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Ceferino de Blas.

Cuestión de lenguaje

Las cuestiones del lenguaje están de moda. Nunca se ha sido más libre que ahora para inventar expresiones, neologismos, anglicismos y todos los ismos que haga falta, y a nadie preocupan, salvo los que entran en el campo del género, las minusvalías o las minorías étnicas.

Si usted penetra en esos territorios tiéntese la ropa y procure ser lo más escrupuloso posible, porque en caso contrario podría arrepentirse.

Se leen y escuchan ejemplos que espeluznan por lo disparatados que parecen por emplear una palabra o expresión que no resulte políticamente correcta. Las revisiones del lenguaje en canciones y películas están a la orden del día. Porque lo que en otro tiempo movía a risa, por ingenioso o irónico, ahora puede crear problemas que lleguen a los tribunales.

Si volviese nuestro Luís Taboada, maestro de la sátira, tendría que envainarse parte de su ingenio o difuminarlo para evitar complicaciones con lo que muchos empiezan a llamar nueva Inquisición.

"Nadie da importancia al mal uso de las palabras en el exclusivo campo de la gramática"

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Sin embargo nadie da importancia al mal uso de las palabras en el exclusivo campo de la gramática. Por ejemplo, ya está tan extendido el vocablo “desapercibido” inadecuadamente empleado, cuando quiere utilizarse la expresión “pasar inadvertido”, que parece imposible reconducirlo.

Estrictamente “desapercibido” significa desprevenido, descuidado, despistado, abandonado, que son sus sinónimos, pero se utiliza mayoritariamente en el sentido de pasar “inadvertido”, término que no emplea nadie.

Es comprensible que la palabra “desapercibido/a” sea tan utilizada, en un mundo radicalmente de la imagen, donde todos pretenden que les vean (visibilizarse, se dice) y nadie quiere ser invisible. Es el efecto de la reivindicación de los géneros, de la personalidad, de cuanto se considera que está poco representado y merece ser objeto de mayor atención. Nadie quiere pasar inadvertido, pero todos lo llaman “desapercibido”.

Y ya no hay vuelta atrás. Hace unos años se puso de moda la expresión “poner en valor”, cuando en décadas anteriores se utilizaba el vocablo “avalorar”, que equivalía a dar valor o aprecio a una cosa.

"El vocablo 'desapercibido', emitido inadecuadamente en anuncios publicitarios serios, debería cambiarse por el más apropiado 'inadvertido' que nadie emplea"

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Era más sencillo, por economía del lenguaje, emplear el verbo avalorar que “poner en valor”, que son tres palabras, pero la moda se ha impuesto, en especial en la jerga política, y parece que significa más, que tiene más fuerza esta expresión que el verbo antiguo. Porque si también fue moda en un tiempo, se ha quedado arcaico. Hoy nadie lo usa.

Ocurrió con la palabra “detentar”, en lugar de ostentar, que parecía demasiado ostentosa para emplearla, cuando la primera significa todo lo contrario: retener ilegítimamente un poder o cargo. Cuando ostentar, que también significa exhibir, es tener un título legítimamente. Pero el término parecía inadecuado, y se empleó detentar. Entonces había cierto escrúpulo con la imagen personal y con las palabras. Pero ya pasó. Hasta los modos de comportamiento, cuando no son tendencia, desaparecen.

Es lo que tienen las modas aplicadas al idioma, que también se diluyen. Por eso la Real Academia afronta cada vez más trabajo para incorporar palabras y expresiones nuevas que llegan a raudales a lomos de la globalidad y las nuevas tecnologías y aunque algunas se incorporan y perviven, otras se vuelven arcaicas o se extinguen.

Tal vez pase también con las palabras y expresiones referidas al género a las discapacidades o las minorías étnicas y a cuanto impediría a los escritores satíricos emplearse a fondo. Es cuestión de un cambio ambiental que igual vuelve algún día.

Lo que antecede viene a cuento del vocablo “desapercibido”, emitido inadecuadamente en anuncios publicitarios serios, de los que se supondría que están revisados por correctores de estilo, y que debería cambiarse por el más apropiado “inadvertido” que nadie emplea, aunque eufónicamente guarde más similitudes con la visibilidad.

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