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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El “subidón”

Hay que reconocerle a este Gobierno central que tiene unos vendedores de humo muy eficaces. Probablemente, de esos que, según las leyendas rurales, serían capaces de vender una mula ciega como si su vista fuera la de un halcón. Y para quienes lo duden puede bastar el penúltimo –el último fue el show presidencial del Programa 2050– ejemplo: el birlibirloque referido al nuevo modelo de cotización para el sector de los trabajadores autónomos, que se considera una tarea a medias entre el ministro Escrivá y la titular de Trabajo, que dice que el gabinete de Sánchez ha reformado la Constitución y se queda tan tranquila.

Vienen a cuento las citas, del primero porque afirma que los trabajadores por cuenta propia cotizarán en función de sus ingresos y deduce de ello que eso aliviará sus cuotas, algo que solo sucedería si ganasen menos. Por lo que respecta a la señora Díaz, y más allá de la boutade constitucional, parece mantener bajo mínimos su capacidad didáctica: lo demostró cuando “definió” los ERTE, lo mantuvo al interpretar los datos de la EPA y el INEM y ahora al hablar de reforma “revolucionaria” al retocar los tipos de contratos.

(Lo de un posible aumento de las indemnizaciones por despido, que también planteó, es algo parecido a pretender la creación de empleo sin contar con la patronal. Pero, aun siendo ambas referencias graves, la cuestión de los autónomos tiene especial significación –en negativo– para Galicia. Primero, porque son parte esencial de su tejido socioeconómico y segundo, porque cualquier laboralista sabe que cuanto menos se cobre, menos se percibirá al jubilarse. De ahí que la media de las pensiones sea aquí inferior a la media nacional. Eso dicen algunas estadísticas.

Ítem más. En materia de cotizaciones, hay un abismo entre los autónomos y los trabajadores por cuenta ajena. En este sector la parte más importante de la cuota a la Seguridad Social la aporta la empresa y, en el primero, el titular corre con el total de la que elige en función de sus ingresos, que, por otra parte, no son en concepto estricto de salario. Es cierto que en la primera decena de este siglo la situación mejoró algo con la aprobación de un estatuto para los autónomos, pero también que su desarrollo ha sido muy lento e incompleto y su situación general no mejoró lo prometido.

Por todo ello, bastante de cuanto dijo el ministro Escrivá –más solvente en su área que la señora Díaz en la suya– forma parte de la propaganda con la que ha debido contagiarse la mayor parte de sus colegas. Y la titular de Trabajo hizo un relato que, además de contradictorio en cuanto a la reforma laboral, suena a todo lo contrario de lo que la Unión Europea tiende a considerar razonable para hacer frente a las consecuencias de la pandemia. Además de los impuestos, claro, que en España, y para las clases trabajadoras, supondrán un “subidón”. Por eso se mencionaba a los vendedores de humo.

¿Eh...?

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