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Tokyo 2020 - Piragüismo

El grito más feliz de Portela

Teresa Portela grita de alegría.

Teresa Portela grita de alegría. EFE

El grito de Teresa Portela se escuchó con nitidez en la madrugada gallega. Era el alivio, el desahogo de quien se ha dejado la vida en busca de un objetivo y por fin lo encuentra. En Tokio, a miles de kilómetros del lugar en el que se crió y donde en ese momento dormía su hija Naira, una de los deportistas más grandes que ha dado Galicia hizo realidad un viejo sueño y por primera vez se subió a un podio olímpico. Al sexto intento, con 39 años, la canguesa conquistó una medalla de plata que perseguía desde que en Sydney 2000, con solo dieciocho años, se estrenó en una cita olímpica. Una larga persecución que ha durado veintiún años y que culminó ayer cuando cruzó la línea de meta del Canal del Bosque de Mar en segunda posición, solo superada por Lisa Carrington, la intratable palista neocelandesa que ya acumula once años sin conocer la derrota en una competición. Tras la gallega llegó la danesa Jorgensen y a continuación una colección de palistas a las que saca más de diez años en algunos casos y que asisten al caso insólito de esta gallega que juega contra el tiempo y que con 39 años se mantiene en la élite de una prueba explosiva y que en teoría debería penalizar a los deportistas de mayor edad y premiar a musculaturas más jóvenes, con fibras más reactivas. Pero Teri Portela no entiende de teorías. Nació para pelear y competir y no perder el tiempo en revisar partidas de nacimiento.

En Tokio firmó una de las competiciones de su vida. La ocasión lo demandaba. Al igual que Ana Peleteiro –con la que estuvo el día antes de la final conversando– sabía que si quería una medalla en triple salto debería estirar considerablemente el récord de España, Portela era consciente de que con el viento soplando a favor de las palistas debería estar claramente por debajo de 39 segundos para tener alguna opción.

En esta ocasión el destino le hizo un pequeño guiño, como si quisiese compensarle por lo sucedido hace nueve años en el Canal de Dorsey en Londres. Allí, por culpa del viento y del ruido que venía desde las gradas, no escuchó el sonido que alertaba a los palistas de que se preparasen para la salida. Una o dos décimas se dejó en aquella salida que ya no hubo manera de compensar. Un palo terrible que le costó superar. Ayer en cambio se vio en la final remando por la calle más alejada al muro del canal, una pequeña ventaja porque es la zona en la que menos se siente el rebote del agua, sobre todo en los últimos metros. Y sucedió porque un par de horas antes de la final estuvo a punto de venirse todo abajo. En la semifinal terrible, donde se veían las caras las cuatro primeras del último Mundial y estaban todas las aspirantes a la medalla, Teresa igualó con la sueca Stensils en el cuarto puesto. Acabaron en la misma milésima para cargar de dramatismo la situación. La decisión definitiva se demoró durante unos segundos angustiosos mientras Teresa miraba hacia la grada en busca de un gesto cómplice. Finalmente se dio oficialidad a los tiempos y el jurado determinó que tanto Portela como Stensils efectivamente habían igualado en todo y debían estar en la pelea por las medallas. Por este motivo se amplió el número de finalistas a nueve y se habilitó una calle más, próxima a la grada y aún más alejada del muro. Y ese carril fue por el que Teresa Portela remó entusiasta en busca de la gloria.

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A la sexta fue la vencida: Teresa Portela, plata en Tokio EFE / Reuters

A diferencia de lo ocurrido en Londres en 2012 sus primeros cien metros resultaron prodigiosos y luego consiguió mantener la velocidad pese al empuje de la danesa Jorgensen y de la polaca Walczykiewics, sus grandes rivales y amenazas por el podio. Ambas la superaron en la semifinal con cierta holgura, pero en la final el cuento era obra de un autor diferente. La gallega resistió el ataque de sus perseguidoras sin perder apenas velocidad para finalizar con un tiempo de 38.883 por detrás de Lisa Carrington (38.120). El podio lo completó Jorgensen que se quedó en 38.901 segundos. El momento para la felicidad desbordada, los gritos en el agua, en la grada y montones de lágrimas. De Teri y de todos los que la sienten como parte de su vida.

Teresa Portela se abraza con su marido David Mascato. EFE

En una prueba de absoluta explosividad Teresa Portela ha conseguido el mayor éxito de su vida cuando está cerca de alcanzar los cuarenta años. Un ejemplo de dedicación y esfuerzo. Ayer seguramente encontró el consuelo a la mayoría de los palos que recibió en los Juegos Olímpicos. Demasiadas veces había estado cerca del podio, disparando al poste. Ayer al fin se subió a él, plena de felicidad, para recibir la medalla olímpica que pronto descansará en la estantería de la casa de sus padres en Aldán.

