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José Manuel Fernández-Alvariño

Justicia. Administración. Mercado

El cambio que se está produciendo en la economía es asombroso. Sectores que parecían muy sólidos e inamovibles –eléctricas, petróleos, banca– tienen que modificar radicalmente sus estrategias para adaptarse a los requerimientos de una nueva planificación social en que la lucha contra el cambio climático obliga a abandonar los combustibles fósiles, y la gestión del dinero presenta años de márgenes escasos y nuevos competidores en ascenso. La tecnología inunda nuestras vidas, desde la movilidad de las comunicaciones –voz, datos, entretenimiento, siempre en tu móvil– a las aplicaciones científicas y médicas, una disrupción continuada acelera la vida.

Sin embargo, hay cosas que no cambian nunca. Los jueces siguen interpretando la ley en muchos casos a la luz minuciosa de viejos preceptos y no de realidades tangibles. El caso de Ence es paradigmático. Vamos a terminar con una industria modélica, circular, sostenible, que cierra el ciclo integral de aprovechamiento de la naturaleza creando miles de empleos y una actividad económica en ascenso e imprescindible en Pontevedra, porque el Estado la colocó allí hace 50 años, cuando era la empresa Nacional de Celulosas. Si los jueces van al detalle, la Administración que crea la ley quiere resolver no los problemas más complejos, sino los que no se ajustan a sus dictados, nadie entiende la inseguridad jurídica con que ha condenado a Ence al allanarse ante la justicia. Y el mercado mientras tanto, no da tregua, y los competidores correrán a llenar los huecos que se produzcan en la producción.

Así que todo cambia a un ritmo acelerado menos los jueces, la administración y el mercado, cada uno interpreta su parte y nadie piensa en el todo. Y desde luego, si alguien tuviera una visión global entendería que la estupidez que estamos a punto de cometer pasará a los anales.

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