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La crisis de las vocaciones amenaza una presencia en Pontevedra desde el siglo XIII

La extinción de la congregación de Santa Clara pone en cuestión el futuro del convento capitalino

Solo dos religiosas septuagenarias continúan en el monasterio - La previsión es que sean trasladadas a otro cenobio de clarisas con más integrantes -La orden, el Arzobipado y la Santa Sede decidirán sobre el edificio

Interior de la iglesia, al fondo las banderas ofrendadas por los Héroes de Pontesampaio.// Gustavo Santos

Interior de la iglesia, al fondo las banderas ofrendadas por los Héroes de Pontesampaio.// Gustavo Santos

"Desgraciadamente es algo que sucede cada vez más, tendrán que irse a otros conventos con más hermanas, ojalá pudiese decir que no hay precedentes a lo que está pasando en Pontevedra". Desde una de las federaciones españolas de la Orden de las hermanas pobres de Santa Clara confirman a FARO lo que fieles y cofradías temían desde hace años, que si una incorporación de última hora no lo evita la comunidad de clarisas de Pontevedra tiene los días contados.

En rigor, actualmente ni comunidad es, como recuerda Santiago Rei, el único varón autorizado a acceder al interior del convento. "Para ello harían falta que fuesen al menos cinco religiosas", señala, cuando tras el torno ya solo quedan dos clarisas.

Eran cuatro hace solo unos meses, pero el pasado mes de septiembre falleció una religiosa y hace apenas unas semanas la segunda. Las dos que continúan en Pontevedra tienen 76 años y cuentan con la ayuda de otras dos monjas que no forman parte de su misma orden.

Es en todo caso una situación provisional y desde la federación de la orden la previsión es que, como en los demás conventos españoles de clarisas sin apenas religiosas, las monjas sean trasladadas a congregaciones más amplias, donde puedan ser adecuadamente cuidadas por sus hermanas.

Las dos llevan "toda la vida en Pontevedra", como indica Santiago Rei (es el caso de sor Sagrario, que ingresó en el convento con 16 años) pero "no tiene sentido continuar así, prolongar esta agonía, solo la incorporación de nuevas religiosas podría parar esto y lo cierto es que no hay vocaciones".

La vida cotidiana de las religiosas es absolutamente espartana. Se levantan de madrugada para los rezos, al que sigue desayuno y, durante décadas, el trabajo en la finca y la viña, en la cocina, limpieza y colada... "Hasta hace no mucho todavía cocinaban y preparaban las hostias para las iglesias", recuerda Santiago Rei, "también planchaban los manteles de las iglesias, pero ahora ya no tienen tanta energía, son señoras mayores que conservan no obstante toda su bondad y aquí siempre hay un bocadillo para los pobres, hay que estar aquí para ver que ellas gastan más en mantener en la medida que pueden el convento y en los pobres que en ellas mismas".

Las clarisas dependen espiritualmente del convento de San Francisco (las Hermanas Pobres de Santa Clara son la Segunda Orden Franciscana o, dicho de otro modo, el franciscanismo femenino) y su sacerdote es el de San Bartolomé, parroquia cuyos integrantes no ocultan su tristeza por la desaparición de la congregación.

"Es una gran pena, aquí se da por hecho que no hay oltra solución y se irán, una de ellas pienso que para Santiago pero no se más, solo que es una lástima", explica una de las colaboradoras de la parroquia.

Como ella, numerosos fieles y, especialmente, cofrades ligados al templo conventual, lamentan que la falta de vocaciones haya llevado a la congregación a una situación extrema.

Es un sentimiento compartido ante el horizonte de que desaparezca algo que "para los pontevedreses es muy importante, las monjas han hecho una gran labor", indican vecinas de San Bartolomé.

¿El futuro del edificio? Por el momento todo está por decidir. El Arzobispado recordó ayer a FARO que "las clarisas pertenecen a su propio capítulo, las órdenes religiosas no son diocesanas, como sucede por ejemplo con los sacerdotes o parroquias, de modo que el arzobispo no incide en el gobierno y la evolución, sino que éstos competen a cada orden, tienen un gobierno propio".

