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“Hoy es Ucrania, mañana puede ser otro país”

El ucraniano Igor Chumak, apadrinado por un matrimonio vigués, construye barricadas para defender Kiev

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Igor Chumak y su hermana Inna, de niños y de adultos, con Rosa Montenegro. Chumak soldando una barrera antitanque y las barricadas ante la iglesia-refugio

Llamarle “vigués de adopción” a Igor Chumak es mucho más que una fórmula. Prácticamente huérfano –su madre pasó 6 años en la cárcel y al poco de salir falleció, y su padre ausente es alcohólico–, fue acogido, junto con su hermana Inna, por el matrimonio vigués formado por los pedagogos Rosa Montenegro y Pedro Matas. Entonces Igor tenía 7 años y ahora tiene 32. Graduado en Empresariales y con un futuro muy prometedor, ha decidido quedarse en Kiev construyendo barreras antitanque contra la invasión rusa. “Cuando los rusos entraron en Ucrania pensé que era un mal sueño”, comenta a FARO.

Igor con su hermana Inna, de niños y de adultos, junto a Rosa Montenegro

“El 80 por ciento de la gente que vivía en Kiev se fue a Polonia, porque quedarse era muy peligroso –prosigue–. Cerca de aquí estallan bombas que destruyen casas y vidas, y eso es algo que nunca habíamos esperado. Hay millones de personas que han permanecido en sus casas y luchan por ellas, por sus niños y por sus mujeres”, relata.

Un ucraniano vigués en las barricadas de la guerra

Un ucraniano vigués en las barricadas de la guerra Marta Clavero

Igor y decenas de personas, incluidas unas 150 mujeres y niños, se refugian en los sótanos de una iglesia ortodoxa a las afueras de Kiev. Unos 80 ciudadanos, ayudados por policías, vigilan la calle. Otros más veteranos les han instruido en la fabricación de cócteles molotov. Igor trabaja en la construcción y levanta barricadas de hierro y hormigón.

Barricada y cócteles molotov ante la iglesia-refugio

A las 5.10 de la madrugada del 24 de febrero, un estruendo le despertó. “Cerca de mi casa, en el aeropuerto, explotó una bomba. En otros lugares de Ucrania bombardearon los aeropuertos, fue lo primero que hicieron. Teníamos el avión más grande del mundo, el Mriya, y lo han volado”, apunta con tristeza.

En ucraniano, “Mriya” significa “sueño”. Como la descomunal aeronave, el sueño de libertad y prosperidad ucraniano ha saltado por los aires, y con él el de sus habitantes. “Igor es un líder nato, mueve montañas, pudo haber salido de Ucrania y no ha querido, se quedó a defenderla”, cuenta Rosa Montenegro, la madre viguesa de Igor. Dos veces al año él y su hermana vienen a Galicia y se alojan en la casa de Rosa y Pedro en Louredo (Mos). La última vez fue en diciembre pasado. “Les ofrecí quedarse”, recuerda la pedagoga, pero los hermanos prefirieron seguir construyendo su futuro en Ucrania.

“Igor es un líder nato, mueve montañas, pudo haber salido de Ucrania y no ha querido, se quedó a defenderla”

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Cualquier otro maldeciría su suerte, pero Igor siempre muestra una sonrisa. “Quiero muchísimo a Dios y a Jesús. Él me ayuda mucho, desde niño hasta ahora”, afirma Igor, de fuertes convicciones cristianas. “Aunque me siento fuerte tengo muchas ganas de llorar. Pero no quiero que nadie me vea llorar cuando estoy solo”, confiesa.

–Sabes que tu vida corre peligro.

–Sí [largo silencio].

