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Guerra en Ucrania

El ucraniano-vigués Igor Chumak, testigo de la masacre de Bucha

“Llevamos cuerpos para enterrarlos”, relata a FARO el joven en medio de un panorama de horror

Igor, el ucraniano-vigués testigo del horror de Bucha

Igor Chumak; cadáveres de civiles, en la ciudad de Bucha que acaba de ser liberada por las fuerzas ucranianas; y coches de civiles calcinados por un bombardeo mientras huían Igor Chumak

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Igor Chumak; cadáveres de civiles, en la ciudad de Bucha que acaba de ser liberada por las fuerzas ucranianas; y coches de civiles calcinados por un bombardeo mientras huían Rafa López

“La nueva Srebrenica”. Así califica el Ministerio de Defensa de Ucrania lo ocurrido en Bucha. La masacre de cientos de civiles, algunos tiroteados con las manos atadas a la espalda, en esta ciudad dormitorio de Kiev, recuerda al asesinato de cerca de 8.000 personas de etnia bosnia musulmana en la región de Srebrenica, en julio de 1995, durante la guerra de Bosnia. Como entonces, ayer varios dirigentes políticos y analistas occidentales alzaron la voz denunciando crímenes de guerra por parte del ejército ruso, que parece repetir el modus operandi de Siria y Chechenia. Circulan en periódicos y redes sociales imágenes y testimonios del horror, como el relato de primera mano que ofrece a FARO desde Bucha el ucraniano-vigués Igor Chumak.

“Llevamos cuerpos para enterrarlos”, relata Igor, huérfano adoptado junto con su hermana por un matrimonio vigués, en uno de los vídeos que envió por WhatsApp a FARO la noche del sábado, y en el que muestra una docena de cadáveres metidos en bolsas de plástico negras.

ATENCIÓN: las siguientes imágenes pueden herir su sensibilidad.

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Cadáveres en Bucha, uno (derecha) con las manos atadas Igor Chumak

En otra de las imágenes se ven siete cadáveres, y al menos uno de ellos tiene las muñecas unidas por una cinta blanca. La terrible foto, que apunta a asesinatos a sangre fría de civiles, fue compartida en redes sociales y enviada a FARO por Chumak. El fotoperiodista español Santi Palacios captó esa misma escena y la publicó ayer en la revista digital “5W”. Habitantes de Bucha le dijeron que los cuerpos corresponden a hombres de las autodefensas ucranianas, y que los soldados rusos los pusieron de rodillas y los ejecutaron.

En otra de las fotos enviadas por Chumak aparece el cadáver de un civil de edad provecta con los brazos extendidos y el horror en su rostro. Envió también un vídeo en el que aparece un coche familiar en la cuneta, con el frontal destrozado y la palabra “niños” escrita en ruso en el lateral.

“No me entra en la cabeza que esta gente pida solo pan para comer”

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Además de intentar dar cristiana sepultura a los muertos, Igor Chumak y sus amigos de la iglesia en la que se refugia se ocupan de los vivos. “Vamos a ayudar a gente que está escondida en sus casas y necesita comida y medicinas”, señala. Acuden adonde les llaman con una furgoneta con cristales blindados que pertenece a un banco. Se les acercan unos civiles demacrados y vestidos con ropa sucia. “La gente busca agua por la calle para beber. Piden muchas veces pan o algo de comida... No me entra en la cabeza que ahora que tenemos todo tipo de comida esta gente pida solo pan para comer”, cuenta con la mirada perdida.

En otro vídeo de Bucha grabado por Igor aparecen tanques rusos calcinados hasta donde alcanza la vista. Hay un tanque montado encima de otro vehículo militar, lo que parece sugerir una retirada precipitada. A ambos lados, casas unifamiliares en lo que en su día fue un suburbio idílico. Y a escasos metros, un colegio. Un hombre trabaja ya en la reparación del tejado destrozado de su casa.

Coche con la palabra “niños” en ruso

Coche con la palabra “niños” en ruso Igor Chumak

En la carretera, decenas de coches quemados de civiles que huían de Bucha y de la vecina Irpín bajo los bombardeos. Al volante de un turismo de Bucha aplastado, probablemente por un tanque, se entrevé el cuerpo sin vida de un civil.

Son las terribles consecuencias de 29 días de ocupación rusa, que concluyeron el pasado sábado. El silencio desolador solo lo rompe los ladridos de un perro, un pastor alemán que se acerca, dócil, a Igor Chumak y éste lo acaricia cariñosamente. Un lapso de humanidad entre tanto horror, en el que surge una pregunta: si han hecho esto en una ciudad de 38.000 habitantes, ¿qué se encontrarán los ucranianos si liberan Mariúpol, con diez veces más población?

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