Entrevista | Lois Patiño Director de cine premiado en la Berlinale

“El concepto de uniformidad cultural me preocupa, provoca contaminación”

“Es importante que haya cineastas exploradores”, señala el director de cine gallego que estrena nueva película el 20 de diciembre, “Samsara”, el filme más redondo de su carrera

Samsara.

Samsara. / L.P.

Mar Mato

Mar Mato

Está considerado uno de los máximos exponentes del cine experimental en Europa y su última película, “Samsara”, premio especial del jurado en la sección Encounters de la Berlinale este año, lo demuestra. Desde el 20 de diciembre podrán comprobarlo en las salas de cine. Es, sin duda, una obra maestra convertida en un convite a la meditación y una ventana al arte.

Supone, hasta el momento,la película más redonda del cineasta vigués: una fotografía espectacular (incluyendo el trabajo del mago de la imagen Mauro Herce, quien trabajó con Oliver Laxe en "O que arde"), una historia original con una pata en Laos y otra en Zanzíbar, efectos visuales sobre el metraje que llevan a la ensoñación, personajes nítidamente perfilados y el convite a permanecer 15 minutos con los ojos cerrados para seguir el pulso del filme a través del sonido y de los fogonazos de luz que lleguen a los párpados.

Es más que probable que salgan fuera de la sala con un clic interior hecho. Eso sí, no es apta, en principio, para los amantes del cine de acción. Su historia es simple: un joven acompaña con la lectura el fallecimiento de una anciana de Laos que se reencarna en una cabritilla en Zanzíbar.

Punto de partida: un libro budista

Respecto a la elección de Laos como punto de partida, explica Patiño que “fue a raíz del libro ‘Bardo Thodol. El libro tibetano de los muertos’. Para arrancar la historia, la despedida del mundo de una anciana a quien un joven lee el libro, necesitaba un país budista. Quería uno que no estuviese tan presente en nuestro imaginario. Investigando encontré Luang Prabang, la capital espiritual y cultural de Laos. Es una ciudad muy bonita abrazada por un meandro del Mekong. De hecho, en el primer viaje de investigación allí, que hice con Julia, mi novia, llegamos en un viaje de dos días por el río en barco desde Tailandia”.

Samsara.

Samsara. / L.P.

En esa primera aproximación, descubrió cómo en los templos conviven niños y adolescentes novicios que viven y estudian el budismo. “Me interesó mucho su modo de vida. Me pareció óptimo para el proyecto retratar esa comunidad. Quería representar esa perspectiva del más allá desde el punto de vista budista”, añade.

Alrededor de la muerte y su concepción

Pero, ¿cómo surgió realmente “Samsara” y por qué. “Yo, responde Patiño, estaba explorando a nivel formal la idea de lo visible e invisible en el cine: cómo se podía reflejar esto. También exploraba esta cuestión por lo espectral y la idea del fantasma que venía de mi anterior largometraje ‘Lúa vermella’. En esta, reflejaba mi relación con la muerte y los muertos, qué leyendas y mitos se despiertan en la cultura gallega; aquí quería verlo desde otras culturas. Hago una especie de antropología visual comparada entre Laos (budista) y Zanzíbar (musulmán) que se complementa con la creencia de cada espectador de cómo concibe la muerte, formando un triángulo”.

Lejos del colonialismo

Por parte del cineasta, en ningún momento quería caer en un colonialismo de ideas. “Estuvimos muy alerta de nuestra posición de privilegio como europeos por llegar a países con capacidad económica más limitada que la nuestra. Había que tener mucho cuidado para evitar exotismos o paternalismos. La estrategia fue ir un equipo muy reducido, de cuatro personas. El resto del equipo era local. En Laos contactamos con una productora de allí. En Zanzíbar, lo mismo. Esto nos permitió estar mucho más integrados porque tenían vínculos con la comunidad”, recuerda.

Templo budista en Laos, fotograma de "Samsara".

Templo budista en Laos, fotograma de "Samsara". / L.P.

Ello fue clave ya que le permitió a Patiño y al equipo entrar a rodar en el templo y grabar llegando a dormir algunos días en él para confraternizar y conocer mejor el día a día mientras realizaba su casting secreto entre jóvenes no actores.“El maestro comprendió lo que queríamos y las intenciones, la curiosidad e interés real de comprender su vida y cómo ven el mundo. En Zanzíbar, ocurrió lo mismo con las comunidades de mujeres que trabajan en las granjas de algas”, describe el cineasta gallego.

Entre Laos y Zanzíbar

Los actores en Laos finalmente fueron los propios monjes y novicios, haciendo un casting para el lector del libro a la mujer moribunda, quien finalmente fue un cantante de rap. Para el metraje de Zanzíbar, acudieron a un colegio donde los profesores recomendaron a unas niñas a las que les realizaron unas pruebas. La seleccionada finalmente fue Juwairiya. “Es una niña muy expresiva, con mucha curiosidad”, añade Lois.

Las conversaciones del filme también giran sobre el eje de que “la vida es cambio”, lo que se invita a aceptar de forma natural. “Desde una vida se pueden vivir muchas vidas y hay que dar la bienvenida a los cambios que lleguen”, recomienda.

Lois Patiño en la 73 edición del Berlin Film Festival.

Lois Patiño en la 73 edición del Berlin Film Festival. / Michael T.

Importante también es la reflexión medioambiental de las mujeres que en Zanzíbar elaboran jabones de algas quejándose de los productos tóxicos que llegan de las piscinas de los resorts turísticos y cómo matan la biodiversidad del mar. “No quería mostrar una realidad virgen. Quería que estas mujeres expresaran libremente sus quejas”, señala Patiño.

“El concepto de uniformidad cultural me preocupa. La extensión de las tecnologías y pantallas en un 90% reflejan cultural occidental y esto provoca una contaminación y uniformidad en todas las culturas. Es importante que otros modos de concebir la vida se vea en las pantallas”, añade.

Lois Patiño defiende por encima de todo la experimentación: “Mi compromiso con el cine es explorar nuevos lenguajes, intentar llevar el cine conla realidad que se retrata”. Para él, “es importante que haya cineastas exploradores. Todo arte es infinito. No somos conscientes del potencial del lenguaje cinematográfico”.

Añade el director que “la religión siempre me ha interesado como elemento cultural, no como un pilar en mi vida. Todos somos parte de lo mismo. El concepto importante para mí se sintetiza en el sentimiento oceánico de Freud, el formar parte de todo. Mi sentimiento de espiritualidad parte de esta idea”.