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Faro de Vigo

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Enrique López Veiga

Enrique César López Veiga

Exconselleiro de Pesca

¡¡Cielos!!, ¡estoy de acuerdo con doña Yolanda Díaz!

Vaya por delante el hecho de que en materia de opción política estoy bastante distanciado de la vicepresidenta del Gobierno, pero tengo que admitir que doña Yolanda, a pesar de su radicalismo político, está mostrando en su praxis política bastante más sensatez que la media de este Gobierno del presidente Sánchez al que el país parece escapársele de las manos. Frente a un Gobierno que entiende que la única misión de la oposición es aplaudir sus ocurrencias, que se niega a recibir a importantes colectivos de afectados y les tilda de fascistas de ultraderecha, doña Yolanda muestra un talante totalmente diferente. No se puede negar que se reúne y trata de llegar a acuerdos con quien le pide reunión, se niega a calificar a nadie, afirma que el Gobierno ha de estar bien pegadito a la opinión pública y que las formas en política son importantes. Es decir, que a pesar de su ideología muy de izquierdas, es capaz de comportarse con galaica sensatez en fuerte contraste con la arrogancia del presidente. De ello, yo como gallego siento un legítimo orgullo. Que se ande con cuidado Sánchez porque esta inteligente dama le puede birlar el asiento.

Pero si hay algo en el que mi acuerdo con la vicepresidenta es total es en la cuestión del Sáhara Occidental. Con respecto a la famosa, ingenua e imprudente carta del presidente del Gobierno al rey de Marruecos doña Yolanda ha dicho con claridad que España no puede adoptar medidas que vayan en contra del Derecho Internacional y de las resoluciones de las Naciones Unidas y en esto tiene toda la razón del mundo. Ya de por sí el derecho internacional es exiguo y la posibilidad de ejercer medidas coercitivas lo es más aún, pero alejarse de sus principios es llevar a una situación donde, como en su día dijo Azaña, “el derecho es pisoteado y la fuerza satisfecha”. Asustan las situaciones donde lo que se denomina la realpolitik substituye los principios morales y éticos, que las democracias reales tienen que defender a ultranza salvo que se quieran hacer el hara-kiri a largo plazo. El mundo aún se debate entre los regímenes políticos autocráticos (por no llamarles dictatoriales) y los democráticos. A lo largo de la historia se ha podido comprobar que son los regímenes autocráticos los que muestran actitudes expansionistas y agresivas.

"Es moralmente reprobable que se reconozca soberanía alguna a Marruecos sobre el Sáhara y menos cuando lo ha logrado mediante el uso de la fuerza"

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Pues bien, todos tenemos claro que la agresión por la fuerza de Rusia sobre Ucrania es moral y políticamente condenable. Todos tenemos claro que no se puede ni se debe permitir que Rusia anexione partes de un país por la fuerza. Pues si todos lo tenemos tan claro, y así debe de ser, en el caso del Sáhara Occidental es moralmente reprobable que se pretenda reconocer soberanía alguna a Marruecos sobre dicho territorio y menos cuando lo ha logrado mediante el uso de la fuerza en contra de las reiteradas y numerosas resoluciones de Naciones Unidas y de un dictamen de la Corte Internacional de Justicia que reconocen el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro mediante la realización de un referéndum. España no puede adoptar acuerdos en contra de estos principios.

La carta del presidente Sánchez es un disparate y no es sensata como algunos empiezan a defender. En primer lugar, no es un acuerdo, ya que el Gobierno marroquí no ha firmado nada y en segundo lugar es una rendición incondicional. ¿Cómo puede pretenderse que un régimen autocrático como el de Marruecos sea garante de un referéndum democrático? ¿Cómo se pueden ignorar las acciones represivas y brutales del gobierno marroquí sobre la población saharaui y los disidentes? Es un acto de suprema ingenuidad afirmar que esa carta asegura la integridad territorial de España. O sea que ahora se pretende hacernos creer que las fronteras de Ceuta y Melilla y los peñones de soberanía se defienden mediante dicha carta. En términos generales se puede afirmar que la integridad territorial se defiende ante hipotéticos agresores mediante unas fuerzas armadas fuertes que disuadan al pretendido agresor de que no podrá lograr sus propósitos por la fuerza. Finalmente diremos que es otro acto de ingenuidad política creer que una vez anexionado el Sáhara Occidental el rey de Marruecos no volverá a extender sus pretensiones sobre Ceuta, Melilla, peñones de soberanía y si nos descuidamos Canarias. Por eso expreso mi acuerdo con la vicepresidenta doña Yolanda Díaz en el sentido de que en este y en otros temas, España no puede ni debe alejarse del derecho internacional, para evitar que “el derecho sea pisoteado y la fuerza satisfecha”.

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