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Antonio Touriño

El mirador de Lobeira

Antonio Touriño

Albariño: el secreto de Trump

¿Quién con unas copas de albariño no ha conseguido clavar el acento inglés de Texas o Colorado? Sus 13 o 14 grados de alcohol lo convierten en un perfecto elixir para mejorar la locuacidad en los momentos de mayor fragor dialéctico-político o en cualquier escenario. Su frescor es alivio inmediato para los actuales héroes de westerns que echan de menos las polvorientas carreteras de Kansas. Su exquisito sabor y aroma, una tentación exclusiva para dignatarios del primer mundo. Un vino que Trump quiere convertir en su secreto de Estado, en un tesoro místico, en algo inalcanzable para los terrenales.

Subirle el precio del albariño, señor Trump, es la mejor decisión que ha tomado en todo su mandato. Rías Baixas se lo va a agradecer por siempre porque el que compre Albariño en cualquiera de los 50 Estados que gobierna debe pagarlo. No lo diga por Twiter.

Se imagina, señor Trump, que alguien en una fiesta de la Casa Blanca le sirva una copa de champán de seis o siete dólares. Un simple Moët Chandón no baja de los cincuenta pavos y para un sherry de categoría también hay que rascarse el bolsillo. ¡Qué más da, Donald!

Por eso que en su país se dispare el precio del Albariño es una buena noticia. Le da la categoría que le pertenece. Ya no hace falta más promoción: es bueno porque es caro.

Y que lo sepa. el albariño se va a seguir vendiendo en Estados Unidos. en todas las fiestas de clase alta. Y van a pagar por esas botellas lo que realmente valen, porque esa es la mejor estrategia, la mejor promoción de la casa.

Los bodegueros arousanos se van a dar cuenta en breve de que cuanto más caro se venda su vino en Estados Unidos más fama va a tener, porque seguro que lo querrán en sus mesas Britney Spears, Brad Pitt, Kim Kardasian, Beyoncé o Leonardo di Caprio. En la Casa Blanca también estará. ¡Vaya que si estará! Eleve los aranceles. Usted sacará más, pero se lo quita a los americanos que son los que quieren el albariño de Rías Baixas. Sepa que más pronto que tarde, este vino, este néctar digno de emperadores romanos y su descendencia, vencerá a su ambrosíaco secreto porque todo americano lo querrá en sus despensas. En Dios confiamos.

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