Al Celta se le indigestan las rotaciones

El equipo celeste paga su fragilidad defensiva y falta de pegada con una derrota ante un Villarreal más acertado en los metros finales | Jackson, con un doblete en 12 minutos, y Terrat decidieron el choque

Las rotaciones se le indigestaron al Celta en La Cerámica, donde el grupo de Carvalhal no logró sobrevivir a un catastrófico arranque de partido del que el Villarreal sacó un enorme provecho. El equipo de Setién golpeó con un doblete en 12 minutos de Nicolas Jackson y puso demasiado pronto cuesta arriba un encuentro que los groseros errores defensivos, la falta de pegada de los celestes y el mal arbitraje de González Fuertes convirtieron en una misión imposible.

El cuadro amarillo se permitió el lujo de desperdiciar un penalti antes de que Larsen, titular ayer en punta junto a Seferovic, recortase distancias tras un buen servicio de Cervi, y metiese al Celta en un encuentro en el que dominó durante muchos minutos la pelota, aunque sin generar graves problemas a Reina, que conjuró el peligro con un par de buenas intervenciones. El gol a la contra de Terrat en el segundo tiempo, justo cuando el Celta había puesto cerco a la portería groguet y estaba volcado con toda su artillería sobre su área, dejó el choque visto para sentencia bastantes minutos antes de que González Fuertes (de nuevo un dolor para el Celta) pitase el final. No carbura este Celta con la segunda unidad como tampoco lo hizo hace unos días frente al Elche con la primera, a la que ayer decidió dar Carvalhal descanso por claros síntomas de agotamiento. Con excepción de Cervi, que firmó un encuentro brillante y dio su quinta asistencia del curso, el Celta fue un equipo plomizo, parco en ideas y pobre en la ejecución y blando atrás, con errores de los que cuestan partidos ante un rival que presume (Jackson lo dejó claro) de pegada y no perdona regalos.

Llama la atención el bajo momento de forma de algunos jugadores. Óscar Rodríguez lleva demasiado tiempo desaparecido y dilapida cada nueva oportunidad que se le presenta; Larsen necesita demasiadas ocasiones para hacer gol, y Luca, incómodo en banda derecha donde ayer lo alineó Carvalhal, no acaba de atreverse a explorar el remate o dar un pase decisivo. Tampoco es que la gente de la primera unidad, cuando el estratega luso decidió sacar toda la artillería en busca de la remontada, mejorase gran cosa al equipo. Entraron primero Aspas, Veiga y Beltrán y más tarde Miguel Rodríguez y Paciencia, pero el tercer gol del Villarreal cortó todo conato de reacción.

Todo fue, en realidad, rodado para el Villarreal. El campo se inclinó para los de Quique Setién antes de cumplirse el primer minuto de juego con una pérdida fatal de Óscar en un intento de pase a Tapia que Yeremi Pino convirtió en un mano a mano entre Jackson e Iván Villar. El delantero amarillo se plantó frente al del Aldán con todo el tiempo del mundo y definió impecablemente, sin dar opción, a la derecha del cancerbero céltico. Tapia, que tuvo que ser atendido tras la jugada pidió falta, pero el VAR concedió el gol tras revisar la jugada.

Antes siquiera de digerir el golpe, equipo vigués recibió el segundo con un pase de Lo Celso a la espalda de la defensa que Jackson recogió para plantarse en solitario ante el portal celeste y anotar tras recortar al portero. Dos llegadas dos goles ante un Celta impreciso y poco centrado que no sacaba partido de la presión alta con la que intentaba apretar al Villarreal. Y por si las cosas no le fueran propicias a los de Quique Setién, González Fuertes castigó a los celestes con un difuso penalti por falta de Óscar Rodríguez (¡Vaya tarde!) a Yeremi Pino.

Parejo, el especialista del Villarreal en los lanzamientos desde los 11 metros, se recreó en el lanzamiento a lo Panenka y el balón se perdió sobre la portería celeste. Un regalo caído del cielo justo cuando el partido amenazaba con ponerse imposible. El error despertó al Celta, que imprimió algo más de verticalidad y mordiente a su juego. Y en una acometida por la izquierda, encontró el gol en cuatro pases: Unai la puso en largo para Larsen, que combinó con Cervi y este se la devolvió al noruego en el área para que conectase un disparo raso que cruzó un mar de piernas antes de alojarse en el fondo de la red. Casi sin quererlo, el Celta estaba de nuevo en el partido.

Larsen celebra el gol del Celta en La Cerámica.   | // LOF

Larsen celebra el gol del Celta en La Cerámica. / LOF

Y aunque Jakcson dispuso de un par de ocasiones más que no encontraron puerta y Chukwueze dilapidó otro mano a mano frente a Villar, fue el equipo vigués el que más se acercó al gol en el último cuarto de hora del primer tiempo, primero con un tiro de Javi Galán providencialmente desviado por un defensa, luego con un disparo de falta de Óscar repelido por Reina y, casi al filo del descanso, con una doble ocasión a bocajarro de Seferovic y Larsen que el veterano portero del Villarreal salvó con dos paradas portentosas.

Tras el intermedio, el enfado del Celta con el arbitraje fue creciendo, pues al riguroso penalti y la posible falta a Tapia en la jugada que precede al primer gol de Jackson se sumó la incomprensible decisión del colegiado de perdonar la segunda tarjeta amarilla a Capoue tras una falta sangrante a Cervi. González Fuertes dio la ventaja en la jugada, pero no la sancionó con la segunda amarilla y consiguiente expulsión del centrocampista al francés aunque la infracción era muy clara.En el segundo tiempo, el Celta gobernó la pelota, pero sin capacidad de hacer daño. Las prestaciones del equipo mejoraron con la entrada en el campo de Aspas, Gabri Veiga y Beltrán, aunque no lo suficiente como poner en aprietos a Reina, que casi no tuvo que intervenir. Los celestes vivieron en este tramo de partido volcados sobre el área amarilla, pero el portero del Villarreal solo tuvo que aparecer para detener un disparo de Larsen. La mejor ocasión de los celestes en el segundo tiempo partió de las botas de Gabri Veiga, con uno de esos misiles suyos desde la cornisa del área que se perdió por la línea de fondo, muy cerca del palo.

Todo se vino abajo, sin embargo, con el tercer gol amarillo, obra de Terrat, en una contra mortal de necesidad cuando más estaba el Celta atacando. La acción la inició con una imponente conducción Baena, que se la sirvió en el lateral del área a Yeremi Pino. El canario vio a Terrat desmarcado y se la puso en bandeja para que solo tuviera que empujarla. El gol acabó con todas las esperanzas del Celta. Carvalhal sacó a Miguel y a Paciencia en busca de un último arreón mientras el encuentro se iba consumiendo sin sobresaltos hasta un desenlace esperado. sin sobresaltos hasta un desenlace esperado.