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Faro de Vigo

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Guerra en Ucrania

La desoladora huella de 29 días de ocupación rusa en la periferia de Kiev

Los supervivientes denuncian asesinatos de civiles a sangre fría y afirman que los soldados rusos iban buscando bases de la OTAN en Ucrania

El cuerpo de un civil, semienterrado en Bucha.

Cuando los soldados rusos llegaron a su casa, Leonid y Tamila Klimparski estaban escondidos en el sótano junto a su hijo y la abuela. Los Klimparski viven en una casa de una sola planta en el centro de Bucha, una pequeña ciudad de 30.000 habitantes pegada a Irpin y situada al noroeste de Kiev, en la periferia de la capital ucraniana. Ocho tanques enemigos se habían apostado en las inmediaciones y un grupo de soldados empezó a aporrear la puerta del sótano, antes de amenazarles con volarla con una granada. "No disparen, somos los dueños de la casa, saldremos inmediatamente", respondió la familia, según relata Tamila. "Venimos buscando las bases de la OTAN. ¿Dónde están?", les espetaron los militares ante sus rostros de asombro.

Ese fue el comienzo surrealista de la ocupación rusa de Bucha para la familia Klimparski, que comenzó el 3 de marzo y se prolongó hasta este mismo jueves 31, cuando el alcalde de la ciudad la dio por "liberada". Y es que en Ucrania no hay bases militares de la OTAN. De hecho, el país ni siquiera pertenece a la Alianza Atlántica, por más que Vladímir Putin haya enarbolado esa posibilidad –ya descartada por todas las partes-- como uno de los argumentos para justificar la invasión que está destruyendo regiones enteras de Ucrania. A los Klimparski, sus explicaciones no les sirvieron de nada. Más de 40 militares rusos se instalaron en su villa durante casi un mes mientras ellos hacían vida en el sótano saliendo solo ocasionalmente.

En busca de comida

"No nos trataron mal, pero pasamos mucho miedo. Por las noches nos encerraban porque temían que la gente del pueblo les atacara", asegura Leonid frente a una larga cola de vecinos que espera para recoger las bolsas de alimentos que ha llevado hasta la ciudad un pequeño convoy de la World Central Kitchen, la organización fundada el chef español José Andrés, que comandó el sábado la expedición a las vapuleadas calles de Bucha e Irpin. El Periódico se sumó a la misión junto a un periodista de Radio Nacional de España, solo dos días después de que las últimas tropas del Kremlin se retiraran de esta ciudad dormitorio severamente castigada por los intensos combates de las últimas cinco semanas.

Las cicatrices están por todas partes. Un tanque ruso calcinado yace sobre la calzada, junto a hileras de coches convertidos en amasijos de chatarra. Los casquetes de munición se apilan junto a las aceras y, por toda la ciudad, hay viviendas destruidas, negocios quemados y bloques de apartamentos con grandes boquetes en las fachadas. La tipología del desastre, confirmada por militares ucranianos, sugiere que la batalla por la periferia occidental de Kiev se ha librado fundamentalmente con artillería, morteros y obuses.

Una carretera bombardeada en Bucha, en la región de Kiev. Reuters

No hay demasiadas señales de que la aviación rusa haya desempeñado un papel importante. Y es que, si bien la destrucción es generalizada y devastadora en algunos puntos, no llega a las dimensiones apocalípticas que los cazas de guerra rusos y el régimen sirio causaron en Aleppo o aquella que el Ejército israelí dejó en el sur del Líbano y los barrios chiís de Beirut en 2006, completamente arrasados.

En la carretera entre Irpin y Bucha, un autobús escolar amarillo yace estampado contra una valla. Y no muy lejos de allí, aparecen dos vehículos con la palabra 'niños' escrita en los laterales y la carrocería rociada de balas. No parece haber nadie dentro, aunque los indicios de crímenes de guerra son numerosos. Por las redes sociales circula un vídeo tomado presuntamente en Bucha en que un coche va sorteando entre la bruma cadáveres tirados sobre la carretera, aparentemente de civiles.

Un grupo de ucranianos huye de Bucha tras la destrucción causada por las fuerzas rusas. Reuters

A sangre fría

En otro barrio del sur de Bucha, conocido como la Fábrica de Vidrio, Alexei asegura que las tropas rusas instaladas en el vecindario mataron a sangre fría a varios civiles desarmados. "Yo mismo he enterrado a tres de ellos", dice Alexei, un vecino de 42 años, que no quiere dar su apellido. "Un hombre estaba tomando un café en ese banco, junto a nuestro bloque de apartamentos, y un soldado se le acercó y le disparó sin mediar palabra".

Alexei asegura que algunos cuerpos han sido enterrados en los gélidos jardines del barrio, donde apenas quedan ventanas intactas. También el depósito de agua, una torre de ladrillo con la cabeza ennegrecida y agujereada, fue atacado por un tanque, según los residentes. "Cuando llegaron se comportaron con amabilidad, pero poco a poco se fueron volviendo más agresivos. Disparaban a los coches sistemáticamente y dieron órdenes para que solo las mujeres salieran a recoger agua".

Una calle de la población de Bucha, cerca de Kiev, destrozada por vehículos armados rusos. Aris Messinis

Varios vecinos aseguran que los soldados iban buscando a excombatientes del Donbás, la región separatista que se levantó en armas en 2014 con el apoyo del Kremlin, poco después de que la revuelta del Maidán alentada por Occidente defenestrara al último presidente prorruso de Ucrania.

"Aquí en este barrio encontraron a siete y acabaron con ellos”, afirma Alexei junto a varios negocios con las cristaleras rotas y su interior saqueado. Los residentes sostienen que fueron primero los soldados rusos en entregarse al pillaje. No solo de los comercios, sino también de algunas casas, de las que se habrían llevado hasta los televisores y otros electrodomésticos. Pero después fueron los propios vecinos los que vaciaron los restos de las tiendas porque han tenido que sobrevivir durante el mes de ocupación con lo poco que tenían en casa. Casas sin agua, electricidad, gas ni calefacción.

Las hogueras con pequeñas ollas de hierro humeante seguían este sábado a las puertas de los edificios. Y varios vecinos reconocían que no saben exactamente cómo ha sido la batalla de Bucha porque han pasado casi todo el tiempo escondidos en los sótanos de las casas. Solo salían para recoger agua, cortar leña y cocinar a la intemperie. "Ha sido horrible, vivíamos escondidos bajo tierra, no había comida ni medicinas”, dice Tatiana, una mujer de 54 años que parece haber cumplido los 80. Antes de marcharse, con una mirada aturdida de extrema confusión, lanza una pregunta: “¿Usted sabe sin van a volver los rusos? Lo digo porque esta vez no podremos aguantar”. 

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