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Ceferino de Blas.

Un gran estadio

Los vigueses siempre ambicionaron tener un gran estadio porque consideraban que su ciudad era una de las cunas del fútbol en España. Cuando se inauguró el primer Balaídos con un partido entre el histórico Real Unión de Irún y el Celta, el mítico periodista deportivo Manuel de Castro “Handicap” escribió:

“Todo vigués, todo gallego, debe sentirse hoy orgulloso con la inauguración de su Estadio de Balaídos. El sueño dorado de todos ya ha plasmado en la más bella de las realidades”.

Balaídos tenía un antecedente en el campo de Coia, porque el fútbol en Vigo, importado por los ingleses, ya acumulaba décadas, y Coia había sido escenario no solo de los partidos del Vigo –con el Fortuna antecesores del Celta–, sino de encuentros internacionales. En Coia habían entrenado los jugadores españoles que acudieron a la Olimpiada de Amberes, y consiguieron la medalla de plata.

Las obras de Balaídos se habían iniciado en septiembre de 1924, cuando los lectores del FARO se enteraron de que se iba a construir un estadio con capacidad para 20.000 espectadores.

Los promotores eran empresarios –Joaquín Fontán, Julián Valverde, Ramón González y Victorio Puig–, porque en el pasado, en Vigo, las grandes obras las acometía la iniciativa privada. El estadio se inauguraba el 30 de diciembre de 1928, y tiempo después pasó a poder municipal.

Duró hasta el Mundial de Fútbol de 1982. Vigo se comprometió entonces y se implicó en que la ciudad tuviera un estadio remodelado y adaptado a los tiempos. Las obras ascendieron a 645 millones de pesetas, de los que 160 corrieron a cargo del Comité organizador.

En este intervalo de cuarenta años, Balaídos se ha desgastado, hasta el extremo de perder seguridad. Vigo corrió el peligro de perder lo que tanto ansiaba: su sueño de un gran estadio para el equipo idolatrado por vigueses y gallegos. Era necesario construir uno nuevo o acometer una reforma de tal volumen que el viejo Balaídos se transformase en un símbolo del siglo XXI.

"Vigo echa el resto para disponer de un estadio a la altura de los tiempos y de la modernidad de la ciudad"

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Pese a las cuantiosas inversiones que suponía, por ser una obra que trascendía e implicaba la sensibilidad de los vigueses, la corporación que preside Abel Caballero asumió el reto como un proyecto en sintonía con la ciudad del futuro que se está construyendo. Ya están concluidas, y hábiles, la Tribuna y la grada de Río, y el pasado miércoles, con la solemnidad de los grandes acontecimientos, se colocó la primera piedra de la grada de Marcador.

Vigo echa el resto para disponer de un estadio a la altura de los tiempos y de la modernidad de la ciudad. Para conseguirlo, como en otros proyectos ya acometidos, se han unido Ayuntamiento y Diputación, que aportan conjuntamente 15,5 millones de euros. Es la inversión más cuantiosa que ha comprometido el Ayuntamiento en una sola obra en su historia, y cuenta con la Diputación que nunca se había implicado en tal medida con Vigo. No en vano la presidenta es una viguesa, Carmela Silva.

Quieren seguir cumpliendo con aquel sueño y aquella ambición de los vigueses de hace un siglo. Por eso, Balaídos no solo será un gran estadio, sino uno de los símbolos de la ciudad en estos tiempos en los que la arquitectura ha vuelto a elevarse en todo el mundo a la categoría de gran arte. Y en sintonía con la ciudad que transforma y embellece la actual corporación municipal.

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