08 de agosto de 2018
08.08.2018

El tiburón azul mantiene su idilio con las Rías Baixas

Biólogos investigan las causas de este fenómeno que se repite en los últimos veranos

08.08.2018 | 01:42
El tiburón azul mantiene su idilio con las Rías Baixas

Lanzaron las liñas en busca de caballa... y de las olas surgieron dos ejemplares de tiburón azul con apenas unos minutos de diferencia que enseguida fueron devueltos al mar. Las Rías Baixas vuelven a ser el escenario de un "inusual" fenómeno: la proliferación veraniega de ejemplares jóvenes de tintorera - Prionace glauca-, cuya explicación persigue un grupo de biólogos desde que se constató esta insólita presencia en 2015.

En los últimos días, se han avistado ejemplares en plena orilla de la playa de Rodas, en el espigón de Baiona, y también en cabo Ortegal y Corrubedo. "Es una especie oceánica que vive muy lejos de la costa, por eso sorprende este comportamiento costero e incluso intermareal. Tiene lugar entre finales de julio, agosto y septiembre y los ejemplares avistados no superan, como mucho, los 80 centímetros. Hay muchas incógnitas porque no tenemos constancia de que ocurriese antes ni tampoco en otro lugar", destaca Gonzalo Mucientes, actualmente investigador del Cibio (Centro de Investigación en Biodiversidad y Recursos Genéticos) de la Universidad de Oporto y uno de los expertos que estudian este fenómeno.

Las tintoreras que acceden a las rías gallegas nacieron en los últimos meses o el año anterior y, entre las posibles hipótesis que explicarían su reciente querencia por las aguas costeras, los investigadores ya han descartado que persigan alimento. "Son depredadores oportunistas y no vienen buscando ninguna presa en concreto. Analizamos el estómago de varios ejemplares muertos y no se observa ninguna especie preferencial. Unos estaban vacíos y en otros encontramos invertebrados", añade.

Así que las razones más probables del fenómeno, tal y como los investigadores ya han apuntado en sus primeros artículos científicos sobre este tema, podrían estar relacionadas con el aumento de la temperatura del agua, cambios en las condiciones oceanográficas o una reproducción intensa en alta mar.

"Podríamos estar ante años de un reclutamiento muy elevado y entonces, por presión demográfica, los ejemplares juveniles se aproximan a la costa. Y otra posibilidad es que estén cambiando las zonas de cría. En todo caso, no queremos aventurarnos y hay que estudiar bien todas las hipótesis durante varios años para responder a esta pregunta", avanza Mucientes.

Durante 2016 y 2017, los biólogos registraron un total de 106 ejemplares de tintorera en aguas costeras gallegas. Y, en lo que va de verano, el número de observaciones es similar al de años anteriores. Las de los últimos días coinciden además con temperaturas inusualmente elevadas en el agua, que han llegado a los 25 ºC en la playa de A Ladeira y los 23 ºC de A Lanzada.

Los dos ejemplares avistados el domingo en la Ría de Pontevedra, frente a la costa de Bueu, fueron pescados al curricán a última hora de la tarde desde una embarcación de recreo y devueltos inmediatamente al agua tras ser liberados del señuelo. Sus ocupantes también informaron a los biólogos de la captura para que la incluyan en su base de datos y sea de utilidad en sus estudios.

Qué hacer si te encuentras una tintorera
Este raro fenómeno brinda a los vecinos de las Rías Baixas el privilegio de disfrutar de la elegante fisonomía del escualo y su brillante color azul, pero también aumenta la vulnerabilidad de la especie: "Son ejemplares muy jóvenes e inofensivos. No hay que molestarlos ni acercarse a ellos para evitar asustarlos. Tampoco tocarlos. En caso de pescarlos hay que liberarlos del señuelo con cuidado porque pueden rascar con los dientes y lo mismo si varan en la playa para intentar devolverlos al mar. Y además no son comestibles, apenas tienen carne".

Aunque la tintorera, especie vivípara, se reproduce cada año y sus camadas son numerosas, su maduración sexual es lenta -de entre 4 y 7 años, hasta alcanzar los 220 centímetros-. De ahí la necesidad de preservar los juveniles. En el caso del marrajo, otra especie pelágica que no cría anualmente y cuyas hembras pueden tardar hasta 20 años en alcanzar la madurez, ya han saltado las alarmas, tal y como Mucientes y dos colegas de Plymouth y Southampton advirtieron en un reciente artículo publicado en Science.

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