La gallega viajó a Tokio sabiendo que iba a hacer historia al convertirse en la primera española que acudía a seis Juegos Olímpicos (lo que significa más de veinte años en la élite del deporte mundial), pero ha terminado por rubricar su gesta de la manera más maravillosa posible. Para que la fiesta fuese completa solo le faltaba la pequeña Naira, su hija de siete años que la acompaña a todas las competiciones, pero que se tuvo que quedar con los abuelos debido a las restricciones para viajar. El regreso y el reencuentro prometen ser antológicos.

“No me guío por la edad, sino por el cronómetro”

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Teresa Portela celebra el triunfo tras salir del agua. EFE

La palista siente que su recompensa “ha llegado”, abre la puerta a seguir compitiendo y no descarta estar en París 2024.

Teresa Portela aseguró sentirse “emocionada” tras ver culminados los resultados a tantos años de trabajo. “Al final siento que mi recompensa ha llegado”, dijo la gallega. “He conseguido lo que yo deseaba, poder subir al podio y vivir la experiencia de ganar una medalla”, que le dedicó con especial significado a su hija Naira, “que me pedía desde casa que por favor ganara”, contó.

Dos décadas de Olimpiadas no parecen ser suficientes para la veterana palista, de 39 años, que aseguró que a partir de ahora quiere seguir “disfrutando de este deporte y de todos estos años de trabajo duro” que la han llevado hasta el momento actual

“Quiero seguir pensando en piragüismo y, por qué no, seguir estando en París”, señaló la de Cangas, que es consciente de lo difícil que es llegar a unos Juegos Olímpicos.

Sobre estas líneas, durante la final. EFE

“Yo me planteo año a año. Quiero seguir y París está a la vuelta de la esquina”, dijo con convicción ante los periodistas en el complejo de regatas Sea Forest Waterway en la bahía de Tokio.

Portela confesó sentirse feliz no solo por ella, sino “por todo el trabajo, por mi equipo, por el deporte” y el cariño de sus compañeros y allegados, de los que tiene conocimiento de que están disfrutando “esa medalla tan deseada”.

La palista de 39 años, también se deshizo en halagos hacia la neozelandesa Lisa Carrington, reina de esta prueba, que consiguió su tercer oro olímpico consecutivo. “Es una inspiración”, señaló la gallega, “una chica que somos conscientes que tiene un talento increíble, trabajadora”, una rival que las anima a ellas y a sus demás rivales “a mejorar e intentar estar cerca” de su rendimiento, porque “la competencia también es buena porque nos hace mejorar”, en un caso como el suyo.

“Aquí hay que trabajar y cuando llueve estar ahí bajo la lluvia"

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Para llegar a este momento “no hay secretos”, aseguró la deportista. “Aquí hay que trabajar y cuando llueve estar ahí bajo la lluvia, y cuando hace sol, y hay que insistir, siendo consciente de que para mejorar pasa un año y otro y hay que buscar intentar mejorar e intentar crecer y dar lo mejor de uno mismo”.

Portela logró colarse en la final de su disciplina tras una reñida semifinal en la que acabó empatada en cuarto lugar con la sueca Linnea Stensils y ambas se clasificaron. Este empate motivó un desajuste en el número de participantes en la final, nueve en lugar de las ocho habituales, que le jugó una mala pasada en la meta.

“No me dio tiempo a digerirlo, es que todavía no me lo creo”, dijo la palista sobre sus primeros pensamientos tras la competición y pese a tener junto a ella la medalla, para recordarle su gesta. “Yo sé lo que llevo luchando por esa medalla”, añadió emocionada.

“A día de hoy estoy más motivada que nunca. Esta medalla me hace bien, y ganas de trabajar siempre tengo”, dijo al respecto Portela, que a sus 39 años asegura no guiarse por la edad a la hora de determinar el devenir de su carrera profesional. “Lo que a mí me hace seguir es el cronómetro y los tiempos, y yo estoy con ganas de trabajar, estoy motivada y los tiempos acompañan, pues para adelante, siempre. Quiero seguir con mi deporte”, afirmó.

Antonio Portela: “Esta es la chapa que buscaba”

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El padre de Portela: "A Teresa no la jubila el DNI" Foto: Santos Álvarez / Vídeo: C. G.

Con la calma de un gallego en una tormenta, Antonio Portela rememoraba en la mañana de ayer, en el muelle de Aldán, la medalla de plata de su hija Teresa Portela conseguida en K-1 200 en las Olimpiadas de Tokio. Acudió a la cita en compañía de su mujer, Teresa Rivas, y de su nieta Naira, de 7 años de edad, que ya había hablado con su madre muy temprano. Ambas se dijeron lo mucho que se querían teléfono móvil mediante. A Naira no le gusta el remo. Prefiere el kárate o el baloncesto.

