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José Manuel Fernández-Alvariño

Dar las gracias a Amancio Ortega

Es un programa del Gobierno de España a través del Ministerio de Sanidad y las consejerías de sanidad y salud de seis autonomías, Galicia entre ellas; todas dispondrán a corto plazo de un centro de protonterapia, la radioterapia más segura y de mayor precisión, especialmente aconsejada en pacientes oncológicos de larga supervivencia e infantiles. Leemos “es una técnica que permite un tratamiento muy eficaz de tumores de difícil acceso o situados en lugares sensibles, con una altísima precisión que acorta de manera muy significativa los tratamientos y evita en buena medida los efectos secundarios de otras técnicas. La protonterapia reduce de forma significativa tratamientos innecesarios en tejidos sanos, es una forma eficaz para tumores en los que la radioterapia no resulta efectiva y la cirugía no es una opción”. Los gallegos estamos de enhorabuena. Vamos a poder ser tratados, si un día lo necesitamos, de la enfermedad más terrible con la tecnología más avanzada del mundo. Paga la Fundación Amacio Ortega.

En países democráticamente avanzados no solo la financiación público-privada acorta los tiempos en que las infraestructuras y los servicios llegan a todos los ciudadanos, sino que la filantropía consigue afrontar de raíz la financiación de equipos y proyectos que precisan de muchos recursos financieros, de conocimiento y personal técnico adecuado. En España el mecenazgo privado queda englobado en su mayoría en lo que llamamos “Responsabilidad Social Empresarial”, que expresa lo que la empresa hace por la sociedad en general o por su comunidad en particular, además de generar riqueza y empleo y de cumplir las normativas de igualdad, sostenibilidad ambiental, y aquellas que cada actividad empresarial exige. Amancio Ortega cumple esto y mucho más.

Todos sabemos que es uno de los hombres más ricos del mundo, y que partiendo de un pequeño negocio ha conseguido ser líder global en su sector, tener presencia en la mayoría de los países del mundo, y ser un referente en los estudios de dirección, innovación y gestión empresarial en universidades y escuelas de negocios. Su riqueza es consecuencia de construir un proyecto con decenas de miles de empleos, y que sus productos sean los preferidos por todas las tipologías de clientes. Ni se ha beneficiado de un monopolio, ni de concesiones especiales, solo produciendo prendas y abriendo tiendas, somos los ciudadanos los que entramos en ellas y compramos. Es el mejor ejemplo que podemos poner de creación, crecimiento, consolidación, liderazgo y globalización en un mundo en proceso de cambio acelerado tecnológico y social como nunca hubiéramos previsto. Es obra de un gallego, Amancio Ortega.

Pero hay voces que desde la inanidad de la política vacía y oportunista lo critican, y a los gobiernos que hacen que los ciudadanos dispongan cuanto antes de la mejor y más avanzada terapia contra el cáncer. Como empresario en un país democrático no podemos mandarlos callar, pero sí decirlo con fuerza y con orgullo, por mí y por todos: gracias, Amancio Ortega.

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