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Los ganaderos quieren criar caballos, vacas y cabras en parcelas cerradas en el Castrove

Caballos criados en libertad o “garranos”, en la carretera que atraviesa el Castrove. | // IÑAKI ABELLA

Los propietarios de caballos criados en libertad en el monte Castrove quieren potenciar esta forma de ganadería, y ampliarla a otros animales, como las vacas y las cabras. Pero pretenden hacerlo de una forma ordenada y con el visto bueno de la administración y de las comunidades de montes. Esta es la razón por la que un grupo de criadores convocó una reunión con todas las comunidades de montes de Meis, que se celebró a finales de la pasada semana en el Ayuntamiento. Está previsto que en los próximos días se celebre otra, a la que se sumarán los comuneros de Barro, Pontevedra y Poio.

Los ganaderos expusieron a la alcaldesa de Meis, Marta Giráldez, y a los directivos de la comunidades de montes de este municipio, que su intención es crear uno o más espacios cerrados donde los animales puedan estar y alimentarse de forma segura y sin causar daños, ni a los cultivos agrícolas de los vecinos ni a los bosques de repoblación de los comuneros. Para ello, se vallarían las parcelas y se habilitarían pasos canadienses, para evitar la salida accidental de los animales. De este modo, también se solucionarían los riesgos de seguridad vial que en ocasiones se producen cuando los caballos están sueltos por las carreteras.

“Queremos hacer algo para evitar que se pierda la tradición de criar caballos en el monte y de las rapas das bestas”

Esteban Outeda - Promotor del proyecto

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Uno de los promotores de la iniciativa es un vecino de Armenteira, Esteban Outeda, quien explica que este proyecto pecuario forestal tiene varios objetivos. “Queremos hacer algo para evitar que se pierda la tradición de criar caballos en el monte y de las rapas das bestas”, explica Outeda, en alusión a una forma de ganadería prácticamente única en toda Europa, y que se realiza en Galicia desde hace siglos. En este sentido, se criarían solo razas autóctonas.

Esteban Outeda apunta que con la creación de recintos vallados se podría acabar también con los daños en los cultivos agrícolas, que es una fuente habitual de conflictos. “Al final, todos somos vecinos, y comprendemos las malas caras de la gente. Pero creemos que con este proyecto podemos acabar precisamente con ese problema”.

Los promotores destacan también que la presencia de ganado en el monte puede ayudar a prevenir los incendios, pues estos se alimentan de grandes cantidades de vegetación. “Está demostrado que allí donde hay animales hay menos incendios y son menos graves, y además se llevan a cabo menos desbroces mecánicos”, sostiene Esteban Outeda.

La propuesta que se expuso en Meis pasa porque las comunidades de montes cedan parte de sus parcelas a los ganaderos, para que estos puedan habilitar los cierres. La intención de los criadores es constituir una asociación, de modo que correrían con los gastos de los eventuales daños que pudiesen producirse en el futuro.

“Pedimos a los vecinos dejar atrás los años que pasaron, y empezar una nueva etapa, haciendo las cosas bien"

Esteban Outeda - Promotor del proyecto

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Outeda hace un llamamiento para que los comuneros confíen en ellos. No olvida que en el pasado hubo muchas tiranteces entre los propietarios del monte y la ya desaparecida Asociación de Criadores, pero pide, “dejar atrás los años que pasaron, y empezar una nueva etapa, haciendo las cosas bien. Queremos empezar una nueva fase, y por eso pedimos a la gente que deposite un poco de confianza en nosotros. Lo haremos todo por escrito, firmado, y nos haremos responsables si hay daños”.

En cuanto a las comunidades, el presidente de la de Armenteira, Serafín Melón, declaró que, “en principio, el proyecto es interesante, está bien, porque cuanto más limpio esté el monte, mejor. Eso sí, lo que hay que evitar es que haya daños y que después nadie sepa de quien es el caballo”.

La decadencia que siguió a los conflictos

A finales de la década de los 2000 había unos 300 caballos criándose en libertad en el monte Castrove. A mediados de la década pasada, quedaban únicamente unos 100, según los datos facilitados por el entonces presidente de la asociación de criadores, José Vidal.

Los equinos estaban convirtiéndose en una fuente de problemas para sus dueños, pues a menudo bajaban de las partes altas de la montaña y entraban en las fincas de los vecinos, causando destrozos a veces importantes. Tampoco quedaban impunes las áreas de monte repobladas por los comuneros.

Eso, y el hecho de que con frecuencia nadie se hacía cargo de los daños -entonces no era obligatorio tener “microchipados” los caballos mostrencos- hizo que se fuese gestando a fuego lento un cierto recelo hacia los ganaderos en las aldeas situadas en las laderas del Castrove.

Ese fue uno de los detonantes de la decadencia, pero no el único. La administración se hizo cada vez más exigente, obligando a identificar y censar los animales, y algunos criadores consideraron que no valía la pena gastar tanto dinero en esa forma de ganadería, por lo que vendieron sus ejemplares.

Una decadencia que los nuevos criadores pretenden frenar, con el objetivo de que no se desvanezca este símbolo cultural.

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