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El hombre que salvó los cerezos

Naoko Abe

En Japón cada primavera la floración de los cerezos es una fiesta de los sentidos, y todo un símbolo de la cultura del país. Lo que casi nadie sabe es que si hoy sigue vivo ese patrimonio de la humanidad es gracias al inglés Collingwood Ingram,hijo de una familia rica, que se interesó en su adolescencia por la ornitología, y el entusiasmo lo llevó a viajar a Japón para escuchar el canto de los pájaros de aquellos parajes. Con el tiempo fue abandonando la pasión ornitológica y la sustituyó por la horticultura, y quedó fascinado por las más de 250 variedades de cerezos.

El hombre que salvó los cerezos

El hombre que salvó los cerezos Anagrama, 435 páginas

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