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Faro de Vigo

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El ligón, cuando ve liguero, anda ligero

Instrumento de moda para ligar en el siglo XXI.

Qué habría sentido Ovidio, que con su Arte de amar escribió el primer manual para ligar (aunque fuera en verso y antes de Cristo) si hubiera visto el jueves Encuentros inesperados en La Sexta? Mamen Mendizábal reunió alrededor de una mesa a Carmen Lomana, Lorena Castel, Juan y Medio y Eduardo Lubiño, el más joven con sus 31 años, un tipo encantador y senador por Más Madrid. Lomana, la mayor, ligaba pero dentro de cientos parámetros de estilo y espacios como la ópera o en un viaje “cuando notas, a los 3 días, que ardes en llamas”; le encantan las citas clandestinas; Juan y Medio no especificó pero afirmó que el que tiene sentido del humor liga antes y dudó que hoy saliera la gente a ligar en el sentido más constructivo de la palabra; Lorena reconoció que a veces utiliza las aplicaciones del teléfono y Lubiño dijo tener pareja sólida y con planes de futuro pero abierta, conscientes de que con su juventud no se pueden cerrar a otras experiencias.

No estaban haciendo nada más nuevo que aquello que trató hace 20 siglos con mucha inteligencia Publio Ovidio Nasón en su Ars Amandi, libro que yo leí encantado en mi posadolescencia y una parte del cual dedicaba a dar consejos de conquista a las mujeres además de desvelar las tretas para engañarlas que usaban los seductores. Algunos lo acusaron de frívolo olvidando, como bien señal Irene Vallejo en esa obra de arte literaria que es El infinito en un junco” que la frivolidad puede ser profundamente subversiva. Al final, su obra máxima fue considerada en la Roma de Augusto un libro inmoral y peligroso, y él tachado de maestro de adulterios obscenos, entre otras cosas porque los juegos eróticos que él enseñaba ocurrían fuera del matrimonio. En el encuentro televisivo del que hablo no iban tan lejos, no quisieron meterse en las arenas movedizas de las infidelidades, pero añadían algo que a Ovidio le hubiera resultado cosa mágica: entre las claves del ligue actual incluían, para establecer la primera cita, el uso de las nuevas tecnologías para situarse en el mercado de la oferta y demanda por medio de algún portal de Internet. Un modo ágil para optimizar encuentros en una sociedad de la prisa, sin tiempo para nada.

Yo he dejado hace siete u ocho año esas artes amatorias en la diversidad y no por mi edad sino porque decidí concentrar mis energías en una sola causa, lo cual a veces da cierta “morriña” del otro, te hace pensar en lo que pierdes de novedades, pero te consuelas pensando en lo poco que derrochas y lo mucho que ganas en la pareja, en eso que ya tienes y te funciona. Eso sí, llegado a esa edad en que, con la mochila casi llena de memorias, puedes invertir todos los conocimientos adquiridos en amar del mejor modo a una sola persona. Ligar es como montar en globo, una aventura con cierto riesgo y a veces es preferible la imaginación. Yo reconozco que a estas alturas de mi vida me da cierta desgana todo ese proceso que acaba, cuando acaba bien, obligándote a quitarte la ropa con un extraño y, cuando acaba mal, enamorándote.

Lo nuevo es que estamos en un momento de la historia donde todo parece estar interconectado, y las redes sociales toman un papel protagónico en la forma en la que los seres humanos se comunican y se ligan, y yo no formo parte de esa cultura de las telecomunicaciones amorosas. Es cierto que las aplicaciones para ligar que puedes tener en tu móvil y las redes sociales han simplificado el trabajo pero los de mi generación no se ven duchos en esa tácticas digitales, acostumbrados a sobrevivir al amor, a moverse por vericuetos (o acueductos) más primitivos y dependientes del encuentro físico. ¡Oh, l’amour!

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