Igor Chumak, soldando la barrera antitanque

Igor Chumak, soldando la barrera antitanque

“Muchos europeos salieron a rezar por nuestro país –añade Igor, recuperando el tono optimista–. Es lo más importante, rezar a Dios. Le doy las gracias a todos. Pensaba que nos dejarían solos, pero sabía que Dios no nos abandonaría. Ahora veo que muchos países: Francia, Polonia, Inglaterra, España... todos ayudan a Ucrania porque ven que nosotros no hacemos el mal que dice Rusia. Saben que los ucranianos no somos gente de guerra, sino de amor”.

Además de rezar, ¿qué pueden hacer los países europeos? ¿Proporcionar más armas, más comida...? “Pediría que los países europeos se uniesen como uno solo –responde el joven ucraniano–. Cuando estamos unidos somos muy fuertes”.

Igor cree que Putin pensaba doblegar a los ucranianos con facilidad. “Él no puede entender cómo no ha podido conquistar ningún sitio de Ucrania. Están muriendo muchos rusos. Hay muchos tanques rusos que no pueden disparar. Su carácter no le permite reconocerlo y pedir perdón. Es un mentiroso, miente sin pestañear, por eso mucha gente le cree”.

“Europa tiene que darse cuenta. Hoy es Ucrania, pero mañana puede ser otro país. Putin no va a parar"

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Como muchos otros ucranianos y analistas internacionales, Igor advierte que si no se detiene a Putin caerán más fichas del dominó: “Europa tiene que darse cuenta. Hoy es Ucrania, pero mañana puede ser otro país. Putin no va a parar. Piensa que todo el mundo tiene que estar a sus pies”.

En la voz de Igor se palpa el pesar por lo que cree inevitable, cuando los tanques rusos intenten atravesar las calles de su barrio. No teme solo por su gente, sino también por los jóvenes soldados rusos enviados al frente contra su voluntad. “Hay muchos soldados rusos jóvenes, de 18 años, que cuando son capturados por los ucranianos dicen a la cámara que ellos no querían venir, pero el comandante ruso se lo ordenó –relata–. Lloran y piden ayuda a sus madres. A mí me duele cuando lo veo. La gente de Ucrania defiende su tierra, no puede dejar entrar a los soldados, y cuando muere alguien joven no está bien. Los europeos tienen que hacer algo para que los rusos y los ucranianos no mueran. Son jóvenes que tienen mujeres, hijos... No todos los rusos son malos –subraya–, hay muchos buenos que rezan por nosotros. No quiero que haya guerra”.

Igor sabe que hay comandos de sabotaje rusos infiltrados en la ciudad, y en las afueras de Kiev –él está a unos 15 kilómetros de la capital– hay tropas de Putin por todas partes. “En el colegio donde yo estudiaba, a unos 30 minutos en coche de aquí, entró un pelotón ruso con tanques y vehículos. Me llamó mi amigo llorando. Antes los rusos no disparaban a los civiles, solo a los soldados. Ahora disparan a todos”, asegura.

Una madre y sus hijos en el sótano de la iglesia

Cuando empezó la invasión, con su dinero y el que les dio el pastor de la iglesia, Igor y sus amigos fueron con camionetas a comprar arroz, azúcar, agua, pan y pescado congelado para resistir mucho tiempo. “Las chicas están preparando comida, té y leche caliente para nosotros –comenta Igor mientras se prepara para otra noche angustiosa–. Tenemos comida, pero no sabemos para cuánto tiempo. Los supermercados están todos cerrados”.

Igor y los suyos sienten el apoyo de su líder, Volodímir Zelenski. “Es el mejor presidente que ha tenido Ucrania –afirma con entusiasmo–. Es muy joven y no sabía muchas cosas, pero cada año le queremos más. No se ha ido, está aquí, en la guerra. No está solo para las fotos. Está luchando por su país y dice que poco a poco vamos a luchar por nuestros hogares”.

Si algo ha logrado Putin, confirma Igor Chumak, es que “Ucrania está ahora más unida que nunca”. El espíritu y la fe de este joven ucraniano resplandecen al despedirse del periodista: “Cuando esto acabe tomamos un café en Ucrania. Que Dios te bendiga, que esté contigo y con tu familia”.

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