallado bajo su cuerpo habría sido usado para sujetar dicha prenda. El resto de elementos, el semen del cuerpo de Déborah y el preservativo usado que había al lado -con perfiles de dos individuos distintos-, no serían más que una "maniobra de maquinación", pistas falsas para llevar por derroteros equivocados la investigación.

Una década después de que se perfilase esa hipótesis, las pesquisas ahora cuentan con un nuevo equipo de investigadores. Unos agentes que darán otra oportunidad al caso de Déborah.

EL ARCHIVO DE 2010: "NO PUEDE ATRIBUIRSE A NADIE LA AUTORÍA MATERIAL NI SE SABE SI LA MUERTE FUE HOMICIDA"


Los investigadores de la Operación Arcano entregaron en 2009 en el Juzgado de Instrucción 2 de Tui un atestado de 119 folios con sus hipótesis y solicitando pruebas, algunas forenses y otras relacionadas con el que fue el principal sospechoso policial (nunca fue imputado judicialmente). La jueza autorizó la mayoría, entre ellas la inspección de un vehículo. Eso sí, sin dejar de exponer que a esas alturas habían transcurrido casi ocho años desde que fueron los hechos y que aquello debería haberse realizado antes. 

En el sumario se apunta a que los días en que Déborah estuvo desaparecida, un vigilante de un parking donde se dejó ese coche habría dicho que “olía a muerto”. Pese a usarse luz forense y luminol, en el turismo no se hallaron vestigios de interés para el caso. Interrogatorios, reconstrucciones efectuadas por los agentes a pie y en coche del trayecto de Déborah el día que desapareció y otras pesquisas centraron las indagaciones. Pero el caso, otra vez, se topó en un callejón sin salida.

La jueza, en un auto de 21 de septiembre de 2010, archivó provisionalmente la causa. Las diligencias practicadas habían sido “infructuosas”. La magistrada veía “numerosas contradicciones” en el sospechoso, pero de la autopsia y de las periciales “no se pudo obtener dato objetivo o biológico alguno” que le sitúe con la víctima o en el lugar donde apareció. “Tras ocho años de instrucción no ha podido atribuirse a persona alguna la autoría natural de la muerte de Déborah ni puede concluirse que ésta haya sido homicida”, concluía, señalando que, “de ofrecerse nuevos datos”, se valoraría la reapertura judicial.

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