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Hastío y rabia en Cambados: “Estamos todos cansados”

Ambiente en una terraza hostelera de Cambados durante la mañana de ayer lunes.  | // NOÉ PARGA

Ambiente en una terraza hostelera de Cambados durante la mañana de ayer lunes. | // NOÉ PARGA

Francisco Fontenla y Manuel González están charlando al sol de mediodía en una de las aceras de la avenida de Rosalía de Castro, a un centenar de metros de distancia de una plaza de Fefiñáns completamente desierta. Ambos llevan la mascarilla bien puesta y guardan algo más de un metro de distancia entre sí. Son amigos, y es muy probable que a partir de este viernes -si no antes-, ya no puedan conversar en la calle tranquilamente, como estaban haciendo ayer.

Todo apunta a que el comité clínico de la Xunta de Galicia decida esta semana que el Ayuntamiento de Cambados pase al nivel máximo de restricciones. Esto implicará, entre otras medidas, el cierre total de la hostelería, la prohibición de entrar o salir del municipio sin causa justificada y de reunirse con personas no convivientes, incluso al aire libre. Los cambadeses son conscientes de lo que se les viene encima -y que ya han sufrido en sus carnes en O Grove y Vilanova desde que terminó la Semana Santa- y el ambiente que se respira en la calle es bastante lúgubre.

La situación epidemiológica en Cambados ha empeorado a la velocidad de un rayo. El lunes pasado, 26 de abril, había 26 casos activos en el municipio; ayer, el Sergas notificó 52, cinco más que en la víspera. Y la cifra seguirá aumentando, puesto que el cribado poblacional de anteayer domingo permitió localizar a cuatro infectados de COVID más. “Yo creo que aún vamos a superar nuestro techo de casos”, opina José Vila, un joven que hacia la una de la tarde tomaba algo en la terraza de un bar de Cambados que abrió ayer sus puertas. Muchos locales ya ni lo intentaron.

Muchos locales cerrados

La población entró precisamente ayer lunes en el nivel alto de restricciones, de ahí que la hostelería solo puede trabajar en exterior. Para los restaurantes más grandes o los que carecen de terraza, la orden de bajar la verja ya les llegó el viernes.

Para los hosteleros, este nuevo cierre es otro puñado de sal sobre la herida abierta. Iván Laya, camarero de O Casal, en la generalmente muy concurrida Rúa Real, afirmaba sentirse mal. “El miércoles me iré otra vez para casa”. Señala que ya hay poco ambiente, como si la gente anduviese desganada, y admite que no esperaba un ascenso de casos de COVID tan descontrolado. Pero, ¿por qué se produjo?

En Cambados se han detectado en los últimos días varios episodios de contagios grupales. De una comida familiar salieron la friolera de 14 positivos; y en dos barcos de un mismo armador que estaban haciendo la costera de la anchoa sumaron de golpe ocho marineros infectados... Dos brotes virulentos que explican en gran medida la mala evolución de la pandemia en la villa del albariño, pero no del todo.

“La gente se olvida de esto”, afirma Francisco Fontenla tocándose con el dedo índice la mascarilla. “Aún no somos conscientes de lo que estamos viviendo”, añade. Su amigo, Manuel González, también se queja de la actitud de quienes contraen la enfermedad y no se confinan como debieran. “Lo que se escucha por ahí es que hay gente que no cumplió con las cuarentenas que tenía que hacer”.

Cribado en Cambados, el pasado domingo Noé Parga

José Vila opina, por su parte, que la localidad está pagando la relajación propia de los festivos de Semana Santa y el coste de las comidas familiares. “Lo que está claro es que ni la hostelería ni los jóvenes hemos tenido la culpa”, añade este cambadés de 20 años, y apela al resultado del cribado de hace poco más de una semana, cuando se detectó un único positivo entre los más de 760 vecinos de 20 y 29 años que se hicieron la prueba.

Maite López, de la cafetería Fefiñáns, también cree que el COVID crece a cuenta de las reuniones entre amigos o parientes, en las que quien más quien menos baja la guardia. “Nos reunimos y no tomamos las precauciones que hay que tomar”.

También está convencida de que si en algún momento la hostelería estuvo en el punto de mira como posible centrifugadora de los contagios, esa idea ya está descartada. “No nos cierran porque crean que somos nosotros los culpables, sino para que la gente se recoja antes y no socialice tanto”.

Una nueva etapa

Salvo sorpresa, Cambados pasará pronto del nivel alto de restricciones -el actual- al máximo. Si eso sucede, la hostelería tendrá que cerrar completamente -salvo para trabajar con pedidos a domicilio o encargos para recoger en el local-, y los vecinos verán su vida súbitamente limitada. “A mí lo que más duro se me va a hacer es no poder visitar a mis hijos, que están aquí al lado, en Vigo”, afirma Maite López.

José Vila sabe que, una vez más, tendrá que privarse de su vida social. “Lo peor para mí es no poder quedar con los amigos y perder la libertad de hacer cosas que te gustan, de ir donde quieras”. Con 20 años, siente que la pandemia le está robando algunos de los mejores momentos de su vida. “Nos quitaron todo, en nuestra mejor edad... Pero lo que más me molestó fue que siempre nos echasen la culpa a los jóvenes”, afirma.

Francisco Fontenla también echará de menos la distracción que suponía para él sentarse un rato a tomar algo en una terraza, mientras que Manuel González está muy enfadado con los cierres perimetrales. “Lo peor de todo es no poder salir de la localidad. Yo voy casi todas las mañanas hasta Vilagarcía, y a partir de ahora, nada”.

Sobre los cierres, González se queja de que muchos políticos aprovechan su posición social privilegiada para viajar. “Mi mujer y yo llevamos desde el 18 de octubre sin ir a Valladolid, donde viven mis cuñados... Pero los políticos van de un lado a otro con la excusa del trabajo. ¿Venir de Barcelona a aquí para dar un mitin es trabajo?”.

De todos modos, hay espacio para el optimismo. Fontenla y González ya están vacunados -el primero con la pauta doble de la fórmula de Pfizer, y el segundo con la primera dosis, de modo que observan la pandemia con una pizca de mayor tranquilidad. Y Maite López está convencida de que habrá verano turístico, “porque las vacunas que se pongan en mayo van a aliviar mucho la situación”.

La hostelera confía también en que los casos se contengan en Cambados pese a las Confirmaciones y Comuniones anunciadas para este mes, “porque si hace buen tiempo la mayoría de las celebraciones se harán al aire libre”.

Sin embargo, el sentir general que se respira en Cambados en estos momentos es una mezcla de resignación y hastío. “Ya estamos cansados todos. Un pueblo no es como una ciudad. Aquí, si te cierran, te quedas solo”, afirma José Vila.

Mientras recoge una mesa alta de la terraza, Iván Laya cuenta a su vez que tiene una abuela octogenaria. “Y un día me dijo que prefería coger el virus y hasta morir con tal de no verme a mí en la calle”. Para muchos hosteleros y sus trabajadores, estos súbitos parones de actividad no solo suponen un fastidio personal, sino también un traspiés económico importante.

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