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Faro de Vigo

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Jorge Mira Físico y divulgador científico

“Los físicos ya no tienen que emigrar”

“Percibo un cambio de ciclo; cada vez son más las empresas tecnológicas que demandan estos profesionales y los recién egresados encuentran empleo”. “Las sequías prolongadas como la de este verano irán a peor”

Jorge Mira en Santiago de Compostela. Xoán Álvarez

Cuando tuvo que escoger entre ciencias y letras en el instituto preguntó si podía estudiar ambas y ante la negativa se decantó por las primeras porque las matemáticas y la física le tiraban especialmente. Jorge Mira (Baio, Zas, 1968) es uno de los divulgadores científicos mas veterano de Galicia. Combina su trabajo de catedrático de Electromagnetismo del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela con una intensa labor de divulgación científica en medios de comunicación y con la publicación de artículos académicos en revistas científicas de diversas áreas del conocimiento, incluyendo las humanidades. Es una especie de Leonardo da Vinci del siglo XXI.

– Estamos acabando un verano de temperaturas máximas récord, ¿esta va a ser la tónica general a partir de ahora y ha de atribuirse al cambio climático?

– En casi todos los sitios ha habido temperaturas anormales, pero yo soy de la Costa da Morte, de Baio (Zas, A Coruña), y en esa franja solo se superan los 25 grados de máxima entre dos y diez veces al año según una estadística que hice, con lo cual para nosotros las temperaturas no fueron tan altas. Hecha esta salvedad, evidentemente es efecto del cambio climático no el hecho de que haya una ola de calor, sino que esos episodios extremos se produzcan con mayor frecuencia. De cara adelante veremos que este problema de este verano va a aparecer con mayor frecuencia, las vicisitudes de sequías prolongadas serán mayores en un futuro, siempre iremos a peor.

– Los mensajes que manda la comunidad científica son desesperanzadores, ¿la situación ya es irreversible?

– No, pero esto es como un coche que va a velocidad extrema y si levantas el pie del acelerador, el coche no se detiene automáticamente, va a seguir circulando. La cuestión es que no levantemos el pie del acelerador cuando el proceso sea ya irreversible. Si reaccionamos ahora, vamos a pasarlo mal, durante unos años, pero esos años de futuro que estemos mal serán menos. Un premio Nobel que traje a Santiago hace unos años decía que si la humanidad no corregía su rumbo en el tema climático sería el fin de la civilización occidental tal y como la conocemos a finales de siglo.

– ¿Qué opina de los mensajes de científicos que se muestran en Telegram y otros canales negando el cambio climático?

– En todos los colectivos hay pirados, incluso en personas que están en las élites de sus disciplinas pero no son especialistas en otras áreas. La mayoría de los premios Nobel declinan hacer comentarios sobre temas que no son de su especialidad, pero otros sacan la lengua a pastar y se aventuran a decir barbaridades. No podemos hacer caso a ese porcentaje mínimo de gente que es anormal o está pirada. Hay un consenso en más del 95% de la clase científica sobre el cambio climático, es un porcentaje abrumador. No hay discusión.

– Dejando el verano y mirando al otoño, usted formó parte de la comisión de expertos par la revisión de la hora oficial en España, ¿cuál es su postura sobre el cambio horario?

– Mi postura es que tenemos que seguir haciendo dos cambios horarios anuales como hasta ahora, con solo un matiz que ya comenté en la revisión: adelantar a finales de septiembre el cambio que se hace a finales de octubre para hacerlo coincidir con el equinoccio de otoño. El cambio horario estacional es necesario porque vivimos en un planeta donde hay una oscilación muy importante en su exposición al sol y eso hace que la duración del día y la noche varíe mucho, por tanto hay que cambiar la hora para que el ritmo de vida de las personas se ajuste a las horas de luz natural del sol. No hacerlo sería un despropósito. En la latitud de Vigo, por ejemplo, el día pasa de tener una duración de nueve horas de luz en invierno a 15 horas en verano; si no se hiciese el cambio estacional de hora , amanecería entre las 9 y 10 de la mañana entre tres y cuatro meses al año –de noviembre a febrero– y si te quedas siempre con el horario de invierno, en la costa catalana entre mayo y agosto amanecería entre las 5 o 6 de la mañana.

– ¿Y los efectos sobre el gasto energético?

– Hay un estudio del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) que concluye que prácticamente no hay ahorro, pero hay que cogerlo con pinzas porque los cálculos so estimativos, no reales. El experimento irrealizable que nos daría datos reales sería en medio del verano cambiar un día al horario de invierno, sería como apagar una hora de sol en momentos de mucha actividad humana y, por tanto, veríamos unas cifras de consumo mayores a las que calcula el IDAE.

"Hay un consenso de más del 90% de la comunidad científica sobre el cambio climático. Hay negacionistas porque en todos los colectivos hay pirados”

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– Como profesor de universidad, ¿qué opina de la enseñanza de la ciencia en el sistema educativo a juzgar por como llegan los alumnos a la facultad?

– No conozco tanto el sistema, lo que sí percibo cuando hablo con personas que están en la enseñanza secundaria es que hay cierta prisa por parte del profesorado y menos vocaciones que antes; y, a la vez iniciativas muy elaboradas que cuentan con recursos que en mi época de estudiante, en los ochenta, no había. En la facultad de Física vivimos en una especie de burbuja porque es una titulación que cada vez tiene unas notas de corte más altas, así que llega la crema del alumnado, gente preparada con mucha capacidad de trabajo.

– Pero al acabar el grado emigran para encontrar empleo.

