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Entrevista | Samuel Diz Músico y director de Música no Claustro

“Me encantaría sentir el apoyo para seguir recuperando el legado de la catedral de Tui”

“Renuncié a un desarrollo profesional individual en periodos estivales a favor de una responsabilidad y gratitud colectiva”, dice el director de Música no Claustro, festival que alcanza su mayoría de edad

Samuel Diz, frente al fresco de San Telmo, del siglo XVI, recientemente descubierto por la PUCPR.

Samuel Diz, frente al fresco de San Telmo, del siglo XVI, recientemente descubierto por la PUCPR. / Beatriz Fontán

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Tui

Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero si hay alguien que merece romper ese injusto refrán es Samuel Diz (Tui, 1986), que lleva años trabajando por y para la cultura tudense desde la dirección de Música no Claustro. El festival, que arranca el próximo 1 de agosto, cumple este año su mayoría de edad, y en él Samuel Diz vuelca todo lo aprendido, vivido y desarrollado durante su trayectoria profesional como guitarrista e investigador; una carrera en auge que lo ha llevado a realizar este año una estancia en la Residencia de Estudiantes, la misma en la que hace un siglo vivieron los genios de la Generación del 27.

–18 años ya... ¿Cómo recuerdas la primera edición de Música no Claustro?

–Hasta donde recuerdo, nació de forma casual. La flautista Patricia González y la pianista Andrea González querían ofrecer un concierto y se lo propusieron a don Ricardo. Por otro lado, yo le hice la misma propuesta, con la posibilidad de reunir a intérpretes de Portugal y Galicia para crear una orquesta. Patricia, Andrea y yo estábamos realizando nuestros estudios superiores de música. Don Ricardo rápidamente lo vio claro, en su compromiso y apoyo a las personas más jóvenes, y creó el ciclo de conciertos en el claustro gótico de la catedral de Tui. Así comenzó lo que a partir de la cuarta o quinta edición pasó a denominarse Música no Claustro. Hoy, da vértigo pensar que teníamos menos de 20 años en ese instante y que de esa semilla nacieran otros proyectos como IKFEM.

–¿Ha sido difícil mantener en el tiempo un festival como este?

–En cada edición existen dificultades o situaciones inesperadas, obviamente, pero sin esas circunstancias no existiría aprendizaje. En 18 ediciones hemos aprendido a dialogar y construir al lado de diferentes corporaciones municipales o de miembros del Cabildo. Hemos vivido obras en el conjunto catedralicio o conseguido sacar adelante ediciones en pandemia. Pero la buena actitud de artistas, del equipo y del público se convierten en un chute de energía que ayudan a seguir adelante. Un camino que se convirtió en compromiso consciente desde hace tiempo, en el momento en el que renuncié a un desarrollo profesional individual en periodos estivales a favor de una responsabilidad y gratitud colectiva.

–Este año nos falta ver tu nombre en el programa, ¿estás más centrado en tu faceta de investigador que en la de músico?

–No, para nada, ambas se retroalimentan. Quizás pueda dar esa sensación por el hecho de estar desarrollando una carrera musical internacional y con proyectos artísticos vinculados, en cierta forma, a la academia. En la última temporada han sido muy emotivos los conciertos en el Festival de Música Española Manuel de Falla de Cádiz, en la Galleria Nazionale de Roma como cierre al Año Picasso, en la temporada de la Cleveland Classical Guitar Society de Estados Unidos, así como en las universidades de Boston o Oxford. En paralelo, actualmente disfruto de un proyecto de investigación de la Residencia de Estudiantes y desde 2023 formo parte del I+D+i Hacedoras de Cultura dirigido desde el CSIC, en el que tengo por misión recuperar la obra y legado de compositoras del siglo XX.

–En la presentación del festival dijiste que este último año habías vivido más con una mochila a cuestas que en una casa propia, ¿dónde has estado?

–Pues acabo de pasar la primavera entre Madrid y México, con una estancia en la Residencia de Estudiantes que fue como un sueño hecho realidad. Allí se conservan valiosos archivos que llevo años trabajando y resulta muy emotivo sentir que vives en el mismo lugar que lo hicieron Lorca, Dalí y Buñuel, o los gallegos Luis Pimentel y Jesús Bal y Gay. En medio, proyectos en Berlín, Londres y una intensa gira en el norte de Estados Unidos, a lo que se sumó una estancia en Chile para localizar el legado de la compositora Diana Pey y la celebración en Puerto Rico del hallazgo de un fresco de San Telmo. Este fue un proyecto muy especial, por la significancia de esta representación al ser la primera conservada en el continente americano, y con este motivo tuve la suerte de interpretar una nueva composición para dos guitarras y orquesta de cámara del boricua Hermelindo Ruiz impulsada por la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico que estrenamos en la propia iglesia de San José del viejo San Juan, a pocos metros del propio fresco de san Telmo.

–¿Qué futuro le deparas a Música no Claustro? ¿Hay algo que te gustaría cambiar o incluir en el formato de próximas ediciones?

–Siento que Música no Claustro ha alcanzado su madurez, que su personalidad está muy definida. Música, patrimonio y creación son los tres ejes principales en los que la catedral de Tui es el epicentro. Me encantaría sentir el apoyo para continuar recuperando el legado musical de la catedral y otros archivos de la Diócesis, tomando como experiencia la recuperación de la misa medieval de San Telmo en 2022. En paralelo, sentir que Música no Claustro es un motor, que siga planteando nuevas reflexiones sociales y favoreciendo la creación artística. Sentir que la música es un elemento transformador y que desde el festival dejamos nuestro legado material e inmaterial a las próximas generaciones.

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