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Javier Sánchez de dios | Periodista

“Si el periodismo se constituye en un poder es que algo está haciendo mal”

La Asociación de Periodistas de Galicia otorga el Premio José Luis Alvite 2022 al veterano profesional de FARO, que celebra sus 50 años en la prensa escrita

Javier Sánchez de Dios. | // RAFA VÁZQUEZ

Coincidiendo con el Día de la Libertad de Prensa, que se celebra el 3 de mayo, Javier Sánchez de Dios recogerá el Premio José Luis Alvite 2022, un reconocimiento de la Asociación de Periodistas de Galicia que el periodista pontevedrés recibe “de una forma especialmente agradable, porque es un premio que te dan los compañeros y además ha sido por unanimidad del jurado, cuando en este oficio el fuego amigo causa un montón de bajas (risas). Así que recibir este premio así de los compañeros es saber que te han perdonado los posibles pecados profesionales que hayas cometido. Es una satisfacción muy grande”.

–Cumple 50 años en la profesión periodística

–Será este mes de mayo, 50 años. Es una vida. Yo no había estudiado para esto pero las circunstancias te sitúan a veces haciendo no las cosas para las que te has preparado sino lo que te gusta. A mi siempre me gustó escribir, siempre me gustó el periodismo, siempre tuve curiosidad por saber y contar cosas, es lo cierto.

–¿Qué recuerda de su inicio en FARO?

–Siempre recordaré que el entonces gerente me decía “entra usted en el Pórtico de la Gloria de las letras de Galicia”, y yo creí que era una exageración, como todo el mundo cuando se le dice algo así. Pero sin embargo era verdad: hace 50 años, como ahora, el FARO era, es y espero que lo sea por muchos años, una referencia periodística. Y no lo digo porque sea un hombre de FARO, sino porque sencillamente creo que es así. En los tiempos en los que empecé, que creo que había casi diplodocus por la calle, mucha gente, sobre todo en el sur de Galicia, identificaba la palabra periódico con la palabra FARO, de tal manera que la gente te decía “voy a comprar el FARO” refiriéndose a cualquier periódico. Y eso marca, marca, te da un carácter de especial vinculación no solo con el periódico sino con sus lectores. En 50 años ha habido distintas etapas y vicisitudes, y para mi el FARO ha sido como para Don Juan la vida galante: recorrí todas las escalas, desde ayudante de redacción a subdirector, una vida da para mucho.

El entonces gerente de FARO me decía “entra usted en el Pórtico de la Gloria de las letras de Galicia”, y yo creí que era una exageración, como todo el mundo cuando se le dice algo así. Pero sin embargo era verdad

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–Ha sido además cronista de distintas secciones y colaborador de varios medios de radio y televisión ¿en que faceta periodística se ha sentido más cómodo?

–En todas. Para mi el periodismo es básicamente una vocación, es imposible dedicarse al periodismo como debe hacerse, es decir de lleno, sin una gran vocación, porque es una vida extraordinariamente difícil. La gente normal, del común, probablemente tiene como referencia a 4 o 5 compañeros de profesión que son efectivamente la referencia en todos los sentidos, incluso el económico. Pero la vida del periodista no es esa, es una vida de muchas horas en la profesión, en donde pasas probablemente más horas con tus compañeros que con tus familiares, y eso marca también. Consecuentemente cada sección, cada ocupación, cada destino que te dan tiene su propia fisonomía. Pero al final todo está unido por un denominador común que es, en mi opinión, averiguar cosas, contrastarlas, certificarlas y contarlas, con el viejo lema de “los hechos son sagrados y las opiniones, libres”.

–Desde las páginas de FARO analiza la actualidad política gallega ¿qué le parece este momento?

–Igual de complicado aquí en Galicia, pero con matices, que en el resto de España. Digo con matices porque de alguna manera muchos consideran a Galicia, políticamente hablando, un oasis. Creo que no es exactamente eso y además que las crónicas políticas, como las que yo firmo, no pretenden ser un reflejo exacto de cómo es la situación, sino una fotografía aumentada, a través de los ojos del que escribe, de acontecimientos que son políticos y aquellos que se relacionan con la política. Para mi es un gustazo. Estoy jubilado y me dedico a ello como otros se dedican al golf (risas). Me gusta escribir y me gusta escribir en FARO. Para mi escribir es como respirar.

Yo sigo creyendo en la prensa escrita, es con la radio un referente fundamental. Pero la prensa tiene algo más, que es que te hace pensar, leer te hace pensar

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–¿Ha cambiado mucho la profesión desde sus inicios?

–Yo empecé con las linotipias, he trabajado con los linotipistas sobre las linotipias. Recibían además de su sueldo un cacharrito con medio litro de leche para evitar los males de la silicosis, que venían del plomo. Parece como si estuviera describiendo los tiempos de Gutemberg (risas) pero no, un periódico era eso. Y asistí también al relevo de esa forma de hacer periodismo, pasando por los primeros ordenadores, que eran enormes, a los actuales que casi piensan. La vida del periodista cuando le gusta su oficio es una hermosa vida.

–¿Qué da el periodismo que engancha de ese modo?

–No lo sé, honestamente no lo sé. Yo creo que hay una especial vinculación con las ganas de que a tu alrededor las cosas funcionen bien. Y para ello no hay nada mejor que contar las cosas lo mejor posible, porque de alguna manera es conectar con quien da la vida al periodismo, que es el lector de periódicos, el oyente de radio o el televidente. Yo sigo creyendo en la prensa escrita, es con la radio un referente fundamental. Pero la prensa tiene algo más, que es que te hace pensar, leer te hace pensar. Y a partir de ahí lo que hay que hacer es consagrarnos a que lo que lea el lector sea la verdad, que siempre sea un relato de noticia ajustado a la seriedad y a la profesionalidad. Ése es el reto. La opinión es otra cosa.

Es imposible dedicarse al periodismo como debe hacerse, es decir de lleno, sin una gran vocación, porque es una vida extraordinariamente difícil... Pasas probablemente más horas con tus compañeros que con tus familiares, y eso marca también

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–Son tiempos difíciles, de fake news…

–Lo son. En este momento el periodismo tiene un problema, que padece los mismos males de la sociedad a la que debe servir. Es decir, está también radicalizado o bipolarizado. Tengo la sensación de que el periodismo en general está alineado en bandos, sobre todo y fundamentalmente en los órganos de decisión, empresariales. No es una crítica, es una observación personal. Ocurre que estamos más metidos en una guerra que no nos corresponde, o nos correspondería como corresponsales, como testigos, pero estamos metidos en ella como combatientes. De una forma probablemente involuntaria, pero hoy el oficio para el que lo ve desde fuera está perdiendo autoridad moral, por una sencilla razón, porque nos falta autocrítica. Creo que la misma crítica que hacemos a los personajes públicos y al poder político básicamente, nos falta a nosotros. Es fundamental hacer autocrítica para, a partir de ahí, hacer nuestra profesión más cercana todavía a quienes servimos, que son los ciudadanos, la gente común, corriente, que es lo que somos nosotros también.

–No cree que el periodismo sea el cuarto poder…

–Quien inventó eso, quizás para compensar a Montesquieu, no solo dijo una estupidez sino que además es contradictorio con el periodismo. Creo que el periodismo es un control más democrático del poder, nunca un poder por sí mismo. Si el periodismo se constituye en un poder es que algo está haciendo mal.

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