12 de marzo de 2010
12.03.2010
Juan Fernando de Laiglesia González de Peredo - Escultor

"El arte contemporáneo empieza a ser una sorpresa permanente"

"Esta exposición nació en Alemania, pero sabía que tenía que acabar en Lalín"

12.03.2010 | 07:30
De Laiglesia inaugura hoy en Lalín "400 lunas emocionadas", dedicada a Galileo, Kepler y Aller.

Nace el 23 de mayo de 1946 en Madrid. Es catedrático de Escultura en la Facultad de Bellas Artes de la Universidade de Vigo, donde fue decano entre los años 1990 y 1994. Además, es doctor en Filosofía por la Universidade Complutense de Madrid.

El Museo Municipal "Ramón María Aller" de Lalín acoge hoy, a las 20.30 horas, la inauguración de la exposición "400 lunas emocionadas" del escultor y profesor madrileño afincado en Galicia Juan Fernando de Laiglesia González de Peredo. La muestra, que estará abierta al público hasta el próximo 26 de abril, es un homenaje a tres figuras de la astronomía universal como Galileo Galilei, Johannes Kepler y Aller Ulloa. Juan Fernando de Laiglesia presenta en la muestra el telescopio Erdel Verlag, construido a imagen y semejanza del que Galileo fabricó en Venecia; un visor de lunas intercambiables; y tres series de paneles dedicadas a los eminentes científicos.

–¿Cómo y cuándo surge el proyecto de "400 lunas emocionadas"?

–Pues, corría el mes de junio de 2009, en la ciudad alemana de Ratisbona, cuando la expuse por primera vez con motivo del Año Internacional de la Astronomía. Fue en la galería Erdel Verlag, y aunque nació en Alemania, siempre supe que tenía que acabar en Lalín. La figura de Ramón María Aller, unida a la de Kepler, es un motivo más que suficiente como para que se pueda ver en el museo que lleva su nombre. Por eso estoy doblemente contento.

–Se parece más a una muestra científica que a una exposición artística.

–Tiene un poco de todo. El Erdel Verlag Telescop está fabricado especialmente para observar manchas solares, y podría ser utilizado por los visitantes. También hay un visor de lunas intercambiables. La serie dedicada a Galileo son unos paneles que representan las seis fases diferentes emocionales de la luna. La que dedico a Kepler, por ejemplo, reproduce un esquema orbital compuesto por imágenes de satélites mandala, y la de Aller cuenta con el retrato de nueve lunas de colores que se corresponden con las musas griegas tradicionales.

–Parece que le gusta investigar la relación del arte con otras disciplinas.

–Sí (risas). Ahora estoy muy interesado en la intercambiabilidad de las formas artísticas. Trabajo en una pintura con un trazo que se divide en varias láminas intercambiables. Es algo que me interesa mucho desde hace algún tiempo, pero también es verdad que se trata de un viejo dilema artístico.

–¿No le parece que estamos asistiendo a un cambio radical de la percepción de una disciplina artística como la escultura? ¿Qué tiene que ver, por ejemplo, una performance actual con el concepto clásico o renacentista de la escultura?

–En el arte, nos tenemos que quedar con el hoy, por supuesto. El arte contemporáneo está dejando de ser una losa y empieza a ser una sorpresa permanente de la que todos participamos. Y tiene que ser así. Cuando digo que debemos quedarnos con el hoy quiero enfatizar el hecho de que en la actualidad no tenemos la misma percepción que había en la edad antigua o el renacimiento, por ejemplo. En el arte, como en otros aspectos de la vida cotidiana, se trata siempre de ir con los tiempos que tocan vivir, ni más ni menos.

–Entonces, ¿cuál es el objetivo final de "400 lunas emocionadas"?

–Los contenidos de las imágenes de la colección aspiran a promover la necesidad de equilibrar la visión tecnológica del universo con una mirada directa, simbólica y transparente como primera intención del ser humano en su propio entorno.

–Las generaciones actuales han tenido un acercamiento a la escultura contemporánea muy distinta a, por ejemplo, los espectadores de las obras de Fidias, Rodin o Moore. ¿Cuál es el resultado desde el punto de vista de un catedrático de Escultura?

–La escultura ha dejado de existir como bulto redondo, tal y como dices tú de piezas como las de Rodin o también Moore. Se ha convertido en un objeto significante en el espacio que es necesario interpretar.

– Por lo tanto ¿Ha cambiado el rol del escultor en la época contemporánea?

–Por supuesto, y para bien. Hoy en día un escultor es un pensador e interpretador del espacio. Afortunadamente para todos, la escultura es un arte que se empieza a comprender por parte de todos los estamentos sociales porque se trata de, en definitiva, hacer crítica del espacio.

–¿Se podría decir que asistimos a un momento de transición en lo que a la escultura contemporánea se refiere?

–Estoy convencido de ello. Es cierto de que existe un exceso de artes visuales. La infografía está tomando el espacio de las artes plásticas al uso, que siempre han estado más cerca del gesto y de la forma. Pero, como te decía antes, son los tiempos que corren y ahora se trata de aportar la visión de la actualidad, una labor esencial en el artista contemporáneo.

–Está claro que es un ferviente defensor de la participación activa del espectador de la obra de arte.

–Es que es cómo se concibe hoy en día la relación entre el público y la obra de arte que se representa. Después de todo, si miramos hacia atrás, podremos comprobar que siempre ha sido así, aunque con matices.

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