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La indeleble huella del Chacho

Coudet, artífice de la cómoda permanencia del Celta tras dos años con el alma en vilo - El argentino rescató a un equipo a la deriva para dotarlo de personalidad y estilo propio convenciendo a los jugadores de una idea

Eduardo Coudet sigue las evoluciones de sus jugadores en el partido contra Osasuna. |  // MARTA G. BREA

Eduardo Coudet sigue las evoluciones de sus jugadores en el partido contra Osasuna. | // MARTA G. BREA

El laborioso triunfo obtenido el domingo ante Osasuna ha dado al Celta virtualmente la permanencia con cinco jornadas de antelación sobre las dos campañas precedentes, en las que el equipo celeste se salvó en la última jornada con el alma en vilo. La angustia de sentir permanentemente el aliento del descenso en la nuca, el incesante desfile de técnicos y las dificultades para competir con una idea de juego reconocible más allá del inabarcable talento de Iago Aspas han caracterizado al vulnerable Celta de estos años, un grupo a la deriva, frágil futbolística y mentalmente, y carente de liderazgo en el banquillo.

El factor diferencial ha sido este curso Eduardo, el Chacho, Coudet. La llegada del técnico argentino al Celta a finales de noviembre pasado ha dado al equipo la vuelta como un calcetín, mejorándolo en todos los sentidos. Desde tiempos de Eduardo Berizzo ningún otro técnico había conseguido conectar tan estrechamente con el plantel para que creyese en una idea. El convencimiento ha sido completo y el rendimiento inmediato, prácticamente desde que el argentino asumió la dirección del banquillo.

El deslavazado equipo que inició la temporada con Óscar García mutó de la noche a la mañana por obra y gracia del Chacho. Pese a conseguir salvar la categoría con muchos apuros, el sabadellense fue incapaz de dotar al Celta de un once tipo en el que jugasen los mejores, careció de un esquema de juego definido y no tuvo afinidad con pesos pesados del vestuario, como Hugo Mallo, al que acabó retirando la capitanía sin el respaldo de la plantilla ni del club.

Nada de esto ha pasado con Coudet. Lo primero que hizo el Chacho fue dejar en manos del vestuario la decisión de la capitanía, que volvió a Mallo, pero sobre todo convenció a los jugadores de la necesidad de ser intensos en la presión, puso en valor la importancia de recuperar pronto la pelota tras pérdida cerca de la portería rival y convenció al plantel de que el talento no basta si no está respaldado por el esfuerzo sobre el terreno y el sentido colectivo del juego.

Bajo estas premisas, con una estricta valoración del mérito en el reparto de los minutos y un esquema de juego claro y adecuado a las características de sus hombres, Coudet ha hecho del Celta un equipo diligente, fiable y, sobre todo, con señas de identidad propias.

Uno de los rasgos distintivos del técnico en estos primeros meses en Vigo ha sido su capacidad para sacar lo mejor de sus futbolistas, situándolos en un esquema y en una posición ajustada a sus condiciones. Esto ha sido especialmente visible en jugadores como Denis Suárez, Santi Mina, Brais Méndez o Nolito, que han mejorado de forma notable sus prestaciones hasta recuperar su mejor versión.

La enorme dependencia que el equipo tenía de Iago Aspas también se ha atenuado, sin restar protagonismo al crack moañés. También en el aspecto defensivo y en las acciones de estrategia se han producido importantes avances. El Celta concede menos y saca mayor partido de las jugadas a balón parado.

Todo este trabajo se ha reflejado en los resultados. La cuenta estadística @Afouteza e Corazón ofrecía un ilustrativo dato sobre la influencia que ha tenido Coudet en el salto cualitativo que el Celta ha pegado en la tabla. Los 34 puntos conseguidos por el Chacho en los 24 partidos que lleva al frente del Celta situarían al conjunto celeste en el sexto puesto de la clasificación de LaLiga.

No hay que olvidar que el conjunto celeste era decimoséptimo cuando el preparador argentino tomó las riendas y cayó a la última plaza después de perder con él su primer partido. Pero al tropiezo inicial en el Sánchez Pizjuán siguió una racha de cinco triunfos consecutivos que sacaron al equipo del hoyo y le dieron la tranquilidad que necesitaba para sortear las dificultades de contar con una plantilla corta.

Los grandes, asignatura pendiente

Las dificultades que el Celta ha tenido esta temporada para ganar a los grandes constituyen, hoy por hoy, la asignatura pendiente de Eduardo Coudet. De la mano del Chacho, los celestes han competido ante casi todos los rivales, pero no han encontrado el modo de hincarles el diente para sumar los tres puntos cuando se han tenido que enfrentar a los siete primeros de la clasificación. Los números son, en este aspecto, concluyentes. En sus enfrentamientos contra los siete primeros clasificados los celestes tan solo han sido capaces de sumar un punto, gracias al empate logrado en el mes de enero contra el Atlético de Madrid en el Wanda Metropolitano. El equipo vigués ha perdido sus dos partidos contra el Real Madrid, el Sevilla y la Real Sociedad, cayó frente a los colchoneros y el Barcelona en Balaídos y tampoco logró puntuar frente al Villarreal, que lo goleó en casa, ni frente al Betis, que lo derrotó en el Benito Villamarín. Los celestes, sin embargo, todavía están a tiempo de mejorar esta estadística, pues tienen que visitar La Cerámica en un par jornadas, se desplazan al Camp Nou en la penúltima fecha y concluyen LaLiga en Balaídos contra el Betis.

El problema de una plantilla corta

Uno de los factores que han impedido al Celta aspirar más que a una confortable permanencia ha sido el escaso fondo de armario con que Coudet cuenta esta temporada. Esta problema se ha traducido en la escasez de recursos del banquillo cuando hay que agitar los partidos con cambios y ha dado al preparador argentino no pocos quebraderos de cabeza para recomponer su once cuando han faltado efectivos importantes por culpa de lesiones y sanciones. Coudet cuenta apenas con un grupo de trece o catorce jugadores que juegan habitualmente.

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