– Cada vez menos. Algo que puede parecer paradójico en plena crisis de empleo es que para ciertos puestos no es así. Acabo de crear una empresa spin off de base tecnológica para calcular el movimiento de aire en locales cerrados y no encuentro los profesionales que busco; y eso no es porque hayan emigrado sino porque la gente que acaba no tiene problema laboral. Estos días está saliendo en los medios que en matemáticas hay un problema de escasez de profesores, es decir, están saliendo más plazas de profesorado de instituto que alumnos egresan en el sistema universitario gallego. Hay un cambio de ciclo, por lo menos en física y matemáticas los graduados ya no tienen que emigrar. Cada vez hay más empresas de bases tecnológicas que demandan estos profesionales.

– Y como divulgador, ¿cómo valora la labor de divulgación científica en los medios de comunicación?

– Soy de los que ve el vaso medio lleno. Tengo 53 años y soy de los divulgadores mas antiguos de Galicia. Cuando empecé , en los 90, no había prácticamente nada, fui pionero en programas de radio y televisión, en las primeras secciones de divulgación. Ahora veo un montón de iniciativas, sobre todo en Galicia. Desde luego en el tema de la divulgación cualquier tiempo pasado fue peor. También últimamente con el tema de la pandemia empezaron a salir muchas pseudociencias, fakes, bulos y teorías conspiratorias que hacen necesario que salga más divulgación para combatir esa desinformación que afecta a la seguridad y calidad de vida de las personas.

– ¿Cuándo descubrió su vocación por la física?

– Para mí fue un proceso natural y paulatino, te vas orientando poco a poco, se me daba bien todo, incluso cuando me dieron a escoger entre ciencias y letras me dio pena y hasta pregunté si se podía seguir haciendo todo. Me dijeron que no. Vas eligiendo porque el sistema te obliga, escoges lo que más te gusta, que en mi caso eran la física y las matemáticas, aunque me hubiera gustado hacer biología, geografía e historia, psicología, de todo.

El físico y divulgador Jorge Mira. Xoán Álvarez

– Es una especie de Leonardo da Vinci.

– No lo había pensado, es una buena reflexión. Quizás ese espíritu que tenía Leonardo era el que yo tenía en el instituto cuando quería estudiar todas las asignaturas de letras y ciencias. Un rector me decía que no conocía otro caso como el mío en Galicia. Tengo producción científica en revistas internacionales en prácticamente todas las áreas del conocimiento: artículos académicos con gente especializada en filología (de hecho soy académico correspondiente en la Real Academia da Lingua), con médicos (en reumatología, oftalmología), otros que he enviado a publicaciones de ciencias políticas, de ingeniería eléctrica, química y civil, de física y matemáticas, de materiales y hasta de deporte. Esta semana tuve una reunión con un grupo de geógrafos para hacer un proyecto europeo de geografía.

– Y ha recibido premios en diversas áreas, ¿cuál le ha hecho más ilusión?

– Es una pregunta difícil; voy a decir dos: cuando quedé finalista del Premio de la Real Sociedad Española de Física al Investigador Novel en 1999 y el que me dedicaron este año en mi pueblo, en Baio, al ponerle mi nombre a un plaza enorme por acuerdo unánime entre gobierno y oposición. Es diferente a todos los premios académicos que he recibido , ver esa placa de bronce con mi nombre en esa plaza me genera un impacto emocional importante, un sentimiento de gratitud y hasta el síndrome del impostor, porque dudas si es correcto o no.

– También practica o ha practicado ajedrez, bailes de salón, parapente, taekwondo y esgrima, ¿le queda tiempo para dormir?

– Algo importante para gestionar bien el tiempo es tener una sensibilidad tal que te haga hervir de malestar cuando notas que estás perdiendo el tiempo. Eso me pasa a mí.

– ¿O sea, que con usted no va eso del dolce far niente?

– Eso también es importante. Me encanta no hacer nada, uno de mis hobbies es mirar las nubes y rascarme la barriga.

– Hablando de nubes, una de sus investigaciones anecdóticas se basó en calcular la temperatura del cielo y del infierno.

– Fue un artículo no de ciencia seria, digamos, una especie de broma anecdótica que salió en una revista internacional. Surgió por la corriente creacionista que en Estados Unidos es muy fuerte e incluso está en las alas más conservadoras del partido republicano –un asesor de George Bush padre había calculado que el cielo era más caliente que el infierno, y en Kansas llegaron a abolir contenidos de la teoría de la evolución de Darwin porque la Biblia decía otra cosa–. Entonces un compañero de facultad y yo dijimos “vamos a calcular la temperatura del cielo y el infierno basándonos en datos de la Biblia”. Y así fue. Contradijimos lo dicho por ese alto cargo de la administración Bush treinta años antes y hubo tal revuelo que salimos en las revistas Times y New Yorker y la alemana Der Spiegel. Nos salió que el infierno estaba a 444 grados centígrados y el cielo a 232.

Jorge Mira en Santiago de Compostela. Xoán Álvarez

– ¿A qué altura está el cielo?

– Ese es el título de mi último libro, que mi editor llama un long seller porque se sigue vendiendo cinco años después de publicarse y tras ganar el Premio Ciencia en Acción como “Mejor material didáctico de ciencia”. En él hago una revisión histórica sobre cómo fue evolucionando el conocimiento del ser humano acerca del universo y su tamaño. De pequeño me preguntaba eso. La respuesta es que de día el cielo está a 25 kilómetros de altura, que es la distancia a la que la cúpula celeste que vemos ya no existe. De noche, cuando está negro, la cosa cambia y se han ido dando diferentes respuestas desde la Grecia clásica hasta la actualidad.

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