Imágenes de la celebración de la medalla en Aldán. SANTOS ÁLVAREZ

Antonio Portela tiene las pulsaciones de un atleta de élite. No se desencaja por una medalla de plata olímpica, ni después de llevar 48 horas sin dormir. Afirma que la medalla de su hija es su carrera como atleta, que la de esta mañana (por la madrugada del martes) ha sido la “chapa” que buscaba. Pone la mirada en su nieta y quiere recalcar que Teresa es, ante todo y sobre todo, madre. Una madre que no delega en absoluto sus funciones. Y le sale del alma decir que es una presea que representa a todas las madres. “Ella siempre dice que compaginar su entrenamiento con ser madre es lo que hacen también todas las madres que van a trabajar, a la fábrica o a un despacho”. Pero él sabe que no es tan fácil. Vivió las amarguras de su hija cuando las Olimpiadas de Sidney la dejaron sin la selectividad. “Ella es tantas veces campeona del mundo porque es la forma de conseguir la beca ADO. No tiene sponsors”.

El que habla es un padre orgulloso, al que la emoción no le impide hacerlo. Son demasiados años con mucha tensión acumulada, en los que ha visto a su hija crecer y hacerse madre siempre con un remo a su lado. Comenta que Teresa comenzó en el remo cuando tenía 9 años. Eran esos tiempos en los que en Aldán no había más deportes que el remo o el fútbol. “Tenía una amiga que hacía remo y decidió probar. Después, al salir del entrenamiento iban juntas a la playa. Ahí comenzó todo”.

En el centro, la abuela de “Teri”, celebrando la medalla con vecinos.

En el centro, la abuela de “Teri”, celebrando la medalla con vecinos. Sántos Álvarez

Lamenta no haber podido estar en Tokio. Tenían todo organizado y pagado para viajar a Japón, a donde iban a ir con unos amigos. Pero el COVID lo impidió. Mala suerte, porque excepto en uno de los cinco Juegos Olímpicos en los que participó Portela anteriormente, habían viajado siempre. Fueron a Atenas, China, Londres y Río.

Menciona Antonio Portela que su hija se encuentra muy contenta, que no sabe cuándo regresa y que para nada habla de retiro. “Ella no quiere que la retire el DNI, sino cuando la motivación desaparezca”. Manifiesta que la primera cosa que le dijo tras conseguir la medalla de plata fue: “Objetivo cumplido”.

Antonio Portela es un hombre que sigue el deporte. Aprovechó la carrera de su hija para ver la competición de vela y el baloncesto. Por un instante recuerda que la carrera de semifinales había dejado a su hija en cuarta posición. “Ya ven, ella era la misma, pero en el deporte son pequeños detalles los que te dan la gloria o te la quitan”.

Cartel de apoyo a los olímpicos de Aldán en un balcón.

Cartel de apoyo a los olímpicos de Aldán en un balcón. Santos Álvarez

Cuando se le pregunta cómo tiene pensado festejar la plata de su hija en Tokio responde: “Yo lo festejo todos los días. Vivo en Aldán. No es distinto, es diferente”, afirma Antonio Portela, que quiere acordarse de su pueblo, al que también él dedica la medalla de su hija. Y, de repente, recuerda que es del lugar de Espiñeira, donde ahora mismo compite otro olímpico, el portero suplente de la selección olímpica y jugador del Celta Iván Villar. “Hicieron para encontrarse en Tokio y se sacaron una fotografía juntos, según me comentó”. Iván Villar también tiene la medalla de plata asegurada. Espiñeira se convierte, de repente, en el lugar de España con más medallas de plata por metro cuadrado por habitante. Claro que la de Iván Villar aún puede ser de oro.

La escultura en honor a Teresa Portela engalanda con una corona de laurel y una bandera española.

La escultura en honor a Teresa Portela engalanda con una corona de laurel y una bandera española. Santos Álvarez

El exalcalde de Cangas y amigo personal de Antonio Portela José Enrique Sotelo manifestaba ayer que “como cangués y como aldanés me siento orgulloso de tener una vecina como Teri, que demostró que cuando se cree en lo que uno hace no existen barreras. Es una satisfacción personal ver cómo su carrera deportiva ha ido creciendo y estoy convencido que no será su último éxito deportivo. Enhorabuena campeona, a ti y a tu familia y a Aldán”, le dice a Teresa Portela.

Pancartas con vítores a Teresa Portela.

Pancartas con vítores a Teresa Portela. Santos Álvarez

Los vecinos de Aldán colocaron carteles en sus puertas y ventanas donde felicitaban a su paisana. El COVID-19 les impedía salir y reunirse en el muelle para arropar a la familia. Mientras, la alcaldesa de Cangas, Victoria Portas, tiene la intención de reunirse hoy con concejales y técnicos municipales para organizar el recibimiento de la campeona de Aldán.

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