No obstante, la Federación de Santiago, de la que dependen más de 35 monasterios con unas 700 religiosas, recuerda que el arzobispo, Julián Barrio, ha de estar de acuerdo con cada decisión que tomen en este tema las clarisas.

"La madre presidenta llevará directamente el asunto", explican desde el monasterio compostelano, "de hecho está en ello y también tendrá que estar de acuerdo el Arzobispado e incluso la Santa Sede en cada decisión que se tome sobre el convento de Pontevedra".

Siguiendo la Regla establecida por Clara de Asís para la Orden de las hermanas pobres de Santa Clara, la primera hecha por una mujer para mujeres y que encarna el modelo femenino de la espiritualidad franciscana, los diferentes conventos tienen plena autonomía y capacidad de decisión.

Las clarisas no tienen bienes individualmente pero si como colectivo y el monasterio no recibe rentas, de ahí que en la iglesia no se pase el cepillo, sino que históricamente ha sido mantenido con las aportaciones de fieles y donaciones de importantes familias nobiliarias como los Sotomayor o los Limia. A mediados del pasado siglo eran alrededor de medio centenar que colaboraban activamente para cultivar el huerto, la viña...

"Efectivamente somos autónomas", reconocen desde la Federación de Clarisas, "pero son temas tan relevantes que no pueden adoptarse sin el consejo y de acuerdo con el Arzobispado y también de Roma, no se puede abrir o en este caso cerrar un convento sin ese tipo de acuerdos".

Desde el convento de San Francisco recuerdan que "el protocolo habitual" es que las últimas religiosas al cumplir años se incorporen a otros monasterios, "lo normal es que sea el de Santiago pero les darán a escoger".

Tampoco desde el convento pontevedrés se atreven a avanzar a FARO una fecha para un cierre que pondría punto final a una presencia que se remonta a finales del siglo XIII. "Es realmente una gran pena que se pierda esta tradición de siglos ligada a Pontevedra, salvo por un intervalo de apenas treinta años la presencia aquí de las monjas fue constante".

Por lo que respecta al edificio "imaginamos que se entregará al Arzobispado pero no es más que una especulación, de momento no creemos que haya ninguna determinación tomada al respecto ni podemos decir más".

La fecha más probable de fundación del convento es anterior a 1278 y la primera prueba documental de su existencia de unos pocos años después, 1293. Veinte años más tarde Fernando II concedió a las monjas un privilegio, el de poder designar a 20 hombres para ayudar en sus necesidades de obras etc y que quedarían exentos de pagar impuestos.

El historiador Xosé Fortes recuerda que "el abuso de este privilegio por los mercaderes más importantes de la villa para evadir sus obligaciones fiscales dio lugar a pleitos entre el convento y el concello durante toda la edad moderna".

Los restos del mártir del siglo III San Vicente o de la monja-fraile Sor María de Sor Antonio, que alrededor de 1600 construyó la muralla que rodea al convento, descansan en la iglesia del monasterio.

Éste también guarda desde 1809 las banderas que ofrendó el batallón del pueblo tras la batalla de Pontesampaio. Hasta hace aproximadamente medio siglo las enseñas se exhibían en la iglesia pero fueron retiradas a fin de frenar su progresivo deterioro.

Tras la durísima batalla, los hombres que encabezaba Pablo Morillo dedidieron ofrendar sus banderas a la Virgen de los Desamparados, cuyo altar goza del raro privilegio de que en él se pueden oficiar misas, un rito que los fieles repiten año a año en mayo, en el aniversario de la exposición al culto de la imagen.

Son algunos de los datos que recuerdan investigadores pero también fieles, cofrades o voluntarios que, como Santiago Rei, conocen de cerca la congregación y lamentan que corran malos tiempos para la contemplación y los valores de las "damas pobres", como las bautizó Francisco de Asís. Tal vez resulta más fácil entenderlo si se piensa en cuáles son: fraternidad, retiro, pobreza, trabajo...

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